EDITORIAL NEUQUINA

Figueroa y el difícil proceso de reconstruir la confianza

El gobernador neuquino estuvo en Chile, y su viaje se inscribió en un contexto histórico distinguido por las idas y las vueltas.
sábado, 6 de julio de 2024 · 11:51

La confianza es una palabra esquiva. Necesita no solo ser anunciada, sino practicada y sostenida en el tiempo. Con esto lidia el actual gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, quien, empeñado en restituir la credibilidad del Estado, va constatando que es un asunto que no solo debe hablarse, sino concretarse en hechos. En estos días pasados, Figueroa estuvo en Chile, y esa palabra, "confianza", estuvo presente en la comunicación oficial de sus gestiones. Fue necesario, pues, con Chile, Argentina tuvo una conducta errática respecto de la provisión de energía, tan errática como la que sufrió el propio país durante décadas de idas y vueltas inentendibles.

Figueroa fue, centralmente, a decirle a los chilenos que Neuquén tiene gas más que suficiente para vender atravesando los Andes; y entregó el concepto de la confianza afirmado en una política de Estado que Neuquén puede mostrar, aunque siempre atada, por su condición de provincia de un país unitario con formalidad federal, a los famosos y tradicionales vaivenes del país. La dificultad es política, y con esta característica de la inercia vernácula lidia actualmente Figueroa, ya que, como todo gobernante, debe probar que será mejor que los anteriores en el cumplimiento de promesas, y, más aún, serio con respecto a la proyección de futuro que esas promesas inexorablemente conllevan.

El propio gasoducto que transportará el combustible de Vaca Muerta es una prueba de la inconsistencia histórica que lamentablemente socava las relaciones comerciales con el mundo desde Argentina. Desde enero de 1991, cuando se hablaba de "la posibilidad a punto de concretarse", para construir un ducto que atravesara la cordillera y llevara gas a Chile, hasta el presente, los vaivenes nacionales muchas veces traicionaron los intereses y los objetivos neuquinos al respecto. 

El golpe más duro lo recibió Neuquén en julio de 1995. En ese momento, un consorcio de empresas canadienses, chilenas y argentinas (GasAndes) firmó un contrato de provisión de gas con operadores eléctricos trasandinos, para transportar el combustible por Mendoza y no por Neuquén, conectando los ductos de los yacimientos neuquinos a un trazado que supuestamente privilegiaba menor costo y tiempo.

En noviembre de 1997, apenas dos años después, YPF, ENAP (de Chile) y Nova Gas International, encararon la construcción de otro gasoducto, este sí desde Neuquén, para llevar el fluido desde Filo Morado a Concepción. Entonces, se justificó la "celeridad" aplicada al proyecto y la nueva construcción en que "en la Argentina existe una gran oferta de gas, y en Chile, una creciente demanda".

Lo que siguió, es historia más conocida: Neuquén comenzó a exportar gas a Chile, después los yacimientos fueron decayendo, el país, atravesado por una seria crisis económica (cuándo no...) comenzó a necesitar energía desesperadamente, llegó el kirchnerismo, el privilegio de "los intereses del pueblo argentino", y, pese a los esfuerzos de los gobiernos neuquinos, la válvula se cerró y Chile dejó de recibir gas argentino, con el simple argumento que lo necesitaban los propios nacionales. Las cosas llegaron a un límite impensado cuando se sugirió usar los ductos existentes entre Chile y Argentina para importar gas regasificado allí en el Pacífico para socorrer una urgente demanda que no alcanzaba a satisfacer Bolivia, en los tiempos en que Vaca Muerta solo era un alocado proyecto que hablaba de misterios insondables para la política nacional, como el Shale y el Tight gas.

Después llegó Vaca Muerta, el MPN tuvo su apogeo, el país entró en otras crisis, naufragó el kirchnerismo, volvió pegado con fluidos extraños, y todo desembocó en una ansiedad de cambios tan fenomenal que terminó en un cimbronazo político descomunal, el año pasado: a nivel nacional, ganó las elecciones Javier Milei, el libertario; y a nivel neuquino, Figueroa, con la consigna de una nueva neuquinidad, destronó al MPN y comenzó a ensayar un nuevo liderazgo, asentado en aquella Vaca Muerta que parecía una fantasía apenas 15 años atrás. El gasoducto volvió a ser un punto de interés importante, y, el año pasado, comenzó a trabajarse la ampliación de su capacidad, para llevarla a los 12 millones de metros cúbicos al día.

Es en este contexto que vuelve esa palabra, "confianza". Ya la había usado Jorge Sobisch, con aquella consigna ("Neuquén es Confianza") ideada para cimentar su proyecto de llegar a la presidencia de la Nación desde la llamativa y singular realidad política y económica neuquina; como se sabe, aquel proceso fracasó estruendosamente, al tiempo que tomaba la conducción de la provincia Jorge Sapag (año 2007) e iniciaba un liderazgo renovado que duraría, vía Omar Gutiérrez, hasta el año pasado.

Lo concreto es que, ahora, Figueroa busca restaurar el concepto de credibilidad neuquina, en medio del habitual caos nacional. Necesita, el gobernador, consolidar un nuevo proyecto, distinto, aunque en la continuidad de las semejanzas. Ya ha logrado que todos lo miren a él. Está en el espejo de la mayoría. El año próximo pasará su primer test en las urnas, y comenzará, muy posiblemente, a concretar una proyección nacional tan inexorable como necesaria.

 

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