SU VICTIMA FUE UN NIÑO

Cura de Allen fue condenado a 8 años de prisión por violación

El hecho juzgado ocurrió en 2010 en una dependencia de la parroquia de la localidad rionegrina. El sacerdote Juan Urrutia le ofreció cerveza al niño y luego lo abusó sexualmete. No irá a prisión hasta que la sentencia quede firme.

Cura de Allen fue condenado a 8 años de prisión por violación

El sacerdote de la localidad rionegrina de Allen, Juan José Urrutia, fue condenado hoy a 8 años de prisión por haber abusado sexualmente de un menor de edad en una dependencia de la parroquia tras convidarle cervezas.

Los jueces Fernando Sánchez Freytes, Laura Pérez y Natalia González condenaron al sacerdote Juan José Urrutia como autor de los delitos de "abuso sexual con acceso carnal por aprovechamiento de la inmadurez sexual de la víctima y agravada por su condición de ministro de un culto religioso reconocido”.

De acuerdo con lo que se reconstruyó durante el juicio, el hecho ocurrió en 2010 en Allen, en una fecha que no se pudo precisar, en el interior de una de las habitaciones de la casa parroquial Santa Catalina, cuando el imputado, "en su condición de presbítero, confesor y asesor espiritual” del niño víctima, valiéndose de la presencia autorizada del menor en el lugar, abusó sexualmente de él luego de haberle convidado cerveza. "Los abusos fueron cometidos aprovechándose de su condición pastoral y de la inmadurez sexual de la víctima, razones todas por las que ésta no pudo consentir libremente la acción”, afirmó el fiscal Andrés Nelli. El tribunal lo tomó por cierto.

Para fijar la pena se valoró como agravantes "su edad, su educación, el lugar (Parroquia), la hora (madrugada/noche), el haber convidado alcohol al menor de edad de manera previa para ejecutar el delito”.

El joven víctima radicó la denuncia penal tras alcanzar la mayoría de edad. Previo a eso el sacerdote ya había sido "suspendido del ejercicio ministerial público en la Diócesis” en virtud de una sanción canónica derivada de otro hecho "por la realización de actos impúdicos consentidos”, según se acreditó en el juicio con la declaración testimonial que brindó por escrito el Obispo Marcelo Cuenca.

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