CIENCIA Y TECNOLOGÍA

El científico aeroespacial de Cinco Saltos que tiene la mirada puesta en Júpiter

“Los límites de las ciencias son el mundo”, decía en una de las tantas entrevistas que le hacen desde todas partes del mundo. Sin dudas, a este reconocido científico patagónico, los límites del mundo le quedaron chicos y con su mente brillante crea geometrías imposibles para explorar el espacio exterior.
miércoles, 29 de julio de 2020 · 14:16

Fernando Lasagni es de Cinco Saltos (Río Negro). Estudió Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Comahue. A los 24 años ya era un crack de la ciencia y se fue del país para especializarse en su materia. De Cinco Saltos llegó a Austria donde completó un doctorado en Ciencia de Materiales en la Universidad Tecnológica de Viena

Hoy, es una de las mentes científicas más destacadas de la industria espacial y se dedica al desarrollo de la Ciencia de Materiales y sistemas de producción y verificación en el sector aeroespacial, en particular, a la “fabricación aditiva” mediante la impresión 3D en el Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales (CATEC). Allí, su equipo crea revolucionarias piezas que se utilizan en satélites y sondas espaciales que viajan por el espacio exterior.

Además de tener una mente brillante, Fernando tiene algo aún más destacable: ser un reconocido hombre de ciencia no le impide seguir siendo un tipo sencillo, que se nutre de las pequeñas cosas de la vida. Tiene 42 años, vive en España junto a su familia y nunca deja de sonreír. Y, aunque sus compromisos laborales son interminables, cada vez que puede se hace el tiempo para volver a su pueblo natal y mostrarle a sus hijos el escenario de las historias de su infancia.

Aquí una imperdible charla con este impresionante científico made in patagonia, que en cada una de sus reflexiones, nos deja un magnífico mensaje.

 

Tu trabajo tiene como fin la exploración espacial. Si pudieras poner un pie en el espacio exterior, ¿para qué aprovecharías esa experiencia?

Cuando el hombre puso el primer satélite en órbita, el Sputnik, no se pensaba tanto en su utilidad sino en que los rusos puedan ganar la carrera espacial a los norteamericanos. Pero, al final, este hecho permitió el desarrollo de la industria y de las telecomunicaciones y nos permite hoy tener esta llamada a través de un satélite. Muchas de las cosas que se han hecho en el sector espacial se van haciendo por el desafío de superar las posibilidades y límites del ser humano. Pero, realmente, luego quedan aprendizajes muy importantes para el bien de toda la sociedad. Las investigaciones de hoy también traerán un beneficio para todos en el futuro. Y volviendo a la pregunta, me gustaría poner un pie en Marte (Risas). 

¿Imaginás la posibilidad de habitar otro planeta?

Si, la exploración planetaria va a ser posible. Se está trabajando mucho en eso, y también en usar la fabricación aditiva como un medio para construir las colonias de Marte porque tenemos que aprovechar los materiales que están ahí. No podemos llevar material de la Tierra. Entonces, la fabricación aditiva nos da la posibilidad de utilizar el suelo lunar o marciano in situ  y transformarlo en estructuras habitables que puedan dar lugar a una colonia. Esas son las cosas más ambiciosas que están haciendo los científicos ahora.

Quizás dentro de muchos años la exploración espacial y habitar otros planetas sea la salida de la humanidad a lo que le estamos haciendo hoy al planeta. 

¿Qué es lo que más te maravilla del universo?

Una de las cosas más interesantes del universo es que la ciencia de los materiales es universal. Muchas veces me preguntan si hay otros materiales distintos fuera, en el universo, y la realidad es que los materiales que hoy tenemos en la tierra están en todos lados. La teoría del Big Bang dice que la Tierra se generó por el impacto de millones de meteoritos que venían del espacio exterior. Todos esos materiales vinieron de afuera. Entonces podemos esperar encontrar los mismos elementos en otros mundos, los que están hoy en la tabla periódica. Y eso es algo de lo más fascinante, que la ciencia de materiales sea universal, que algo tan extenso como el universo esté hecho con los elementos que hoy vemos aquí.

 

¿Cuál es tu principal herramienta de trabajo? 

Cuando estudié ingeniería, que hice mi proyecto final en Austria y después hice el Doctorado, me la pasaba en el laboratorio experimentando. Pero, los científicos, a medida que nos vamos haciendo más viejos, dejamos de visitar el laboratorio (risas) y ya no tenemos que hacer tanta experimentación para conseguir un objetivo sino que te das cuenta a dónde hay que ir para encontrar lo que estás buscando. Pero, por sobre todas las cosas, tengo el mejor equipo. Y mi labor es definir una dirección de futuro, trabajar con el equipo y darle soporte, por ejemplo en reuniones de proyecto, algunas muy complejas, donde se discuten resultados de proyecto y resolvemos las cuestiones más críticas, pero vamos más de traje y corbata que de bata blanca (Risas). 

"Me gustaría poner un pie en Marte".

“El error es lo único que te da la oportunidad de aprender”, es una frase tuya. ¿Recordás algún gran fracaso del cual hayas aprendido?

Difícil encontrar uno en particular, son pequeños errores que uno va cometiendo en el día a día. Cuando uno hace cosas que todavía no se hicieron, es un poco utópico pensar que todo siempre saldrá bien. Y, por eso, es muy importante el error en todos los ámbitos de la vida, el humano aprende mucho más de éste que de los aciertos. Pero para equivocarse también hay que hacer, y mucho.

 

¿Crees que la ciencia podría volverse en contra de los humanos?

Tengo un robot en casa que es una aspiradora y la llamamos “Terminator”. Hace un buen trabajo (risas). Pero no me gusta lanzar conjeturas sin fundamentos. La tecnología hay que utilizarla de forma inteligente. En los años 40 vimos hacer, con la tecnología, las peores cosas que hizo el ser humano, las bombas nucleares. Ese riesgo está latente. Pero gracias a ella hoy los humanos también tienen una esperanza de vida mucho mayor y la pobreza en el mundo ha disminuido significativamente. Lo que sí puedo asegurar es que los países más ricos son los que producen tecnología y las personas que habitan esos países tienen una mejor calidad de vida. Son muchas más las virtudes de la tecnología que los riesgos potenciales.

Pandemia, cuarentena, permanecer en casa. ¿Hacia dónde crees que va el mundo?

Me preocupa el impacto económico, y por supuesto en las vidas, que pueda tener esta pandemia, principalmente en los países más pobres. Y creo que también nos van a cambiar las prioridades y la forma de trabajar. Yo viajo muchísimo y hace 4 meses que no voy a ningún lado, y las cosas siguen más o menos funcionando. Creo que nos va a hacer reflexionar a la hora de gestionar recursos, evitar reuniones innecesarias usando otras posibilidades como las videoconferencias, que ya utilizábamos, por supuesto, pero que podemos aprovechar aún más. Luego, tendrán que pasar al menos de dos a cuatro años para recuperarnos de todo esto.

"Ser un país productor de tecnología permite que la gente tenga una mejor calidad de vida". 

Cuando eras niño, y vivías en Cinco Saltos, y mirabas al cielo ¿qué veías antes y qué ves hoy?  

En la Patagonia tenemos lugares poco iluminados que permiten ver el cielo en toda su extensión. Cuando era chico miraba todo desde una perspectiva más del desconocimiento y todo me fascinaba mucho más. Ver un avión volar o despegar era algo increíble, o ver un satélite surcando el cielo. Ahora, al entender las cosas, todo ha perdido un poco el encanto ¿no? Pero es muy grande la emoción que siento por formar parte de esta industria, y el reto tecnológico es tan brutal, que ser parte de esto es más importante que el encanto que perdió el cielo (risas).  

“El lugar que más añoro, en el que tengo los mejores recuerdos, es el Lago Pellegrini. Me hace muy bien ir al lago, me ayuda  a hacer el momento de reflexión del año. Es un lugar que no lo cambiaría por ningún lugar del mundo”.

¿Qué otras cosas hay en tu vida, además de ciencia?

Además de ciencia hay, por supuesto familia, y también música y vóley. Juego en un equipo amateur en España e integro una banda de música que se llama “Leimotiv” con mi hermano, que está en Alemania (que también es un destacadísimo investigador), y con amigos patagónicos de la infancia.  

¿Crees que hay algo de tu mirada científica que haya nacido en la Patagonia?

Podría ser la capacidad de resolver problemas con poco, con medios físicos limitados. Tener pocas herramientas para hacer cosas, ya sea en casa o en la universidad, te da una ventaja: uno es un poco más optimista a la hora de resolver un problema y sabe que tiene varios caminos para llegar al resultado.   

 

GEOMETRÍAS IMPOSIBLES

Antes de la cuarentena, con el CATEC, Fernando participó del Foro de Innovación y Tecnología Aeroespacial que se hizo en Cabo Cañaveral (Florida), un evento que pone en contacto a inversores y empresas de la industria aeroespacial, donde presentó los últimos desarrollos para satélites y misiones espaciales.

“Lo que estuvimos mostrando son unas piezas estructurales que sirven para soportar los paneles solares de un satélite de telecomunicaciones (QUANTUM). Por otro lado, una antena de una misión científica que se llama PROBA3 (que estudiará la corona solar), impresa en aluminio. Y otras aplicaciones como la estructura que va a alojar los sensores de misión de la sonda espacial JUICE que va a estudiar las lunas gélidas de Júpiter en 2030, y que será lanzada en 2023”, explica.

¿Cuál de esas piezas tiene el valor más revolucionario para la ciencia? 

Las últimas piezas que estamos desarrollando para la sonda que va a Júpiter son las más avanzadas porque algunas de ellas pesan hasta un 60% menos que una pieza fabricada por tecnología convencional. Esto realmente es un salto tecnológico y una necesidad de la misión, porque hay un requerimiento muy importante de bajar el peso de la sonda espacial para su operación futura en Júpiter, además de bajar el coste de lanzamiento.

30.000 euros cuesta trasladar un kilo de material al espacio, por ejemplo a la Estación Espacial Internacional. Y llevar un kilo de material a la Luna cuesta 1 millón de euros.  

¿Cómo es la instancia de diseño de estas piezas tan livianas y, a su vez, tan resistentes? 

Estas piezas tienen un diseño biónico muy optimizado. Se trata de diseñar una estructura como lo haría la naturaleza. Por ejemplo, en el esqueleto humano, cada lugar donde tenemos material tiene una razón de ser y, a través de los años, el cuerpo va evolucionando y eliminando el material sobrante, allí donde no lo necesita. Es un poco esa concepción. Con la impresión 3D, a partir de tener una total libertad en el diseño, permite poner material en el lugar exacto en el que se necesita y las estructuras que terminamos fabricando se parecen mucho a las estructuras orgánicas, bio-inspiradas, de la naturaleza. 

Foto: Soporte que hace de interface entre el satélite y el lanzador (cohete). A la izquierda la original y a la derecha la misma pieza pero con un peso 50% menor y estructuras organicas, construida mediante la fabricación aditiva.

"La ventaja principal de la tecnología de la impresión 3D es la capacidad de fabricar geometrías imposibles".

¿Cómo explicas la “fabricación aditiva metálica”, esta revolucionaria forma de impresión 3D que usas para hacer piezas aptas para viajar al espacio?

A diferencia de los procesos actuales de fabricación, que se basan en sustraer material de un bloque metálico hasta dejarlo con la geometría final, aquí lo que hacemos es, con una impresora 3D, poner el material, capa por capa, en la posición adecuada. Como si fuéramos cortando en “fetas” un diseño. Se coloca una capa de polvo que luego un láser funde en las posiciones adecuadas. Cuando terminamos de fundir, y el material solidifica otra vez, volvemos a poner otra capa de polvo y así sucesivamente hasta construir las piezas. Y solamente utilizamos el material que necesitamos, sin producir viruta, y el polvo que no usamos se puede reciclar y reutilizar.

Es coordinador del grupo de trabajo de fabricación aditiva de la Plataforma Aeroespacial Española, experto por la Comisión Europea, fue varias veces premiado por su trayectoria científica y ostenta un récord académico de más de 180 publicaciones científicas, como para mencionar algunos ítems de su extenso currículum.

 

¿Qué significa en la industria, haber puesto una pieza en el espacio exterior?

Cada vez que se vuela con un componente al espacio, primero hay que calificar el material y el proceso de fabricación y eso tarda muchos años. Entonces, muchos satélites vuelan con componentes que están validados pero que ya tienen 20 años de antigüedad. Pero, tienen sus ventajas: están probados y son fiables. En nuestro caso, las piezas que hicimos en el 2016 que sostenían los 2 paneles solares de un satélite de telecomunicaciones fueron muy importantes porque fueron las primeras piezas críticas en volar, fabricadas por impresión 3D. Tardamos 4 años en calificar el proceso de fabricación y las seis piezas del sistema, pero lo conseguimos y fue, realmente, un hito para la industria espacial europea. Nuevamente, gracias al gran equipo de trabajo que se involucró de manera muy personal para que sea una realidad. Sin ellos sería solo una bonita idea.

 

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