EDITORIAL

Urge apagar el fuego de la UOCRA y mapuches

La salida política demora y las empresas pierden tiempo y dinero. La negociación juega con el drama del desempleo. Reunión importante, el martes.

Antes de las primarias de agosto, debería resolverse el conflicto petrolero, centrado ahora en el gremio de la construcción, la UOCRA. Hay apuro en el gobierno nacional, y también preocupación porque Neuquén es una usina de conflictos permanentes, provocados por el petróleo. Es una especie de movimiento perpetuo, que incluye conflictos cuando el petróleo se cae, y conflictos cuando se levanta, complicando cualquier escenario, desde el más pesimista al más optimista.

La ansiedad por resolver el galimatías del gremio, nace de la convicción de que es provocado por razones políticas; pero también tiene en cuenta la noción de que así no se podrá seguir en Argentina, negociando puestos de trabajo al estilo mafia, asignando cupos según conveniencias del poder, estrictamente coyunturales.

En ese cuadro que combina apuro con pretensiones reformistas, el MPN no queda bien parado, y el gobierno de Mauricio Macri tampoco: los inversionistas, pintados durante décadas como los cucos por la izquierda, y los ángeles de la salvación por la derecha, pueden ser cualquiera de las dos cosas, pero no tontos, y se dan cuenta que en Argentina todos extorsionan, y la coima está a la vuelta de cada esquina. Les molesta, más que nada, la dilación. Tal vez coimas le pidan en todos lados. En Argentina, se pelean por ver quién pide más y más rápido, y eso produce tardanzas y pérdidas, más onerosas que la plata que se reparte entre políticos y sindicalistas.

El MPN, en estos días, ha tratado de explicarle al gobierno de Macri que hay un entongue entre el candidato a diputado del Frente Neuquino, Ramón Rioseco, con uno de los sectores de la UOCRA, en este caso, el que lidera "Rancho de paja” Godoy. Dicen que ese acuerdo jamás confesado, incluye el envío de medio millar de desocupados del conurbano bonaerense, al corazón de Vaca Muerta, y específicamente, a trabajar en el desarrollo que anunció Techint a través de Tecpetrol.

Según ese enfoque, la conjura motivó el enojo directo de Paolo Rocca, el mandamás de la poderosa multinacional nacida en Argentina. El empresario es uno de los más influyentes, y ciertamente, tiene llegada directa con el Presidente.

Como es difícil saber qué es de verdad lo que pasa, para describir el cuadro hay que tener en cuenta que para resolver el problema hay que conciliar entre Godoy y Juan Carlos Levi, y eso es en lo que se pretenderá avanzar el martes, cuando se haga un encuentro, promocionado para dar soluciones, al menos parciales, al asunto que traba el desarrollo de la inversión de Tecpetrol.

Esto urge, porque el caso se ha transformado en una especie de bisagra, que puede abrir o cerrar la puerta para la continuidad necesaria en Vaca Muerta. Hay que tener en cuenta que las inversiones en Neuquén son necesarias como el agua para que crezcan las plantas; y este año, si bien ha sido mejor que el pasado, es inferior en montos concretos de inversión al 2015.

Junto con el caso de la UOCRA, se avanza en fijar un método político-legal que ponga límite definitivo a la actitud expansiva de las comunidades mapuches, alimentadas por la Confederación, órgano político y de negocios del sector que reivindica una etnia que supo, en el siglo 19, conquistar para sí la mayor parte del territorio patagónico.

El caso testigo en este tema puede ser el de la comunidad Campos Maripe, reconocida en la última gestión de gobierno de Jorge Sapag como tal. Con esa familia está hablando, especialmente designado, el ministro de Ciudanía, Gustavo Alcaraz. No es el funcionario que mejor conoce a los mapuches neuquinos, pero la lejanía fue premeditada, para conseguir abordar el tema desde otro enfoque. El gobierno neuquino ya decidió, aseguran, que no cederá una hectárea a los Campos Maripe, de las muchas que pretenden, porque está seguro que tiene todos los antecedentes y pruebas necesarios para negar tal propiedad, justificada por la Confederación en la calidad de "ancestral” del territorio.

Es un punto clave para las empresas, y particularmente para YPF, que ha visto, en los últimos 20 años, florecer comunidades a medida que avanzaban los pozos en los campos fiscales de la cuenca neuquina. Ser superficiario, a través de la calidad de dueño o tenedor precario de la tierra, es un buen negocio, en territorios que, sin agua, no sirven prácticamente para nada más que para dejar pasear la mirada por la vastedad de la meseta patagónica.

En este contexto, con la campaña para las PASO a punto de comenzar oficialmente, es a todas luces evidente que el enfoque sobre Vaca Muerta será uno de los ejes del debate político, y que habrá tantas miradas diferenciadas sobre el asunto como candidatos se presenten. De todas las posiciones, tres al menos habrá que tener en cuenta en la superficie más evidente de la confrontación política, y el germen que supone hacia el 2019: la del MPN, la de Cambiemos, y la del Frente Neuquino.

Justamente, las tres posiciones que están lidiando ahora mismo, al calor de los conflictos con epicentro en Añelo.

 

Rubén Boggi
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