DURA DECLARACIÓN DE TRUMP

Estados Unidos más firme que nunca para intervenir en Venezuela

El presidente de aquel país, Donald Trump, quiere reeditar y adoptar posturas intervencionistas- militares que siempre caracterizaron a Estados Unidos.
domingo, 03 de marzo de 2019 · 16:05

El pensamiento político del Continente Americano tuvo como duelo principal, desde tiempos inmemoriales, a Estados Unidos y América Latina. La doctrina Monroe, el Panamericanismo, el Congreso de Panamá tan anhelado por Simón Bolívar y obstaculizado por la compra de voluntades de la potencia-gendarme y llave (en términos de Henry Kissinger) denominado Estados Unidos, son algunos de los sucesos donde se reflejó muy bien esta dualidad dicotómica. A lo largo de la historia mundial, el país que preside Donald Trump, y de hecho ocurre ahora, siempre tuvo una disyuntiva: aplicar políticas aislacionistas o intervencionistas (planteado en su momento por el geopolitólogo de corte realista Nicholas Spykman). Está claro que más le convino la segunda opción, porque pudo llevar adelante un control policíaco de todo el mundo basándose en argumentos como la defensa de la libertad y de la democracia en el mundo.

El contexto actual no dista de los precedentes anteriormente mencionados, solo que ahora actores como la Unión Europea y el Grupo de Lima se manifestaron en contra de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. En ese mapa de posturas, el querido y cuestionado, Juan Guaidó, no descartó una acción estadounidense más allá de que piense regresar cuanto antes a la nación venezolana para arreglar el litigio que todavía mantiene con Nicolás Maduro.

En diálogo con BBC Mundo, el historiador John H. Coatsworth dio su visión sobre los acontecimientos acaecidos hasta el momento en Venezuela y expuso: "Las intervenciones generaron un resentimiento innecesario y cuestionaron el compromiso de EE.UU. con la democracia y el estado de derecho en los asuntos internacionales".

Los países que intervino Estados Unidos en la historia

Cuba

El interés de Estados Unidos por expandir su territorio a finales del siglo XIX fue trascendental para que pusiera su foco en el Caribe, donde España conservaba algunas de sus últimas colonias que se negaba a vender a Washington.

 

Cuba, inmersa en su guerra de independencia de los españoles desde 1895, vio cómo EE.UU. se sumaba a su contienda contra los europeos tres años más tarde.

 

El motivo oficial de su intervención fue el hundimiento del acorazado estadounidense Maine frente a La Habana, de lo que acusó a España aunque esta lo negara.

 

El conflicto, conocido como guerra hispano-estadounidense de 1898, acabó con la derrota de España y su pérdida de Cuba, junto a otras colonias como Puerto Rico, Filipinas y Guam.

 

Aquel gobierno militar estadounidense en la isla duró cuatro años, hasta el momento en que Tomás Estrada Palma asumió como presidente de una Cuba recién independizada.

 

Pero la influencia de Washington, que estableció entonces su base naval en Guantánamo, era cada vez mayor.

 

En 1906, Estrada Palma solicitó la presencia de fuerzas militares estadounidenses por el estallido de una crisis interna y de insurrección contra su gobierno.

 

Aquella segunda intervención estadounidense en Cuba, que se prolongó por tres años, terminó con la elección de José Miguel Gómez como segundo presidente del país caribeño.

 

En 1917, los marines volvieron a desembarcar en Cuba ante un clima de gran inestabilidad, lo que dificultó el correcto funcionamiento de las instituciones nacionales y fomentó la idea de solicitar una intervención extranjera en cuanto la situación en la isla no era como sus políticos habían previsto.

 

 

Panamá

Panamá es otro de los países latinoamericanos cuya historia está fuertemente influenciada por la presencia de Estados Unidos.

 

En 1903, la intervención de Washington fue determinante para que el país centroamericano (por aquel entonces un departamento de Colombia) lograra la separación.

 

A cambio, Panamá firmó el Tratado Hay-Bunau Varila por el que cedía a EE.UU. 16 km. de ancho en la zona del Canal a perpetuidad, lo que dejó el país dividido físicamente en dos hasta que recuperó la soberanía de su territorio a finales de 1999.

 

Diez años antes, EE.UU. bombardeó Ciudad de Panamá en un intento de capturar al general Manuel Antonio Noriega, gobernante de facto del país, y a quien la justicia estadounidense acusaba de narcotráfico.

 

Distintas fuentes cifran entre 500 y 4.000 las muertes de civiles. Especialmente dramática fue la operación sobre El Chorrillo, un barrio popular donde se encontraba el Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa y las oficinas de Noriega, y que quedó destruido casi por completo entre grandes incendios.

 

Guillermo Endara, ganador de las elecciones de mayo de 1989 y cuyos resultados Noriega se había negado a aceptar, juró su cargo como presidente en plena invasión en una base militar estadounidense en la Zona del Canal.

 

Noriega se entregó mes y medio después del inicio del ataque y fue condenado a prisión en EE.UU. En 2011 regresó para seguir cumpliendo condena a Panamá, donde murió en 2017.

 

 

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