EDITORIAL NEUQUINA

Neuquén entre la civilización y la barbarie

Pasó la semana de la Ley Bases. Cómo actuó Neuquén, y qué puede esperarse de la segunda ola en la gestión neuquina.
sábado, 15 de junio de 2024 · 11:19

Hace 179 años, Domingo Faustino Sarmiento escribió el ensayo "Facundo o Civilización y Barbarie". Fue, en muchos sentidos, un catalizador permanente para la cambiante, y, a la vez, repetida realidad argentina. El peronismo izquierdista eligió esa obra como el manual de Satán en la tierra, y la condenó; el liberalismo, siempre incipiente y nunca concretado (tampoco ahora) no siempre la entendió como propicia a su cosmovisión. Quedó para el uso común esa dicotomía entre civilización (progreso, bienestar) y barbarie (ignorancia, atraso, violencia). Y aquí estamos, en 2024, en Neuquén, tierra promisoria, debatiéndonos, otra vez, entre la civilización y la barbarie.

Con la Ley Bases aprobada en general, el gobierno de Javier Milei tuvo su primer éxito institucional. Le costó mucho, le costó también a la sociedad, que volvió a padecer la violencia en las calles de Buenos Aires, esa violencia concreta y a la vez simbólica, porque se presenta como defensa de los justos ante el presunto avance de la opresión. El escenario, frente al Congreso, se montó meticulosamente, todo transcurrió como en el guion de una película de Scorsese, con imágenes épicas y más ruido que nueces. Neuquén se ubicó, institucionalmente, otra vez en el medio de la grieta, como un puente. El gobierno de Figueroa dio a entender claramente que no compartía muchos artículos de la norma, que trabajó para modificar, pero que a la vez sí compartía la necesidad y el derecho del gobierno nacional -de este o de cualquier otro-  a tener las herramientas que creía necesarias para gestionar.

Figueroa no pudo ni tal vez quiso asegurar el voto a favor en general de los tres senadores neuquinos. En realidad, dos de ellos, Oscar Parrilli y Silvia Sapag, no están alineados con él, sino, por el contrario, con la por ahora mínima oposición, sintetizada en el remanente kirchnerismo duro provincial. La otra banca, que sí votó a favor y lució un acuerdo con el gobernador, fue la de Lucila Crexell, quien fue la elegida para reflotar la historia de aquella Banelco oprobiosa, y blanco de ataques inauditos protagonizados precisamente, y centralmente, por el kirchnerismo que encarnan Parrilli y Sapag.

Dejando de lado cortésmente aquel refrán del muerto y el degollado y el susto pertinente, pues la historia no es piadosa con ningún político argentino, Figueroa, junto a Torres y Weretilneck en el frente patagónico gubernamental, atravesó la coyuntura con solvencia y haciendo gala de posición política propia, independiente. Enfatizó la "neuquinidad" y la puso al servicio de su propia construcción política, que no cesa. Su gobierno se prepara, ahora, y al calor de la nueva coyuntura que comienza, para poner en escena una fuerte arremetida con obras y acciones, porque la intención es dejar en claro que la "neuquinidad" debe traducirse pragmáticamente, no solo como símbolo. En paralelo, obviamente, queda trazado el sendero para enfrentar elecciones parlamentarias el año próximo y conseguir, en el Congreso Nacional, una representación también concreta para esa "neuquinidad" que funde gestión y proyecto en una sola pieza.

Las dificultades que enfrenta Figueroa son, al menos por ahora, las que enfrenta la provincia como tal. Se trata de esa convivencia entre civilización y barbarie. Neuquén necesita el progreso, pues está en su genética; pero, al mismo tiempo, padece el cáncer en células estatistas que atrasan ese progreso. La enfermedad está sembrada, cuidadosamente, en las escuelas, por ejemplo. No se habla aquí de edificios o inversiones, sino de concepto: no va más una educación que atiende más a la ideología que al conocimiento. Tal vez no se entienda plenamente todavía aquello que Sarmiento entendía bien en el siglo 19; no extraña, pues la doctrina imperante en el cuerpo ideológico del CPE es anti-sarmiento, y explicita que concibe la educación como adoctrinamiento a favor de los poderosos. A eso le opone otro adoctrinamiento, en presunto respaldo de los oprimidos.

En la segunda ola de la gestión Figueroa, tal vez comience a verse con mayor claridad estas cuestiones de fondo; suele suceder que cuando empieza a haber más plata, se amplía el horizonte del pensamiento. 

 

 

 

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