EDITORIAL

Lo que viene después del triunfo de Cambiemos

Extrapolar hacia el 2019 es una posibilidad, pero no literal ni mecánica. La ansiedad por construir futuro. La debacle del MPN y una eventual reasignación de prioridades.

¿Qué viene después del resonante triunfo de Cambiemos? Quién más, quién menos, considera que es la hora de aventurar hipótesis, de arriesgar pronósticos, porque, en Argentina, nos interesa siempre hablar de lo que vendrá, a veces mucho más que de lo que está en el presente, en este momento que nos toca vivir, el único del que podemos dar plena constancia. En Neuquén, apenas conocidos y constatados los resultados (que no difirieron respecto de lo que se había anticipado) no hubo sorpresas, sino ansiedad. Porque todos quisieran saber lo que vendrá. Este presente, que mezcla alegrías y desazones, ya casi no importa.

Hay que decir que lo de Cambiemos en Neuquén es importante, y será importante en la proyección al 2019. No trasladado de manera literal o mecánica, pues el escenario será distinto y las motivaciones también; pero sí extrapolado en función de lo que se ha construido, porque esa construcción no es de aparato político, de cantidad de afiliaciones, sino que es algo que se ha construido en la sociedad, en ese continente extrapartidario, que evidentemente ha comenzado a concretar lo que tantas veces se ha imaginado, es decir, simple, directo, y sin retórica vana: la exploración de otras vías políticas, que tiendan a romper un estatus quo de apariencia inmóvil.

Hay que tener en cuenta esto: ganó las elecciones un candidato, David Schlereth, que hace dos años era desconocido en el territorio provincial. Ganó un hombre del que nadie sabía escribir correctamente su apellido, con un partido que hace dos años prácticamente no existía en el distrito. ¿Por qué ocurrió esto? Es demasiado evidente que no hay una razón estrictamente distrital, sino que es una consecuencia del fenómeno político general del país, que supo ser traducido por los referentes locales, que jugaron bien las cartas entre la hegemonía nacional que se iba (el kirchnerismo) y la hegemonía provincial que permanece (el MPN).

El triunfo igualmente sólido y determinante de Cambiemos en el distrito capital, tanto en las nacionales como en las municipales, tiene mayor asidero en la construcción que gira alrededor del municipio capitalino y del intendente Horacio Quiroga. El jefe comunal acertó al hacer coincidir los comicios, y acertó en la elección del hombre que lideró la lista de concejales, Guillermo Monzani. Así, pudo ganar por primera vez desde 1999 elecciones de medio término, que siempre había ganado el MPN; y por primera vez también, tendrá un Deliberante más propicio a partir de diciembre. Un Deliberante que no permitirá (como ahora sí lo hace) que un veto del Intendente a una ordenanza quede anulado por la ratificación de la norma. Es decir: Quiroga ganará en gobernabilidad, y podrá ejecutar más fácilmente su estilo. Al mismo tiempo, es obvio, tendrá una mayor maniobrabilidad para dictaminar por dónde pasará, y con quienes, la construcción para el 2019.

¿Y qué hará el MPN? En principio, es razonable descartar cualquier tipo de apocalipsis. Es muy posible que se haga lo necesario para proteger al gobierno de cualquier inestabilidad partidaria. Es posible que el gobierno de Omar Gutiérrez redoble su concentración en la gestión, y que advierta al partido que él mismo preside, que el único camino para seguir conduciendo la provincia es hacer un buen gobierno. Es posible que incluso se diga (públicamente o no) que ese camino pasa no solo por ahí, sino por hacer un gobierno mejor que los anteriores gobiernos. ¿En dos años? No. ¿En dos más cuatro? Es posible que se plantee esto. Con razones y argumentos muy válidos, tanto como los tendrán quienes saldrán a discutir en función de los mismos resultados. Que servirán para ser vistos como el vaso medio lleno (mejor elección que en 2015, más ciudades donde pudo ganar) o como el vaso medio vacío (desempeño pobre en la capital neuquina, y en el departamento Confluencia en general, con apenas 17 por ciento de los votos).

La crítica y la autocrítica inexorablemente pasarán por el partido provincial. El punto más serio, tal vez, será el que plantea cierto olvido a algunas bases doctrinarias, producto de la malformación aprendida en el ejercicio de tantos años en el poder. Confluencia, con 17 por ciento de los votos, es también el ámbito en donde la pobreza alcanza el 27 por ciento de la población. De ese 27 por ciento, no hay siquiera una décima que pertenezca al Estado. Es una población absolutamente civil. No hay allí discusión por la Caja de Jubilaciones, ni por los servicios del ISSN, ni por los incrementos salariales ajustables cada tres meses según el índice de la inflación.

Más allá de estas realidades sociales a veces soslayadas, casi siempre escondidas, casi nunca presentes de verdad en las prioridades, queda plantada una certeza: el gobierno del MPN necesita a Macri por Vaca Muerta, y Macri necesita a Neuquén por la misma causa. En este contexto, es posible que el triunfo de Macri a nivel nacional sea un factor que en lo inmediato favorezca al MPN, o por lo menos, a su gobierno, ya que será una señal por concreta al mundo de los inversores, una señal que se estaba esperando.

No implica que haya una lluvia torrencial de inversiones. Pero aunque sea una llovizna leve, implicará una gran mejora para el país y para la provincia, teniendo en cuenta la superlativa importancia de los yacimientos neuquinos.

Por eso, el escenario que se abre tiene una primera meta, y esa meta será saber quién gobernará Vaca Muerta a partir de 2019.

Rubén Boggi

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