EDITORIAL

MPN y Cambiemos, un juego de espejos

La autocrítica después de las PASO. Estrategias, confianza, y esfuerzos para hacer notar la gestión de gobierno. El camino hacia octubre y las elecciones municipales.

Hay una certeza después del resultado de la encuesta llamada PASO, ese gasto innecesario: en Neuquén, dos de los competidores principales, el MPN y Cambiemos, se afirmarán mucho en la gestión de gobierno. Es la virtud y a la vez el problema en los oficialismos. Si se tiene para mostrar, para exhibir, se transforma en una ventaja que los opositores sin gobierno no poseen; si se falla, si hay carencia o mala gestión, se padece una condena que los demás, lejos del gobierno, no sufren: aprovechan.

Las PASO, se sabe esto confirmado por el escrutinio ya definitivo en el caso neuquino, dieron ganador como agrupación política a Cambiemos, y como candidata más votada, a Chani Sapag. La diferencia es poca en los dos casos. No solo eso: tampoco hay mucha diferencia con el tercero, Unidad Ciudadana; ni con el cuarto, Frente Neuquino. El escenario es de mucha paridad repartida en ese cuarteto. Pero el 22 de octubre trae también las municipales capitalinas. Y eso condiciona, determina, y ofrece un escenario específico, no menos importante, sino tal vez más. El cálculo especulativo que se hace es, simple y contundente, este: quien gane en la capital, podrá aspirar con certidumbre a la cucarda máxima, el gobierno de la provincia que se pondrá en juego en 2019.

Por eso la obsesión en la gestión. Es el factor que puede inclinar el voto mayoritario. Y es un factor que no solo no se improvisa, sino que tampoco puede apurarse en dos meses vertiginosos. Por ende, la suerte está echada, y, a priori, lo muestra a Cambiemos tan o más activo que el MPN, si de obra pública se trata. Ambos, alimentados por la Rosada con el timón de Mauricio Macri.

Omar Gutiérrez durante el fin de semana permanecía en la residencia El Mesidor, en Villa la Angostura, a menos de tres kilómetros del complejo Cumelén, en donde se alojaba la familia Macri, con visitas asiduas de María Eugenia Vidal, la gobernadora de Buenos Aires. La cercanía no es solo geográfica. El gobernador neuquino, en perfecta sintonía (aunque siempre fecunden rumores acerca de desacuerdos y eventuales enojos) con el ala más "peronista” de su partido, que incluye a la candidata al Congreso, se siente también perfectamente cómodo en el diálogo con el ingeniero Presidente y sus principales ministros. Desde Nación lo miran con el respeto inigualable que otorga ser dueño del sillón asentado sobre Vaca Muerta.

El hombre que maneja el grupo empresarial más poderoso de Argentina, Techint, que a través de Tecpetrol está invirtiendo 2.500 millones de dólares en yacimientos de esta gran formación geológica, estuvo el jueves con Gutiérrez, y este no es un dato menor, habida cuenta que Paolo Rocca no visita asiduamente a gobernadores. No sólo anticipó que pretende aumentar gradualmente la producción de hidrocarburos para llegar al final de 2018 a los 10 millones de metros cúbicos por día, sino que consideró que "la transformación que puede dar este proyecto para la provincia es fenomenal”.

Que lo diga Rocca, no es lo mismo que lo diga Gutiérrez, o Macri, o Aranguren. El empresario está apostando 2.500 millones de dólares de su bolsillo, por así decirlo. Está en riesgo, y evidentemente, es un riesgo fuertemente controlado por las predicciones científicas. El panorama de Vaca Muerta es cada vez más presente y menos futuro. Esta carta tiene el MPN como un logro no menor, y es tan poderosa ya por los hechos, que no habrá jugadores en el campo político que lo discutan, no al menos como sí lo hicieron en 2015, cuando el propio Horacio Quiroga se permitía decir todavía que Vaca Muerta estaba más muerta que nunca. Esto no se repetirá. Nadie lo dirá, mucho menos Quiroga, que ha pasado a ser (como quería, y consiguió) el funcionario de Cambiemos más respetado por el macrismo nacional, e incluso nominado como ejemplo de gobierno por su gestión en la ciudad.

En el duelo de ingenieros que van por la elección municipal capitalina –Alejandro Nicola por el MPN y Guillermo Monzani por Cambiemos- jugará, pues, la gestión de los gobiernos que ambos integran. No es casual la coincidencia de roles, la profesión, el perfil, de estos candidatos. El MPN y Quiroga practican desde hace muchos años un juego de espejos. Cada uno copia de la imagen del otro lo mejor y trata de eludir lo peor. Así, cada quien ve la imagen distorsionada de sí mismo en el otro. Quiroga se mira en el MPN y ve austeridad en su propia gestión; Gutiérrez se mira en Cambiemos y ve mayor sensibilidad social en la propia. En realidad son distorsiones de una práctica política muy parecida, que por eso se enfrenta en el ring electoral desde una perspectiva de igualdad de oportunidades.

El MPN ya evaluó las razones del por qué quedó segundo como partido en la gran encuesta. La autocrítica se hizo rápido, tal vez porque no era tan difícil hacerla. En principio, se exageró la condena para funcionarios políticos, incluso de primer nivel, que viven del Estado generoso y ni siquiera se molestaron en ir a votar el domingo pasado. Se habla de un grupo de 120, que pasaron automáticamente a una lista negra para los próximos dos años. Pero no se sabe si esto es así exactamente, o solo es uno más de los mensajes que se arrojan al hervidero permanente que es el MPN.

También se habla, con absoluta certeza, de que en el distrito capital, donde el MPN perdió por goleada frente a Cambiemos, se recuperarán no menos de 15 mil votos que se jugaron a favor de otros candidatos en el ánimo de herir al propio Cambiemos (vía voto a Vidal) y a Ramón Rioseco (vía voto a Darío Martínez). Esto también es incomprobable, salvo para las computadoras emepenistas, y desde el periodismo no se puede hacer más que reproducir versiones haciendo la salvedad que tienen importancia por lo que sugieren, más que por lo que efectivamente determinarán para el próximo 22 de octubre.

Se dice, también, que Cambiemos está envalentonado, y que será imparable. Que si había perdido algo de mística, la recuperó. Y que está dispuesto a ganar en capital la mayoría en el Deliberante, algo que hasta ahora nunca pudo conseguir. Pero esto tampoco sobresale de las cosas que se dicen solo por intención de jugar en campaña.

Lo objetivo, que es difícil ejercer, es muy posiblemente seguir hablando de un escenario repartido entre varios, y que se podrán obtener porcentajes de mayorías y minorías no demasiado alejados entre sí. Por ahora, es lo que se ve y lo que se mide. Y como la futurología queda para lecturas de cartas y otros artilugios poco creíbles, lo mejor será seguir atentamente cada gestión, cada acción política, para acercarse a octubre con una mirada más certera.

Rubén Boggi

 

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