OPINIÓN

No creo que encuentren a Santiago en medio de la violencia

Entiendo que está mal que no sepamos dónde está Santiago Maldonado. Que nadie nos explique qué sucedió con él. Entiendo que después de todo lo que hemos sufrido alguna vez, esto no puede ser real. Sin embargo, también entiendo que no podemos especular ni adjudicar falsas responsabilidades. Entiendo cómo el nombre de una persona se utiliza con otros fines (políticos, por ejemplo).

Santiago Maldonado no es la única persona que falta… Hay muchos nombres en la lista. Y, disculpen, pero llama mi atención cómo este caso, en particular, hace estallar a más de uno. Lo que además imagino, es que muchos no entenderán que bajo ningún punto de vista estoy diciendo que esto está bien. Está claro que no.

Sé que el pueblo argentino siente bronca, impotencia y tristeza, por saber que alguien desapareció de un segundo a otro, y que no podemos hacer más que exigir una respuesta. De todas formas, me tomo el atrevimiento de asegurar que muchas personas de las que participaron en la última marcha, se aprovechan de la situación. Descuiden, ya me preparé para recibir inquietantes mensajes de gente que no quiere entender una sola cosa: La violencia no va a solucionar nada, nunca. Si algunos sostienen que bajo la fuerza se lo llevaron, ¿qué les hace pensar que en medio de disturbios aparecerá? Hay otras formas de plasmar opinión, de exigir, de manifestar.

Observé en varias de las imágenes de la marcha de este viernes, en Neuquén, a un grupo de jóvenes de no más de 20 años, con la cara tapada, pintando paredes de comercios (que debieron cerrar sus puertas) y rompiendo lo que había en las calles de la ciudad. Me pregunto una vez más: ¿La respuesta está en quienes sufren las consecuencias de la violencia innecesaria?

Me llegó una consulta: "¿Te molesta más eso, o que Santiago no esté?" Déjenme decirles que me molestan las dos cosas, que ninguna de ellas está bien. Yo, también quiero saber dónde está… Pero no quisiera seguir viendo que niños menores de 3 años participan de manifestaciones sin realmente comprender el fin de las mismas, en medio de incidentes. No quisiera seguir leyendo estados en Facebook, que no sirven de nada. No quisiera tener que lidiar no solo con la desaparición de Santiago Maldonado, sino también con inadaptados sociales, oportunistas gremiales y políticos, y comerciantes que no entienden qué culpa tienen. 

 

Sofía Seirgalea

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