NEUQUÉN

La historia de Carlieny y su lucha por ejercer dentro de Salud en Neuquén

Carlieny Marthes es médica pediatra. Llegó a Neuquén previo a la pandemia y desde entonces ejerce en el hospital Castro Rendón.
sábado, 13 de abril de 2024 · 11:00

Cada día, cientos de personas migrantes llegan a Neuquén en busca de nuevas oportunidades. El desarrollo de Vaca Muerta ha incrementado la población y, en consecuencia, la demanda de servicios esenciales como lo es la salud. Este servicio, durante los últimos años ha enfrentado críticas debido a la falta de financiamiento, también muchos médicos han optado por trabajar en el sector privado. La situación ha provocado escasez de especialistas en algunos hospitales. Sin embargo, ha brindado oportunidades laborales a muchos migrantes que buscan establecerse en la región.

Esta es la historia de Carlieny Marthes, médica pediatra del hospital Castro Rendón. En el año 2020, un par de meses antes de la pandemia llegó a la Argentina en busca de una nueva oportunidad. Su país, Venezuela en aquellos años atravesaba una fuerte crisis social y económica, por lo que muchas familias optaron por emigrar. Atrás dejaron sus hogares y en muchos casos su familia. 

Su elección por el país y por Neuquén surgió a partir del relato de una amiga que le “hablaba maravillas de Neuquén”. Ella ya ejercía dentro del sistema de salud y atraída por esas palabras, junto a su pareja y sus dos hijos decidieron migrar. 

Su llegada en un principio “fue difícil”. Llegaba a un lugar con una cultura diferente, tampoco, venía con una oferta laboral ni tenía familia en el país. “No sabía de qué iba a trabajar”, expresó. Durante meses buscó insertarse dentro del sistema público de salud de Argentina e incluso envió currículum a los lugares más alejados como Puerto Deseado en Santa Cruz, pero su lugar lo encontró en Neuquén. 

La pandemia complicó la vida de muchas familias, pero para Carlieny fue también la solución. En su relato asegura que “la crisis sanitaria le abrió puertas y le permitió insertarse dentro del sistema de salud con más rapidez a lo habitual”. 

La oportunidad laboral surgió a partir de aquella amiga que la había motivado a venir a la región, y también sería ella quién la ayudaría a insertarse al sistema  de salud en medio de la crisis sanitaria, época en la que la demanda de médicos era alta. “Me llamaron a una entrevista y fui. Ya me habían rechazado de tantas, pero igual fui. Me entrevistaron y quede”, comentó. En sus inicios comenzó trabajando en la guardia médica como suplente. Después de un año y medio logró obtener el cargo fijo. 

A cuatro años de su llegada aún recuerda el día que caminó por primera vez por los pasillos del hospital. “Yo sentía que iba a estar acá, me pasó algo raro. Entre y me enamoré de la guardia, si bien es un lugar bastante pequeño para la demanda que tenemos nosotros es muy bonito el sistema, el grupo que trabaja, es un buen lugar y continuamente te está demandando que  hagas cursos y te actualices. Acá hacemos de todo, armamos protocolo llevamos la parte de simulaciones y nos mantenemos a la vanguardia con el resto de hospitales que en el mundo son bien mirados. A lo mejor nosotros no tanto porque somos una provincia pequeña, pero no tenemos nada que envidar. Funciona, y funciona bien. Siempre tratamos de hacer lo mejor que se puede. Desde el 2020 estoy acá, y sigo acá”, manifestó. 

Los trámites burocráticos para muchos migrantes que buscan ejercer su profesión en el país llevan su tiempo, pero en el caso de Carlieny la pandemia le permitió agilizar algunas diligencias que tienen tiempo de espera mayor. “Todos los países lo hacen, y tienen estos trámites, son cosas a las que nos vemos enfrentados y que sabemos que es así. No se puede asumir que venimos gratis porque no es así. Tenemos que destinar un dinero para rendir exámenes, para trámites de papeles”, explicó. En algunos casos los migrantes deben rendir exámenes para convalidar los títulos y esto marca una inversión considerable. Sin embargo, al llegar a un lugar sin una oferta laboral, esta inversión puede complicar aún más la búsqueda de empleo.

Allí en el área de pediatría de la guardia del hospital encontró un lugar donde ejercer su profesión. Su compromiso con sus pacientes es notable, y quizá tendrá que ver con la simpatía que los caracteriza. “En mi país en Venezuela somos muy cálidos. Yo detesto que los niños lloren en la consulta, entonces trato de distraerlos y hacerlos reír para que no se sientan amenazados. Siempre trato de conectar con el paciente para obtener una mejor evaluación”. 

Así como llegó ella, al tiempo llegó su familia; sus padres y hermanas, también en la búsqueda de ofertas laborales y una mejor calidad de vida. “Hoy estamos bien. Acá tenemos un lugar hecho, volver allá sería empezar de cero. Hoy tengo mi vida hecha acá y acá voy a seguir y aportar en lo que pueda”, aseguró.

 

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