DÍA 4 DE JUICIO

Femicidio de Agustina: "Pará, pará" el grito que aún retumba

Uno de los vecinos se arrepiente de no haber abierto la ventana para saber qué estaba pasando en los otros departamentos del complejo.
jueves, 9 de mayo de 2024 · 22:00

El juicio por el femicidio de Agustina Fernández continúa y en la cuarta jornada surgieron muchos detalles sobre el interés de Pablo Parra en instalar la versión del robo. Pero más allá del enfasis con el que el petrolero le repetía hasta el cansancio a todos que le faltaban mil dólares y que ojalá la joven "se recupere para decir quién entró a robar", dos de los vecinos reconocieron que escucharon un grito desesperado de alguien y luego un golpe que dejó todo el complejo en silencio. 

A Agustina la atacaron el 2 de julio de 2022 en el departamento de la planta baja del complejo de Confluencia al 1300, del barrio Sillón Encantado de Cipolletti, a la vera de la avenida Circunvalación. Fue entre las 19.16 y 19.49, los investigadores presentaron una línea de tiempo en la que ven el auto de Parra en la calle Venezuela y se pierde en Río Neuquén; y luego de 33 minutos, el Hyunday gris vuelve a aparecer en Venezuela y Río Negro, a 100 metros de distancia. Creen que estacionó regresó al complejo caminando, la atacó y volvió al auto.

La línea de tiempo de 33 minutos en los que Parra habría cometido el crimen.

Pero qué fue lo que pasó en ese tiempo dentro del complejo es lo que intentó relatar uno de los vecinos, quien casualmente es quien más relación tenía con Parra, porque se conocían desde el colegio. Ricardo Espinoza vivía en uno de los departamentos de la planta alta, recordó que estaba con el televisor prendido y además el lavarropas estaba funcionando. En medio de esa orquesta que tenía en su departamento se sorprendió al escuchar un fuerte grito.

"Pará,pará", fue lo que se escuchó con claridad e inmediatamente después un fuerte golpe, "como si fuese un mazazo". Tan impresionante fue lo que se pudo oir desde su casa, que corrió a apagar el lavarropas y silenció el televisor, pero no se escuchó nada más. Fue un instante, previo a las 19:50, porque a esa hora salió del complejo para realizar compras. El testigo reconoció que hasta hoy se arrrepiente por no haber abierto la ventana para tratar de saber de dónde había salido ese grito,  "qué estaba pasando abajo".

Este vecino se enteró de lo que había sucedido bastante más tarde, cuando la noticia se hizo pública y sus familaires y amigos le consultaban por lo sucedido. Recién regresó al complejo a las 22.30. Se encontró con la administradora y Parra que le contaron la versión del robo que el acusado no paraba de repetir. Invitó a los dos a pasar a su departamento en donde tomaron un café y recordó que el acusado les dijo sobre Agustina: "Ojalá se recupere, así puede decir si vio a quien entró a robar".

Otra testigo, Daiana Morales que ahora vive en España, declaró por Zoom. A diferencia de Espinoza, ella no escuchó el "pará,pará", pero si pudo sentir un fuerte grito: "Hijo de puta". El horario fue coincidente con el brindado por el otro vecino y luego de esa expresión no se hubo ningún ruido más.

En cuanto a la relación con Parra, dijo que era buena, que compartían internet y que en un momento, después de la llegada de Agustina al complejo, un día le dijo "viste el bomboncito que me estoy comiendo", y señaló con la vista el departamento de la joven estudiante de Medicina.

La insistencia sobre el robo

Todas las personas que estuvieron o hablaron con Parra durante la tarde-noche del 2 de julio recuerdan la insistencia en asegurar que se trató de un robo. Así lo recordó la primera policía en ingresar al departamento tras recibir el llamado de alerta. Apenas abrió la puerta pudo ver a Agustina tirada en el piso en medio de un charco de sangre, le tomó el pulso que era muy débil y le pidió a su compañero que pida una ambulancia urgente.

Reconoció que con Parra no habló, sólo le pidió un toallón o algo para colocar junto al cuerpo de Agustina. Entre las lágrimas que no pudo contener, la policía Mariana Huircal, de 14 años en la fuerza, recordó que el hoy acusado repetía todo el tiempo que le habían robado y caminaba de un lado para el otro del departamento. Concentrada en ayudar a la víctima, comenzó a hablarle, a pedirle que aguante que ya la iban a ayudar. "No sé si me podía escuchar", dijó mientras lloraba, luego la joven comenzó a convulsionar. 

El compañeró de Huircal era  Alejandro Huecho, su declaración fue similar, Parra quería que inspeccionen la habitación y el patio, pero ellos priorizaron la atención de Agustina porque "ya no había nadie para reducir o detener". Al llegar la ambulancia, primero ingresó una médica comprobó que estaba viva y le pidió al enfermero y al chofer que traigan la camilla, que tenía fractura de cráneo. 

El policía Jorge Llancafila de la Comisaría 24° fue el primero en entrevistarlo, aunque Parra ya había hablado con cada uno de los uniformados que llegaron al complejo. Particularmente le preguntó quién era la víctima y el contestó "una vecina". Luego en la denuncia confió que habían mantenido una relación pero que ahora eran "sólo amigos". La defensa le preguntó por las manos del acusado y aseguró que "no tenían lesiones".

La denuncia se radicó el día después, el domingo 3 de julio, Parra contó que cerca de las 18 le mandó un mensaje a Agustina y que ella le contestó cerca de las 19, que hablaron un rato y 19.20 salió para comprar cosas para cenar y volvió a su casa. Que al llegar al departamento, la luz estaba apagada, que entró y "vi a Agustina tirada en el piso, fui a la habitación y vi cosas revueltas", también que salió al patio, vio el alambre tirado y se subió a una mesa. Luego corrió a pedirle ayuda al vecino y el llamó a la Policía. Dijo que creía que le faltaban mil dóalres, el celular y que creía que faltaba también el de Agustina. Y que también faltaban las llaves de ella.

No es casual este último detalle del faltante, es que para los investigadores, luego de romperle la mano con la puerta, cuando ella intentó irse y que habría generado el grito desesperado "pará, pará" o "hijo de puta", el atacante le golpeó salvajemente la cabeza contra el apoyabrazos del sillón y luego en el piso con un objeto que podrían ser las llaves, que indudablemente deberían estar manchadas con sangre, por eso desaparecieron.

"Creía que eran novios"

La afirmación corresponde a otro de los vecinos, Claudio Oliva que llegó cerca de las 15 después de jugar al fútbol y se quedó con amigos tomando cerveza en la vereda. Conocía a Agustina y a Parra y para él eran pareja, por eso se sorprendió cuando la joven recibió en el portón a Natanahel Carrasco.

"Pensé que ella engañaba a Parra", reconoció ante el jurado popular y que por dentro pensó que eso traería problemas en el complejo, pero luego se acostó a dormir y no se enteró nada de lo que sucedió en el departamento de la planta baja. Describió que muchas veces los veía juntos a los dos vecinos y que recuerda momentos en los que Agustina entraba a lo de Parra con "gaseosas" o "pochoclos".

El trozo de tela azul

La cuarta jornada comenzó con la declaración de un perito que analizó las prendas de Agustina y las comparó con el trozo de tela azul encontrado en la concertina de arriba del paredón, por donde habría ingresado el atacante. En la calza gris, las zapatillas y el swetter de la joven hallaron 15 fibras azules, de tejido similar al encontrado en el alambre y que tenía el ADN de Parra, además del de la Policía que lo secuestró.

Las fibras encontradas en la ropa de Agustina coinciden con el trozo de tela azul hallado en el alambre.

En el laboratorio se analizó la morfología, tonalidad, brillo, constitución y diámetro de sección, con la conclusión de que ambas muestras son fibras, azules, no emiten fluorescencia y tienen brillo. "Coinciden una con la otra", aseguró. Pero ante la requisitoria de la defensa si estaba comprobado que se trataba de la misma tela, el perito respondió que "no, por eso recomendé que se hiciera un análisis más complejo". También respondió que nunca se encontró a qué prenda pertenecía el trozo de tela azul secuestrado.

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