LAS MUJERES DE MALVINAS

"Volvió una sombra de la persona que se había ido a la guerra"

Adriana Harguindeguy y Horacio Haag se casaron en enero de 1982, tres meses después él partió a Malvinas. Las mujeres fueron un eslabón primordial tras la guerra.
martes, 2 de abril de 2024 · 08:01

A 42 años de la Guerra de Malvinas, poco se sabe de ellas. Fueron las que vivieron con angustia la partida de quien marchaba al frente de batalla. Como bien dice un hijo de un caído en el crucero General Belgrano y estudioso de la causa Malvinas, Mario Flores, el relato de lo ocurrido en esos 74 días de 1982 les pertenece a ellos pero en los últimos años, comenzaron a alzarse las voces de ellas, a las cuales se les reivindicó su participación. Por ejemplo, las 14 enfermeras que curaron las heridas de los jóvenes en la guerra fueron reconocidas como veteranas después de una ardua lucha contra la invisibilización de las Fuerzas. 

La ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2015 Svetlana Aleksiévich, periodista bielorrusa, escribió que las mujeres cuentan las guerras distintas a las de los hombres. Muchas de esas mujeres, aún invisibles, están a la vista de todos cada 2 de abril en el Cenotafio del Parque Central de la ciudad de Neuquén o en cada punto del país donde se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas .

Se trata de las compañeras de vida de los mismos veteranos de guerra, o sus madres, o sus hermanas. Fueron las que tuvieron que ocultar su angustia ante la desinformación o le hicieron  frente a la crianza de sus hijos en la más extrema soledad. Y una vez terminada la guerra, cuando ya no eran los “chicos de Malvinas" sino los “loquitos de la guerra" fueron las que los contuvieron, los que acompañaron ese estrés postraumático, las adicciones y hasta el silencio.

Horacio Haag en Puerto Argentino como Policía Militar le tocó custodiar la casa del gobernador Mario Benjamín Menéndez.

Flores las describió de la siguiente manera: “Ellas despedían al que se iba, y recibían lo que volvía, o esperaron largos 40 años para saber dónde exactamente dejar una flor en el cementerio de Darwin, o en el mar. Muchas coinciden en alguna de estas cinco cosas: acompañan en silencio; saben poco de la guerra porque sus compañeros no les cuentan demasiado; tuvieron que ser económicamente creativas cuando las pensiones llegaron tarde o no alcanzaban; el Estado falló y la sociedad fue cruel”.

Horacio Haag y  Adriana Harguindeguy vivían en Bahía Blanca. Se habían casado el 15 de enero de 1982 y después de la fiesta se fueron de luna de miel a Brasil sin saber que tres meses después él sería reclutado para ir a las islas Malvinas. 

“Cuando me convocaron no lo dudé ni un segundo, a pesar de mi suegra que me decía que esa guerra era una locura”, contó a Mejor Informado Horacio sobre aquel 2 de abril de 1982 cuando se despidió de su esposa y de su suegra detrás de una barra de hierro en el Comando del V Cuerpo del Ejército de Bahía Blanca donde cumplía con el servicio militar obligatorio en la Compañía Policía Militar 181.

“Horacio no vayas, esta guerra es una locura. Vamos a hacer lo que sea para que vos no vayas… Hacete el enfermo”, le rogaba su suegra. Zulema. “Yo tengo que defender la patria, tengo que defender mi bandera. Estoy orgulloso de ir”, le respondió del otro lado de la barra de hierro el joven de 20 años que ingresó a la conscripción después de haber pedido la prorroga porque estaba estudiando en la escuela industrial para recibirse como Maestro Mayor de Obras. 

Adriana y Horacio el día que se casaron. Tres meses después, él salió rumbo a la guerra.

"Nos dijeron que íbamos a estar unos días y que después nos iban a reemplazar, pero eso no sucedió. En mayo empezó el combate y no hubo forma de volver al continente. Ahí nos fueron dando distintas designaciones y ubicando en distintos sectores”, contó Horacio que fue designado como Policía Militar para custodiar la casa de del gobernador Mario Benjamín Menéndez en Puerto Argentino.

En ningún momento la vida de Horacio estuvo en peligro porque el combate con las fuerzas inglesas no llegaron hasta la casa del gobernador donde estaban apostados los integrantes de la Policía Militar. Sin embargo, la situación cambió en las horas previas a la rendición. “Los últimos días las cosas se pusieron más tensas, nos ordenaron que teníamos que tomar posición de combate porque el enemigo estaba entrando al pueblo y esperar el combate cuerpo a cuerpo”, explicó. Horacio se apostó con su fusil en una de las ventanas de la residencia. Unos minutos después todo era silencio. Un silencio profundo que aún hoy recuerda y lo estremece, lo traslada a aquel 14 de junio en que los británicos ya controlaban los límites de Puerto Argentino, donde se encontraban replegadas las fuerzas nacionales casi sin municiones. Mientras tanto, Adriana sintonizaba Radio Colonia de Uruguay que informaba lo que realmente ocurría en el Atlántico Sur.

Las mujeres de Malvinas acompañan cada 2 de abril. "Me parece tan importante poner en valor todo lo que hicieron quienes participaron y también esa fuerza que pusimos para recibir a los que volvieron”, dijo Adriana. 

Pasaron unos días después de la rendición y en su casa de Bahía Blanca, Adriana no tenía noticias de Horacio: “Horacio no estaba en las listas de sobrevivientes. Fueron momentos de desesperación, angustia, de llanto, de dolor, de mucho miedo. Días después llamó una persona que era el tío de un compañero de Horacio de Bahía Blanca que estaba en Malvinas. Había ido a ver a su sobrino en Campo de Mayo y Horacio le pasó un papelito donde anotó el teléfono de casa. Este hombre nos avisó que Horacio estaba vivo y en Campo de Mayo”, contó Adriana a Mejor Informado, sin ocultar la emoción.

Allí en Campo de Mayo, como ocurrió con todos los que volvieron de Malvinas, las autoridades militares “nos hicieron un lavado de cerebro”, acotó Horacio. “Tuvimos una conversación con los superiores, donde nos preguntaron todo lo que nos había tocado vivir y después de contarles, nos dijeron: ‘Soldado, todo lo que vivió en Malvinas queda para usted, no puede compartir nada, ni decir nada’”, describió sobre ese crucial momento en su vida.

Adriana cuenta que esa charla que Horacio recibió en Campo de Mayo “impacto mucho en ese silencio que lo acompañó durante muchísimos años”. Y agrega, “no hace tanto tiempo que Horacio empezó a hablar sobre lo que fue la guerra para él, a abrirse en ese proceso que es tan sanador”.

"Era una persona que todas las noches temblaba, soñaba muy fuerte. Fue aprender a transitar todo ese proceso acompañándonos como lo hacemos todo el tiempo”, expresó Adriana.

Adriana recordó cuando vio a Horacio bajar del tren que lo regresaba a su casa. Fue como si se le hubiera aparecido un fantasma: “era una sombra de la persona que se había ido a la guerra, estaba delgado, transparente”. Aún recuerda ese proceso de contención, de acompañamiento, de cuidado que llevó adelante durante tanto tiempo con su compañero de vida. “Unos días después de su regreso Horacio tuvo que ser operado de peritonitis, entonces a la experiencia de la guerra se le sumó la recuperación de esa operación. Era una persona que todas las noches temblaba, soñaba muy fuerte. Fue aprender a transitar todo ese proceso acompañándonos como lo hacemos todo el tiempo”, describió. 

La mujer, que es periodista, siempre señala que "pude despedir a quien se fue y recibir a quien volvió, por eso me parece tan importante poner en valor todo lo que hicieron quienes participaron y también esa fuerza que pusimos para recibir a los que volvieron”. En tanto, agradece y siente un gran orgullo por todas las familias y mujeres que "nos consideramos mujeres de Malvinas. Malvinas nos une y el amor también”.

 

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