EDITORIAL

Es un noviembre difícil para el MPN

Sufre doble presión sectorial, sindicatos y empresas de la industria de hidrocarburos. Esperan definiciones en la gestión. Todo repercute en función de la interna del MPN.

Más allá de deseos, incluso más allá de planificaciones y estrategias seriamente meditadas, el gobierno de Omar Gutiérrez probablemente no pudo imaginar un presente tan exigente y demandante como el de este noviembre de 2017, en el que su gestión es observada y a la vez presionada tanto desde dentro de su propio partido, el MPN, como desde dos sectores generalmente amigos y que reclaman atención urgente: los sindicatos estatales, y la industria de los hidrocarburos.

Gutiérrez empezó el mes con la gira por los Estados Unidos, en la que le fue razonablemente bien, sin que esto signifique que se pueda tirar al techo la manteca del optimismo redundante. Ofreció los 52 bloques que tiene Gas y Petróleo de Neuquén, y pudo anunciar dos resultados concretos, que si bien estaban previstos, son importantes igualmente pues no es la sorpresa lo que convence en el desarrollo serio de la economía, sino todo lo contrario. El acuerdo con Pampa Energía y de nuevo con la empresa de Marcelo Mindlin y la todopoderosa Exxon, suma millones de dólares en inversión, aporta mayor horizonte de reservas y de explotación concreta para Vaca Muerta, y le da al Tesoro nacional un alivio en dólares contantes y sonantes que permitirán cerrar el año con mayor holgura.

Pero noviembre exige. El sindicato ATE está empeñado en sacar adelante el convenio colectivo de trabajo para los hospitales del sistema de salud pública. Hace una década, lo intentó y no lo consiguió después de un exasperante conflicto que puso al sistema al borde del colapso. En su lugar, se inventó una ley a la medida de la coyuntura, que sirvió para zafar pero no para corregir los temas de fondo. Se supone que Gutiérrez no quiere repetir la historia, quiere algo más duradero y sólido. La ansiedad gremial corre por el peligroso borde de un abismo, que es el del gasto público. Neuquén no puede aumentar el gasto. Sería demasiado peligroso. Pero tampoco puede negarse a lo que el sindicato demanda. Intentará ir por el medio de la cornisa, tratando de no mirar a los costados. Parche sobre parche, el sistema se descalabra, y los hospitales crujen. La solución ¿vendrá con la política? En eso, en definitiva, se confía. Y por eso, el tema repercute, como otros, en la interna del MPN.

Noviembre exige también desde la industria petrolera. Las dudas volvieron a amontonarse sobre las certezas, después que el gobierno de Mauricio Macri tomara la decisión de cortar cualquier subsidio extra a la actual producción, y dejar el precio "de oro”, el de 7,50 dólares el millón de BTU, solo para la producción "nueva”. ¿Qué vamos a hacer con lo que está produciendo? ¿Cómo vamos a sostener con precios menos competitivos? Se preguntan en las empresas de la cuenca. Al gobernador neuquino se lo mira desde una óptica interesada políticamente en la interna del MPN. Porque lo ven un tanto timorato para salir a defender el mejor precio, y vuelven las dudas que hubo cuando se osciló entre la vacilación y la lenta prudencia para resolver conflictos provocados desde la Federación Mapuche, que costaron varios millones de dólares, atrasaron el desarrollo de yacimientos, y desvanecieron la confianza que tanto había costado imponer para el proyecto Vaca Muerta.

El ejecutivo de una petrolera lo definió así: "Gutiérrez tiene que definir si corta o no el cordón umbilical que lo une a (Jorge) Sapag. Y lo tiene que hacer ahora, sino quiere que se lo coman crudo”.

En este mundo de presiones crecientes, se verán las uñas del guitarrero. Porque no solo se enfrenta el mandatario a estas cuestiones "exteriores” y lógicas en función de su responsabilidad como mandatario, sino que también tiene la responsabilidad, compartida, por supuesto, de encarrilar el mundo interno del MPN. Un mundo en agitación permanente, que aceleró su movilidad propia después del resultado del 22 de octubre.

Lo primero que se verá como una señal será la definición del nuevo gabinete. Se verá hasta dónde innovará, si mucho o poco. Por lo pronto, ya es una definición importante elegir al sucesor de Alejandro Nicola en el ministerio de Energía. Una cartera de relación íntima con el gobernador en persona. Desde la industria intentan adivinar, tiran nombres, especulan, y esperan una señal. La señal vendrá con el elegido. ¿Será un hombre estrictamente de Gutiérrez, o alguien intermedio entre el gobernador y el ex Sapag? ¿Será alguien vinculado a la industria, con conocimiento, o solo un político más, alguien que se limitará a ejercer el cargo con tutoría de otros?

En la industria hablan bien del presidente de GyP, Alberto Saggese. Hablan también de José Brillo. Y de Norberto Bruno, el actual ministro de Economía. Hay otros nombres, in pectore, que no se pronuncian todavía en público. Será, pase lo que pase, la primera definición y es en estos días que se está cocinando en su propio hervor el momento de anunciarlo.

La política en estos tiempos se ha tornado exigente. En la rara alquimia de prisiones y amenazas de "cuento todo”, parece iniciarse una etapa de mayor sinceridad en el uso y manejo de los dineros públicos. A eso, los argentinos gustamos denominarlo "ajuste”, y empezamos a lanzar consignas apocalípticas de resistencias impostadas, que generalmente se reducen a postear barbaridades en Facebook.

En Neuquén, más que la corrupción, pesa el sobregasto. Si cae la producción gasífera, por la osada jugada liberal de Juan José Aranguren de cortar con subsidios y confiar en el mercado, probablemente la política lo vea como un fracaso, aunque tal vez no lo sea. Si se resiente el ingreso de dinero al Estado, posiblemente no haya más tolerancia sectorial. Neuquén juega con ese fuego todo el tiempo, y cada tanto algún gobernador se chamusca la cola, sin que la cosa haya llegado, hasta ahora, a mayores.

Rubén Boggi

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