EDITORIAL

Algunos detalles del MPN con olla destapada

Las versiones del hervidero que es el MPN. Los ministros renunciantes. La obsesión del 2019.

El MPN juega sus fichas entre la simpatía y la acritud. El desafío es el de siempre: gobernar y al mismo tiempo, hacer lo necesario para ganar la próxima elección. Hay que hablar del MPN, porque en realidad la política neuquina orbita a su alrededor. El MPN es el sol del sistema planetario local. Hasta ahora, quienes más se acercaron, más se quemaron. Y está por verse qué pasará cuando se apague. ¿Surgirá otra estrella, o se morirá el sistema, para ser reemplazado por otro?

Como la cantidad de votos que recibe el MPN es cada vez menor, ya que en el escenario se reparten sufragios entre tres o cuatro fuerzas, el partido del gobierno es un hervidero permanente, y cada dos años, la tapa de la cacerola se salta. En el interior se observan miserias varias, intentonas fallidas, ambiciones todavía crudas, y algún que otro elemento ya pasado que le presta mal olor al resto.

En estos días, la tapa se levantó por imperio de la presión del último resultado, el de las PASO. Llovieron versiones. Cuando hablamos de versiones, hablamos de frases textuales, conceptos certeros, que se le tiran al periodismo con intenciones diversas, jamás ingenuas.

Se dice, por ejemplo, que entre Omar Gutiérrez y Rolando Figueroa hay cada vez más distancia. Se dice que Jorge Sapag no tiene buena relación con uno ni con otro. Se sugiere que el panorama es desolador en ese sentido: los tres peleados, como un triángulo que tiembla, en el que cada quien es un ángulo indeciso.

Al mismo tiempo que se dice esto, hay hechos. El más reciente, un encuentro político-electoral de campaña que se hizo en el salón del EPAS, allí cerquita del río Limay. Hubo análisis, evaluaciones, fuertes arengas, profesiones de fe en un eventual triunfo en octubre. Allí, el triángulo volvió a mostrarse unido. Estuvo Omar Gutiérrez, estuvo Jorge Sapag, estuvo Rolando Figueroa. Ni una señal de la sugerida acritud. Al contrario: simpatía y convicción en sumar votos, ya sea con articulaciones científico-aritméticas, ya sea con mayor pasión y empeño, más militancia, más cara a cara.

Pero los mismos que asisten a esos encuentros, ni bien transponen la puerta, vuelven a la conspiración constante. "Rolando hace la suya, y Omar juega ya por la reelección”, dicen. "Jorge está preocupado”, dicen. "Hay tres ministros que renunciaron y a los que Omar no les aceptó la renuncia”, dicen.

Los tres ministros de las versiones son el de Salud, Ricardo Corradi Diez, el de Producción y Turismo, José Brillo, y la de Educación, Cristina Storioni. Sin embargo, la historia reconoce otras versiones, que aseguran que hasta diciembre no pasará nada, y que lo único seguro es que dejará el Gabinete el ministro de Energía, Alejandro Nicola, quien lo deberá hacer sí o sí por ser candidato a concejal capitalino. De esa cartera se haría cargo José Brillo, quien por ende no dejaría sus responsabilidades, sino que, por el contrario acrecentaría su importancia en el equipo de Gutiérrez.

En este contexto, se dice también que aquel presunto plan del que siempre se habló sin oficializarlo, que indicaba un esbozo estratégico ubicando la posibilidad de un retorno como candidato a la gobernación en 2019 de Jorge Sapag, con Omar Gutiérrez como candidato a intendente capitalino, habría saltado por el aire junto con la tapa de la olla.

"Omar no quiere ahora ir por la intendencia. Piensa que la gestión va bien, que irá mejor, y que por ende, el único camino posible es la reelección”, se dice. También hay quienes afirman que Jorge Sapag nunca pensó en volver a esa difícil y extenuante tarea de conducir el Ejecutivo de cuerpo presente. Ahora, menos que antes. Y entonces todos miran a Rolando: ¿qué hará Figueroa? De allí nace otra versión montada sobre la versión anterior, que indica –sin corroboración posible por ahora- que el actual presidente de la Legislatura desliza que no aceptaría repetir la fórmula en el 2019.

Todo esto, a olla destapada, no es garantía de verdad. En la política, y sobre todo en la política de ese sol que es el MPN, los hechos suelen ser solo palabras, y las palabras, a veces se solidifican y se convierten en base sólida de los hechos. El tema es que es difícil saber cuándo las palabras son cemento, hormigón armado, y cuándo sólo finas hojas secas, de esas que se vuelan con la primera brisa del amanecer temprano.

Rubén Boggi

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