EDITORIAL NEUQUINA

El falso dilema del "retorno" al MPN

Los portavoces de las dificultades y el verdadero interés en una campaña que intenta apresurar el próximo año electoral.
sábado, 25 de mayo de 2024 · 12:09

En estos días de habitual crisis en Argentina, en Neuquén proliferan declaraciones e insinuaciones diversas acerca del MPN, su rol, su relación con el actual gobierno de Rolando Figueroa, y con Figueroa en singular. Es una casi discreta -hay problemas de verdad en la aciaga realidad- campaña, que evidentemente busca reposicionar, no al partido, sino a algunos dirigentes que tienen miedo de perder un poder que acostumbraron a tener y que ahora no tienen.

El apellido Gutiérrez ha resonado nuevamente en ese contexto, pues hay un integrante de la familia, Gerardo, que es diputado provincial. El legislador se ha explayado acerca de la "inconveniencia" de presuntamente acotar al MPN a un rol de colectora de otra fuerza (el actual oficialismo). Sin pasar por el trance de asumir alguno de los tantos desaciertos de la gestión anterior, el diputado se ha limitado a afirmar que solo traslada inquietudes que le han hecho llegar afiliados al partido que todavía preside su hermano, el ex gobernador, ahora director por Neuquén en YPF.

Gutiérrez, el diputado, presume de no haber sido funcionario durante el gobierno de su hermano. La verdad histórica es que cumplió un activo rol de comisario político en la primera gestión -sin cargo en el organigrama- y que, después, pasó a revistar en las filas del gobierno municipal de Mariano Gaido. Fue muy influyente en aquellas épocas, como evidente nexo de la familia gubernamental y el conjunto de intereses políticos con el que convivía. En Argentina siempre hay un componente familiar en el poder, una relación que se establece con una naturalidad sorprendente. Tiene que ver con la paranoia y su principal placebo, la confianza. Se ve esta característica incluso ahora, en el nivel nacional, en el dúo que gobierna al país, el presidente Javier, y la secretaria Karina.

Gutiérrez no es, seguramente, lo importante de la situación que asoma, sino solo la punta de una madeja integrada por -para usar un término de moda- la casta emepenista que peleó denodadamente para impedir el triunfo de Figueroa, fracasó en ese objetivo, y, desde abril del año pasado, busca cómo hacer para no ceder privilegios, relaciones, intereses, en fin, un conglomerado de cuestiones que son inherentes a un largo ejercicio del poder provincial.

El gobierno de Figueroa no ha iniciado ninguna cruzada contra estos intereses, pero sí ha evidenciado claramente que el timón cambió de manos, y que hay un nuevo capitán en la embarcación neuquina. Este capitán, avalado por los votos, maneja ese timón no para llevar la nave hacia una nueva tormenta, sino marcando un camino hacia zonas más tranquilas del océano provincial. Figueroa siempre ha dicho que tiene y tendrá una política de "brazos abiertos". Lo ha reiterado recientemente. Esto, evidentemente, no incluye la ingenuidad, sino, tal vez, todo lo contrario: una estrategia de captación amplia, que persigue el propósito de cimentar una base lo suficientemente grande como para dar seguridad al edificio que se pretende construir. Las llaves de ese edificio, lógicamente, estarán en manos del propio Figueroa y su equipo de construcción política, que está en el propio gobierno, pero también fuera de él.

Por lo tanto, el dilema actual no está, ni siquiera cerca, de ser un sí o un no al "retorno" de Figueroa al MPN. No pasa por allí lo esencial de la actual coyuntura, pues la política en Argentina ha recibido un histórico sacudón, tan fuerte, que ha estremecido a todo el territorio nacional; y, ese sacudón, no lo ha dado tal o cual personaje histriónico, sino una mayoría de la propia sociedad argentina, que no otorgará un carné sin vencimiento a nadie, que pretende, por el contrario, ser protagonista verdadero de los destinos de la Patria.

El sacudón, en Neuquén, también ha sido dado por la sociedad; y, el emergente positivo del sacudón, es el actual gobierno. Lleva cinco meses, y la ansiedad opositora corre riesgos de cometer un papelón, sino se modera. Ese posible papelón ya se percibe en los portavoces de las dificultades, que han olvidado rápidamente el propio rol en la generación de los actuales inconvenientes que enfrenta la gestión. 

Así, la política no es solo picardía, competencia, sino construcción paciente y logro de objetivos concretos. Pues, el destino inevitable, es mejorar o empeorar las condiciones de vida de la gente. De esa consecuencia no se escapa, ni es posible hacerse el distraído.

 

 

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