EDITORIAL

El MPN, los demás, y una historia de imposibilidades

Las grandes obras suman años sin concretarse. Un siglo, medio siglo, la imposibilidad es abrumadora. Lo que se habla en la campaña. ¿Llegó la hora de dejar atrás las frustraciones?

Entre la frustración y la esperanza, está la política. El pueblo habla poco. Ya se cansó hasta de participar en las redes sociales, ganadas por la desmesura en contra o a favor de los militantes cibernéticos pagos. Es más barato hacer campaña en Internet, aunque nadie sabe todavía si más efectivo. Mientras, la frustración toca su música en grandes obras que no terminan de cuajar, como Chihuido, como el Trasandino. Obras destinadas a cambiar de verdad la vida de la gente neuquina. ¿Será por eso que se hace tan difícil conseguir hacerlas?

Desde los oficialismos, se siguen alentando estas utopías de cemento, metales, progreso. Desde la oposición, se descalifican: "hablan siempre de lo mismo”. La mega obra pública es alentada desde quienes están lejos del poder como un imposible, apta solo para corruptos. Parte de la sociedad cree eso, está convencida. No le faltan ejemplos de corrupción. Sin embargo, esas obras, se sabe de verdad, son necesarias.

Y son muy necesarias. El trasandino sería la herramienta más eficaz para el tránsito de cargas entre el Atlántico y el Pacífico. Con Vaca Muerta en creciente producción, y la conexión que se está preparando hacer entre el ramal Roca y Añelo –desde Contralmirante Cordero- aumenta la posibilidad para llevar vías hasta la frontera con Chile, y acordar con el gobierno trasandino que haga lo mismo del otro lado. Desde este lado, son 80 kilómetros de vía. Desde Las Lajas, hasta donde llegó el empuje del entonces gobernador Jorge Sobisch. El MPN estuvo muy a favor del Trasandino. Después, en la ordalía kirchnerista, desestimó ese proyecto en pos de otras urgencias presuntas. Ahora, vuelve a impulsarlo, en sintonía con la gestión de Mauricio Macri. Cien años tiene el proyecto del Trasandino. Un siglo. Y todavía está lejos.

¿Cómo puede ser algo necesario durante un siglo, y a la vez, inexistente?

Algo similar pasa con Chihuido. El proyecto fue estampado en planos de Agua y Energía entre 1965 y 1967. Es necesario, se dijo entonces, para contener una crecida máxima probable en el río Neuquén. Pasaron los años. El MPN lo impulsó en la década del ’90, al calor de la pueblada de Cutral Co y Plaza Huincul, como una posibilidad concreta de regar desde el oeste hacia el centro y transformar el desierto en vergel. Después cambió al considerarlo oneroso y mientras se sacaba tanto gas barato de Loma de La Lata que hablar de hidroelectricidad se tornó un adefesio para la conveniencia de turno. Después volvió a impulsarlo. Néstor Kirchner compró la idea y la asoció inmediatamente con dos represas en Santa Cruz. Un joven llamado Amado Boudou, que estaba en ANSES, le dijo a Elías Alberto Sapag que se podía financiar la obra con esa plata. El proyecto seguía y se enriquecía la idea, pero la plata no aparecía. El último envión kirchnerista lo puso al alcance de un financiamiento ruso. Llegó Macri y eso se cayó. Aparecieron los chinos como posibilidad, que no prospera. Hay una propuesta, ahora, alemana, con algunos capitales españoles. Hacen falta más de 2,5 mil millones de dólares.

En el gobierno de Omar Gutiérrez saben que la Siemens está interesada, pero también que no hay seguridades para conseguir el financiamiento completo que se requiere. Las empresas quieren hacer negocio, y si eso incluye el financiamiento, son capaces de conseguirlo. Pero ¿está la Argentina en situación de garantizar continuidad en este tipo de apuestas, a mediano plazo, que requieren entre 5 y 10 años de inversión para empezar recién después a recuperar lo invertido, y más tarde, a tener una rentabilidad sobre lo hecho?

Ahí aparecen los fantasmas recientes: la expropiación de YPF (hubo que pagarle a Repsol, después). La expropiación de Aerolíneas Argentinas (hay que pagarle a Marsans, 320 millones de dólares más intereses, según el CIADI) son algunos de esos alborotadores de la confianza. Está el caso de los chinos de Sinopec, también: inversiones paralizadas en el petróleo de Santa Cruz, después que su CEO quedara preso de un piquete en el galpón de un yacimiento. La Argentina no derrama confianza, todo lo contrario. Y Neuquén está en Argentina.

Pero, sin embargo, Chihuido es necesario. En 2006 el agua del río Neuquén estuvo a 20 centímetros de provocar un desastre ambiental del que todavía no hubiéramos podido recuperarnos. Después, vinieron años de sequía. Ahora, está nevando fuerte otra vez, y es posible que el río vuelva a adueñarse de su leyenda indómita. Pero la represa que lo puede contener y regular no está hecha. Medio siglo después de haber sido planificada.

¿Cómo puede ser algo necesario durante medio siglo, y la vez, ser inexistente?

Volvamos al presente. En la actual campaña electoral se debaten otros temas, igualmente crónicos. Por ejemplo, la reforma laboral. Otro ejemplo argentino: Alfonsín la quiso hacer en 1985, con la ley Mucci, y fracasó. El Senado frenó esa ley con el argumento de que perjudicaba a los trabajadores con una flexibilización laboral casi satánica. El voto que decidió todo fue el de Elías Sapag. El MPN, en ese momento, tenía una cara amable hacia Alfonsín (Felipe Sapag) y otra adusta (su hermano, Elías) más sonriente hacia el peronismo, más doctrinaria. La reforma laboral en su versión 2017, 32 años después, es respaldada por el MPN, y por Cambiemos, y también por la UCR. Está en contra el kirchnerismo, la izquierda, y otros, como es el caso, en Neuquén, del Frente Neuquino que integran Ramón Rioseco y Mariano Mansilla.

Modernizar las leyes laborales, hacerlas coherentes con el tiempo que vivimos, parece necesario, más allá de los detalles específicos de cómo se haga esa reforma.

¿Cómo puede ser algo necesario durante 32 años, y a la vez, ser inexistente?

La política, se afirma, es una herramienta para transformar la realidad, hacerla mejor para el ser humano. Sin embargo, esta afirmación es relativa. Es tan virtual como la actual campaña: aforismos que se escriben en Facebook.

Tal vez sea hora de concretar tanta inexistencia.

Rubén Boggi

Comentarios