POR EL ATENTADO A LA AMIA

Argentina ha sido condenada, y no hay atenuantes

Sentencia de la Corte Interamericana, contundente, lapidaria, que obliga a repensarnos como sociedad.
viernes, 14 de junio de 2024 · 13:47

La Corte Interamericana de Derechos Humanos  ha condenado, hoy, 14 de junio de 2024, a la Argentina. Lo hizo por lo que a su vez hizo el país -a través de distintos gobiernos- con el caso AMIA. Nuestro país (nuestra sociedad, o, al menos, sus representantes) no previno el atentado; no lo esclareció; no investigó su encubrimiento. Tanta certeza debería avergonzar a todos los argentinos, independientemente de nuestra responsabilidad individual, que puede haber sido mucha, poca, o nada. Es un fallo que estalla con la misma fuerza de aquel estallido letal, ocurrido en 1994. Hace ya 30 años.

“Esta Corte concluye que el Estado incurrió en una falta grave a su deber de investigar uno de los mayores atentados terroristas en la historia de la región. Estas faltas a la debida diligencia implicaron, por una parte, un mal manejo del material probatorio y la escena del hecho y, por otra parte, una conducción deficiente del desarrollo de la investigación. Además, se comprobaron una serie de maniobras realizadas por agentes estatales con el fin de obstaculizar la investigación y encubrir a los verdaderos autores, los cuales, a la fecha, no han podido ser identificados, juzgados y eventualmente sancionados”, dice el fallo de la Corte.

Además, se establece: “Frente a estas maniobras de encubrimiento, se originó un nuevo deber del Estado de investigar y sancionar a los responsables de este encubrimiento, deber que tampoco ha sido ejecutado de manera diligente ni en un plazo razonable. Por todo lo anterior, a casi 30 años del atentado todavía no se tiene claridad sobre lo acontecido, sus responsables, ni las razones por las cuales el Estado utilizó su aparato judicial para encubrir y obstaculizar la investigación. Esta situación de impunidad, además, contribuye a la violación de otros derechos, como el derecho a conocer la verdad", sostiene el documento legal.

La contundencia de la condena es suficiente como para dejar en segundo plano, piadosamente, cualquier opinión. No hace falta, para darse cuenta que hemos posado de grandes defensores de los derechos humanos, mientras, simultáneamente, violábamos esos mismos derechos.

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