Periodismo siglo XXI

Los algoritmos recuperan el pasado sexista de los medios

Hay una tremenda incongruencia entre la declamación igualitaria y la práctica de vender con el sexo.
lunes, 21 de octubre de 2019 · 12:00:00 a.m.

Los algoritmos que, en alguna medida, gobiernan las publicaciones de los medios apuntadas a pescar incautos en las redes sociales, están abiertamente en contra de las políticas igualitarias de género: allí donde lo políticamente correcto es no cosificar a las mujeres (ni a ninguna persona) como meros objetos del deseo, la mecánica robótica –en alianza con la miseria humana- hace todo lo contrario, y propicia con premios de cantidad de lecturas todas las notas que se focalizan en porciones de cuerpo femenino que “encienden”, o “calientan” o “derriten”, según la jerga utilizada.

Es un método aprobado por los dueños del poder mediático, en esta todavía incierta fase de transición entre un modelo de negocios periodísticos agotado, y otro que aparece, en ciernes, todavía no muy definido. La noticia es, sobre todo, entretenimiento; por ende, hay que acudir al sexo, entre otras cuestiones ancestrales que mueven las emociones del pueblo consumidor. En algunos diarios, se lo ha llamado el “síndrome Sol Pérez”, en alusión al personaje mediático que se ha construido alrededor de un tafanario de buena pinta. Un poco de política, un poco de policiales, un poco de notas generales, y una buena dosis del “síndrome Sol Pérez”: es decir, pedazos de cuerpo con nombre y apellido, con poca ropa, mucho bronceado, y un ambiente apropiado, que puede ser la bañera, o la playa, o algún escenario propicio para el “nude” en cuestión.

Si se hace el ejercicio, se verá que nunca falta este apartado, en las publicaciones de medios que impulsan las redes sociales. Así, se consiguen “cliks” y se levanta la estadística, que sirve después para justificar publicidades contratadas o influencias ante el poder político de turno. Todo esto se hace, en la mayoría de los medios, con una alta dosis de cinismo, que se ampara en la presunta objetividad de los algoritmos. En concreto, el tribunal de ética sucumbe ante la fuerza de la inteligencia artificial. Se subordina y a la vez se justifica. “La culpa –se dice- no es nuestra, sino de los algoritmos”.

Es tan obvio, grotesco y primitivo el concepto, que dudosamente llegue muy lejos, si es que la humanidad se mantiene en evolución y no retrocede. Se supone que la inteligencia (la real, no la impostada) ganará la batalla, que el negocio se volverá más humano y menos insustancial, y que las noticias volverán a ser valoradas por lo que son y no por lo que se le ponga al lado de adorno. Aunque, también, puede pasar lo contrario, y el “síndrome Sol Pérez” le puede ganar la batalla al premio Pulitzer. En ese futuro probable, el premio que recibirían los periodistas podría ser muy bien una estatuilla de culo prominente.

Mientras tanto, se podría ir tomando nota de la incongruencia de que haya medios que exaltan cómo se derrite la audiencia ante el desnudo de una señorita, al tiempo que se proclaman progresistas y en sintonía con las políticas igualitarias y contra la discriminación de género.

 

 


Cargar mas noticias