Historias Vivas

Un relato sobre el último gran baqueano

“Don Alfonso, respetuoso, solitario, resistente, alegre, conocedor y sabio” así lo recuerda este bello texto a Huenchupan, el cuidador de los caminos entre Bariloche y El Bolsón. Una historia que revive a la Patagonia profunda.
jueves, 28 de enero de 2021 · 14:58

Por Cecilia Russo
Desde Bariloche

Las historias de la Patagonia siempre emocionan. Será porque conectan en un punto muy cercano con lo natural, allá en la lejanía que nos acerca al conocimiento más terrenal.  O será por la mística que guardan sus relatos. O, quizás, porque en sus raíces está la semilla de nuestros pueblos.

Desde la multi-información que nos arrojan las redes sociales y los medios de comunicación, hacemos un alto en el camino y rescatamos este relato, al mejor estilo bitácora, sobre el recuerdo de Alfonso Huenchupan, el viejo de la cueva, el que acompañó a Emilio Frey, el primer director del Parque Nacional Nahuel Huapi, y el que padeció el avance del “huinca” durante la construcción de nuevos caminos hacia El Bolsón. Un relato de Patagonia profunda, un relato vivo, de esos que nos fascinan:

Soy barilochense y me casé con un guardaparque, después de haber vivido en Pto Blest y en la isla Victoria (Pto Radal) alejada de la ciudad y en contacto permanente con La Naturaleza, nos tocó el traslado al Cañadón de la Mosca.

“Si ves a un señor mayor, montado a caballo, de frente al cerco mirándote fijo, es Alfonso Huenchupan y puede que tenga hambre” me dijo el guardaparque saliente de la Seccional Villegas (Cañadón de La Mosca)

(En 1980 Parques le destruyó la casa en el paraje Río Villegas.)

En verano Don Alfonso dormía en “El Manzanito” (bajo un manzano) cuando no estaba, cruzaba una caña delante de sus pertenencias:

-Un palo con unas bolsas

-Una pava

-Una olla

Se lo solía ver con rodilleras de oveja y saco marrón, montando su fiel yegua baya, a paso lento, por el camino viejo.

Tenía un circuito entre Villegas, el lago Steffen, Pampa del Toro y el Cañadón de la Mosca.

En el “Hotel” se resguardaba cuando llovía o hacía frío.

Don Alfonso

Respetuoso, solitario, resistente, alegre, conocedor y sabio.

Sentado en el umbral de su “Hotel” (así denominaba a la cueva) y detrás del hilito de humo, controlaba los movimientos dentro del Cañadón de la Mosca.

Los caballos del Paraje Río Villegas se concentraban en el valle del arroyo La Mosca a pastorear, él se encargaba de devolverlos y así generaba su sustento.

Una vez salí a sacar fotos de pronto, escuché un sonido desconocido y volví a la casa por si era algún jabalí. Al preguntarle a Don Alfonso, me dijo que fue él, llamando a los caballos.

Era el único capaz de juntar a la tropilla de gendarmería. Era muy chistoso ver a los gendarmes tratando de atrapar algún caballo, llegaba “el Huenchu” y en un ratito, se los dejaba a todos con el bozal puesto.

Teníamos una “pelopincho” para refrescarnos, porque el agua del arroyo era muy fría y Don Alfonso se divertía, sentado a la sombra, viendo las pavadas que hacíamos. Hermosos pozones en el arroyo y nosotros en la piletita.

Aprovechaba el agua de la pileta para regar la huerta cuando quedaba de “casero”

Una vez por año, de madrugada, el se bañaba en el arroyo y daba la sensación de que rejuvenecía.

Me había comprado unos zapatos Marasco y los quería ablandar. Nos fuimos al Steffen por la picada admirando los distintos tonos del tapizado de amancay, “don Parque” a caballo y yo a pie, nos cruzamos con “el Huenchu” ….“Caminando Señora!!!” exclamó riendo.

Yo quería aprender a ordeñar y doña Ernestina, hermana de Don Alfonso, nos mandó una vaca del Lago Steffen. Era tan arisca que el único que le sacaba leche era don Alfonso, otro motivo de risas.

 

En otoño nos llevó a hacer recorridas, dejaba a su yegua deslomada pastando en el valle y usaba alguno de la tropilla.

Huenchupan abría camino, don Parque lo seguía y yo, detrás.

Llegamos a un cañaveral, desmontó, ajustó la cincha, se sacó el saco y se puso a machetear. De espaldas parecía un jovencito de 20 años, nos advirtió sobre la existencia de un enorme pozo donde había caído un toro y lo ubicó tapado por la vegetación.

Volvió a montar y continuamos la recorrida, entre una maraña de ñires, de pronto, nos hizo parar, dobló a la derecha y regresó exclamando…”Uy me perdí!!”…. Se había desviado cuatro metros!!!!!

Seguimos derecho un poco más hasta doblar hacia el Mallín Zaraza. Había rastros de jabalíes, las crías dejan huellas parecidas al pudú. Todavía quedan vestigios de los corrales que utilizaba su familia para contener al ganado, terminamos la recorrida en la Pampa del Toro.

Contratamos a un leñero para que nos junte ñire para el invierno, don Alfonso miraba la parva y sonriendo dijo: las mujeres usan mucha leña. Me parece que se refería a la mujer huinca.

Empezó la época de lluvia y no se podía estar afuera, Don Alfonso pasaba más tiempo con nosotros, yo cebaba mate. A veces, mientras yo cocinaba, el le cebaba mate a don Parque y no entendí por qué no me daba ninguno a mí. Estaba tan sorprendida y halagada de tenerlo en casa que no quise incomodarlo preguntando.

Era muy gracioso porque “el Huenchu” le daba el mate a "don parque" y, don parque a mi. Para devolvérselo al cebador pasaba por las manos de "don parque" !!!! Y todo como si fuera lo más normal del mundo!!!!!

Nos contó una historia sobre una luz, que si uno la sigue hasta donde desaparece en la tierra, debe pasar toda la noche en el lugar, y después recién se puede cavar.

Los “indígenos” usaban un yesquero de hongo seco (bondarzewia guaitecasensis o fistulina hepatica var. antarctica) para prender fuego.

Habló de la elaboración de chicha y del muday (hervir piñón, pelar, moler, azucarar y fermentar) También del murque vísceras, corazón, bofe, hígado, mezclado con hierbas picantes.Al charque lo llevaban en la montura, tapadito bajo el basto.

Hablamos sobre las plantas medicinales, entre otras, del pañil y la “cepa caballo” (cola de caballo)

El nombre de “Cañadón de la Mosca” se debe a que habían perdido una vaca negra como una mosca y la encontraron en el cañadón.

 

 

Contó, con lágrimas en los ojos que, durante las matanzas, los “indígenos” se escondían agazapados, el que sostenía al bebé lo hacía puñal en mano para clavárselo en el corazón si lloraba y así preservar al resto de la familia.

“Yo conocí al primer guardaparque….Emilio Frey” En la toponimia encontramos que Frey, durante las expediciones de la Comisión de Límites, llegó hasta Pampa del Toro por una picada que Tauscheck había conocido por el “indio” Huenchupan.

¿Habrá sido el abuelo de Don Alfonso? Parientes eran ya que Don Alfonso conoció a Emilio Frey…

“Turco vende barato” dijo que los turcos traían alcohol y jugaban a las cartas.

“Don Parque” le preguntaba cosas y escribió:

“Los lugareños, tienen un importante conjunto de conocimientos que fue transmitido oralmente de generación en generación. Este saber es amplio y abarca, entre otras cosas, aspectos históricos, características y cualidades del mundo vegetal y animal, técnicas para el aprovechamiento de los recursos, etcétera. Se puede citar por ejemplo el saber referente al uso de determinadas especies con fines curativos”…...

“Don Alfonso me describió al caballo “indio”: más percherón, de un solo pelo, con bazos mucho más fuertes que los de ahora. Quizás el caballo americano (Equus rectidens)?”

(También nos dijo que los antiguos se reunían en la isla Huemul, que cruzaban en balsas, tanto jinete como caballo adornados con pecheras de plata.)

“Dialogando se pueden obtener muchos datos interesantes. Por ejemplo, los narradores indican que en el año 1939 floreció masivamente la caña (chusquea culeou) Los antecesores les habían dicho que ese mismo fenómeno había ocurrido 50 años antes.”

Oliver y Anita Pearson de la Universidad de Berkley, California recorrían el Parque censando y estudiando roedores y me ofrecí como traductora

Era muy difícil entender lo que decía Don Alfonso y nos llevó mucho tiempo comprender lo que quería decir. Finalmente supimos que había tantos ratones que se caían al rozar las ramas del bosque. Nos demostró cómo se sacaba los ratones del cuerpo

Cuando cayó la primera nevada del ´84, me puse un par de skis de fondo, el calzado era Nº 45 y yo calzo 39 no sé usarlos, soy esquiadora de ski alpino, pero para jugar un rato estaban bien. Claro que mucho dominio no tenía, no pude doblar y frené justo antes del arroyo. Don Alfonso me vio enfilando directo al peligro y salió corriendo de la cueva, cuando me reacomodé, lo tenía al lado mío…. “Esquiando Señora!!!” Y nos reímos a carcajadas porque pensó que me caería al agua. Siempre estaba dispuesto a ayudar.

Le habíamos tomado mucho cariño y lo sentíamos parte de la familia.

En el año 1984 hacía mucho frío, le ofrecimos el 1º Piso de la casa pero prefirió la caballeriza y allí se instaló el anciano (70 años?) con alegría.

Cortó un ángulo del vidrio de uno de los boxes y sabíamos cuando estaba porque por allí salía el hilito de humo.

A partir de entonces comenzamos una relación, no sé si de amistad, pero sí de mucho respeto.

A la mañana se acercaba a desayunar con nosotros, para anunciarse zapateaba delante de la puerta y se iba directo a apoyar sus manos curtidas sobre el hierro de la cocina a leña, para entrar en calor.

Doña Aurora Huenuleo me había enseñado a hacer queso, y Doña Ernestina Huenchupan, hermana de Don Alfonso, me mandaba la leche. Mis quesos eran HORRIBLES, pero Don Alfonso, los comía igual y los agradecía como si hubieran sido un manjar. Por suerte el kofke (pan) de salvado me salía bastante bien.

Ya satisfecho decía “Bueno, voy andar” montaba la yegua y se alejaba lentamente.

Cuando íbamos al pueblo a hacer las compras del mes, nos pedía que le trajéramos pitren (tabaco), mondongo seco y fideos caracolitos. Una sola vez le trajimos el mondongo (ya no se consigue) y tuvo que seguir soportando mi comida vegetariana.

El camino nuevo ya estaba trazado. Huenchupan estaba en desacuerdo, decía que ése no es lugar para hacer un camino. Bastante trabajo les dio a los ingenieros de Vialidad Nacional, resolver la bajada desde Pampa del Toro, además del desmoronamiento de la morrena en el Paraje Villegas.

En 1985 yo estaba por dar a luz y me buscaron de noche para llevarme a la Clínica en Bariloche.

No pude despedirme, nos tocó el traslado y no volví más a la Seccional, doña Ernestina me mandó una alfombra de lana que ella había hilado y tejido para mi bebé. Aún la conservo como un tesoro.

Hace poco averigüé que el hombre mapuce tiene la costumbre de pedirle permiso al marido para cebarle mate a la mujer de otro. También para sacar a bailar a una mujer casada.

Se ve que Huenchupan no se animó a pedirle permiso a don parque, si bien teníamos confianza, no quiso ofenderlo. "Don Parque" es la autoridad.

Lo que debe haber sido la construcción del camino…… pasa justo frente al “Hotel”.

Se terminó el silencio y la intimidad……..

Don Alfonso, gracias por compartir su cultura natural; gracias por las enseñanzas de vida

¿Habrá sido Usted el último originario que pintó una pintura rupestre?

Por qué no me saqué una foto con Usted, no lo sé, quizá porque preferí llevarlo en mi corazón.

(Texto: Marta Jereb)

 

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