HISTORIA VIVA

Vida de guardafaunas: bien de familia

Jorge González y Carla Poleschi son pareja, familia y, además los encargados de custodiar, estudiar y proteger a los ejemplares de la mayor reserva de Pingüinos de Magallanes del mundo: Punta Tombo en la costa de Chubut.
miércoles, 27 de enero de 2021 · 01:20

Por Betania Crespo, periodista y patagónica. Desde Trelew, Chubut. 

Se cruzaron por primera vez trabajando en el 2004, él a cargo del área protegida Punta Loma en Puerto Madryn; ella rescatando fauna marina costera. Luego los unió los varamientos de ballenas en Península Valdés. En 2009 Jorge volvió a trabajar a Punta Tombo y Carla resultó elegida para coordinar el Centro de Interpretación del mismo espacio. “Ahí nació nuestro amor, fue de a poco. Hasta hoy se mantiene y si Dios quiere será hasta el día que nos vayamos de acá”, dice Jorge.

Ser Guardafaunas es un oficio que lleva la vocación como bandera. La vida al aire libre, lejos de las comodidades de la ciudad, y a merced del clima patagónico, son toda una elección.

Jorge cuenta: “comencé trabajando en el área administrativa de Turismo. Y por esa tarea tenía que recorrer las Áreas Protegidas. Ahí vi que eran lugares espectaculares para visitar, y para vivir. Así que empecé a pedir que me incorporaran al cuerpo de Guardafaunas. En esa época, año 1997, no había requisitos específicos para serlo, así que pude empezar a trabajar en el Istmo Ameghino, en el ingreso a Península Valdés.”

Por su parte, Carla cuenta que es oriunda de Luján, provincia de Buenos Aires. “A los 20 años me vine a vivir a la Patagonia para seguir mis estudios de Biología en Puerto Madryn. Una vez allí empecé a trabajar en la Fundación Patagonia Natural como voluntaria, luego a cargo del refugio de vida silvestre cerca de Puerto Lobos.”

Esa actividad le permitió formarse como Agente de Conservación, hizo capacitaciones de Parques Nacionales y, luego de doce años, comenzó a trabajar en el Ministerio de Turismo de Chubut. El primer trabajo de campo que hizo allí fue el de coordinar el Centro de Visitantes de Punta Tombo, y luego concursó para ser Guardafaunas.

Punta Tombo es un área que brinda servicios, y los Guardafaunas se encargan de que estén en condiciones. También asisten a los visitantes en caso de accidentes.

B.C.: ¿Cómo es ser Guardafaunas de Punta Tombo?

Jorge: la misión principal es el monitoreo, control, vigilancia y atención del turista. Luego, en el trayecto de senderos debemos velar porque las personas se comporten de acuerdo a las directivas establecidas para no interferir con la vida de los pingüinos. Además, hacemos recorridos exhaustivos por toda el área protegida. Tomamos nota de las novedades, cambios en la fauna, vegetación y, como estamos en la costa, es normal que salga basura del mar, así que tenemos que juntarla. Esta es una zona de pesca, y siempre los residuos son muchos.

Carla: Nuestro trabajo cambia mucho entre la temporada de pingüinos y el resto del año. De abril a septiembre migran para alimentarse en el mar, por lo que Tombo permanece cerrada para los visitantes en esos meses. Pero nosotros trabajamos en otras tareas que requieren planificación y análisis, mejoras en los senderos, cartelería, servicios, siempre pensando en la conservación de las especies que habitan este lugar.

 

Punta Tombo en números:
850 mil Pingüinos de Magallanes en la colonia.
Distribuidos en 7 kilómetros de costa por 1 kilómetro de ancho. 
El área protegida está a 130 kilómetros de Trelew, de los cuales sólo 20 son de ripio.

 

B.C. ¿Cómo es ser familia de Guardafaunas?

Carla: tiene sus privilegios y sacrificios. Nuestras hijas se tienen que adaptar a nuestro ritmo de trabajo. Tienen que estar todo el tiempo con nosotros y no las tiene que criar otra persona, eso es un gran privilegio. El ambiente natural en el que crecen no se compara al de una ciudad. Es por momentos difícil porque estamos trabajando y a la vez criando a nuestras hijas.  Por suerte se adaptan a este ritmo de vida, y nosotros también.

Jorge: Para mí es genial. Estoy con mi esposa todo el día, juntos. Eso también es un desafío, porque además de trabajar tenemos que llevarnos bien en las cosas de la casa y las nenas. Equilibramos las tareas tanto del trabajo como de la vida, y eso genera que nos llevemos muy bien.

 

En el patio, el mar

Carla y Jorge son papá y mamá de Emma de 2 años y 8 meses y Lara de 1 año y 1 mes. Carla cuenta que “la más grande todos los días aprende algo nuevo. Tiene muchos estímulos, para ella es una aventura estar en la pingüinera. Los senderos de Punta Tombo son como ir al parque, el mar es parte del paisaje cotidiano. La más chica disfruta de la vida al aire libre. Le llaman la atención los pingüinos, los identifica y sabe que no tienen que acercarse a ellos.”

B.C.: ¿Volverías a elegir este tipo de vida? ¿Por qué?

Carla: Sí, yo elegí este trabajo y esta vida. Tuve otros trabajos antes de ser Guardafaunas y esta es mi vocación. Es cambiante, no es para nada rutinario. Y si una además se capacita y sigue aprendiendo puede lograr buenas condiciones.

Jorge: También elegí este trabajo, y es lo que me gusta hacer. Estar casado con Carla suma a que siga disfrutando como el primer día.

Un día en la vida de esta familia de Guardafaunas en temporada de verano empieza a las 7, con el mate de la mañana. Alrededor de las 9 empiezan a recibir a los visitantes en el área protegida. Se turnan para atender a sus hijas y a turistas hasta después de las 18. Esa es la hora preferida de las niñas, que salen a jugar entre pingüinos. Jorge asegura que “en Punta Tombo se duerme muy muy bien, es el mejor lugar para descansar.”

 

Familia de Guardafaunas, comprometida con el trabajo de conservación, con la Naturaleza y que entienden que el estilo de vida que han elegido es el tesoro más grande.

 

La temporada de pingüinos

Los primeros ejemplares llegan a Tombo entre el 8 y el 10 de septiembre de cada año. Arriban a la costa en grupos, y para fin de mes ya están en territorio todos los ejemplares adultos, o sea que ya están formadas todas las parejas.

Pingüinos: Primero llega el macho, encuentra el nido, que es el mismo cada año, lo acondiciona, luego llega la hembra y comienza el apareamiento.

Para los primeros días de octubre ponen los huevos, que son como máximo dos por pareja. Incuban por cuarenta días, ambos animales, ya que mientras uno cuida los huevos el otro va al mar a buscar alimento, vuelve y su compañero o compañera hace lo propio.

A mediados de diciembre nacen los primeros pichones que pesan aproximadamente 10 gramos. Lo cubren para protegerlo de los depredadores hasta que logra un tamaño mayor. Los pichones deben ser alimentados por sus padres hasta mediados de febrero, cuando alcanzan los 40-45cm y pesan casi lo mismo que un adulto, entre 3 y 4,5 kilos. Ahí hacen el cambio de plumaje. A partir de ahí se independiza, se mete al mar para acondicionar su plumaje y emprende la migración para buscar alimento. La base de su alimentación es la anchoíta.

Por su parte, los pingüinos adultos en ese momento también van al mar a alimentarse. Pero vuelven a la costa de Tombo para cambiar sus plumas. Este proceso sucede en marzo, y en los primeros días de abril abandonan la colonia hasta la siguiente temporada.

Además a Punta Tombo llegan ejemplares no reproductores, que tienen entre 1 y 5 años. Y son los que menos tiempo permanecen en la costa. Se los puede ver en enero y febrero cambiando las plumas.

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