Naturaleza viva

Tierra del Fuego y el enorme desafío de controlar a los castores

En los años 40 se introdujeron 20 roedores en Tierra del Fuego. Ahora hay más de 100.000 y se ensayan formas de controlar el problema de forma sustentable.
lunes, 11 de enero de 2021 · 09:34

Allá por 1946, Argentina buscó desarrollar la industria peletera en Tierra del Fuego. Este objetivo, que a priori no suena como algo alocado, fue el primer paso para que comience una plaga que actualmente cuenta con cientos de miles de castores atentando contra la biodiversidad fueguina y patagónica.

Aquellos primeros 20 castores - introducidos por la Armada argentina en la isla- provenían de Canadá y más temprano que tarde se perfilaron como un problema ya que se adaptaron a la región y no contaban con predadores naturales

Según declaraciones de Adrián Schiavini, doctor en Ciencias Biológicas, investigador principal del Conicet, se multiplicaron hasta llegar a "unos 100 mil" ejemplares dispersos por toda la Patagonia, de acuerdo a los últimos relevamientos oficiales.

 

 

Los árboles mueren de pie

Los castores, cuya caza estuvo prohibida durante 30 años, provocan una profunda modificación del bosque fueguino. Dejan una triste huella  a su paso, donde hay castores no crece casi nada. Solo cadáveres de árboles sin ramas que quedan en pie sin vida y agua estancada que altera el ciclo normal del bosque. 

El castor construye por instinto diques para inundar todo. Hace su madriguera en el medio del lago artificial que crea y así busca protegerse de unos predadores que en realidad no tiene en la Patagonia. 

Esa inundación mata el bosque, porque los árboles patagónicos -lenga, guindo y ñire- son mucho menos resistentes que los de Canadá, la patria natural del castor. Además, el roedor corta los árboles que sobreviven a la inundación para hacer más fuerte su dique y más grande su lago. 

Así, lengas que tardan casi 100 años en crecer son cortadas por el roedor en pocas horas. Los castores ya han destruido en Tierra del Fuego una zona equiparable a dos veces la ciudad de Buenos Aires, unas 30.000 hectáreas.

El problema escala a niveles que trascienden a los castores. Ellos llevan inundados unos 40 kilómetros cuadrados de bosque, y además de la modificación del paisaje y la alteración de ecosistemas, "contaminan ríos que abastecen ciudades, e incluso benefician la proliferación de otras especies invasoras como el visón", afirmó Andrea Goijman, investigadora del Instituto de Recursos Biológicos del INTA, en declaraciones a medios fueguinos.

 

 

¿Hay salida?

A esta altura la pregunta del millón es: ¿Es posible controlar esta plaga de forma sustentable? Entre 2016 y 2018 se llevó a cabo un proyecto experimental en parques nacionales hasta tierras fiscales y estancias para la erradicación de los castores. 

Schiavini aseguró a medios nacionales que "se invirtió casi un millón de dólares en la adquisición de equipamientos (cuatriciclos, trampas) en el adiestramiento de cazadores y en la puesta en funcionamiento de un centro logístico".

El investigador sostuvo que el proyecto dio resultados positivos, se logró la erradicación de los animales en las zonas señaladas e incluso se midieron signos de recuperación ambiental.

Allá por 1946, la armada argentina introdujo a 20 castores en la isla -hay fotos de los militares orgullosos soltandolos en el bosque- y comenzó una suerte de caos ambiental que suma a cientos de castores por todos lados. Es imposible contabilizarlos con certeza, ¿será posible controlarlos?

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