HISTORIA VIVA

Poner las manos en el fuego por los animales

Este veterinario atravesó la Patagonia, de mar a cordillera, para colaborar con los rescatistas de animales en medio de los incendios de la Comarca Andina. "Aunque sea para mimarlos, quería estar ahí", dice.
sábado, 27 de marzo de 2021 · 17:30

Comenzaba marzo de 2021, cuando parecía que la pandemia era la única catástrofe que podríamos sobrellevar, más de 6 focos de fuego en distintos puntos de la Comarca Andina (presuntamente intencionales) generaron una voraz tormenta de fuego que arrasó con más de 10.000 hectáreas de paraíso patagónico.

La nueva catástrofe nos proveía espantosas imágenes de lo que la imbecilidad humana puede generar. Por suerte, la ayuda desinteresada no tardó en comenzar a llegar. Bomberos, rescatistas, pilotos, voluntarios, expertos, aficionados y profesionales de todas las áreas al servicio de la vida, dispuestos a quemar las suelas de sus zapatos para colaborar, aun cuando las cenizas todavía calentaban el suelo.

 

Tal es el caso de Basilio Stankewitsch, un médico veterinario nacido y criado en Comodoro Rivadavia que no pudo soportar la angustia de ver el desastre desde la comodidad de su sillón y se puso en marcha.

Luego de hacer una veloz campaña en redes sociales para juntar alimento balanceado, medicamentos e insumos veterinarios, llenó su camioneta hasta el techo (litera) y el viernes 12 de marzo estaba en ruta, camino a la Comarca Andina, para a colaborar en la zona de desastre.

 

“Da orgullo ajeno”, decían algunos de los comentarios que gente de todos lados le hizo llegar por las redes a este veterinario que lleva más de 28 años de pasión y profesión.  

Cuando hay una catástrofe siempre se piensa en la familia, en los niños, los ancianos, la vivienda y está bien que así sea, es lo que corresponde; pero, a veces, no tenemos en cuenta en cada una de esas viviendas hay una mascota o animales rurales que también sufren las consecuencias y no es menos importante. Y ese sufrimiento hay que aliviarlo y atenderlo, y ahí entramos los veterinarios, rescatistas, y todo aquel que pueda dar una mano.  

 

ZONA DE DESASTRE

¿A qué lugar llegaste y en qué lugar físico se instalaron para ayudar?

Fuimos a Lago Puelo donde hay un grupo proteccionistas que se llama Paca Andina. Tienen galpón acondicionado que servía de depósito para alimentos, medicamentos y también habían asistido a algunos perros y gatos que estaban en esa zona. Ahí dejamos donaciones de insumos que faltaban y después fuimos con veterinarios de El Hoyo donde también hicimos entrega de insumos. Y nos fuimos organizando porque el sábado ya se instalaba un gazebo a orillas de la ruta 40 entre El Hoyo y Golondrinas con veterinarios de Lago Puelo, El Hoyo, el Bolsón, Bariloche, Esquel, Ricardo Rojas, etc.

¿Con qué escenario te encontraste?

Lo que encontramos fue desolador. Cuando yo llegué, a los animales muertos ya los habían sacado y por suerte no los vi. Pero era muy triste ver todo quemado, viviendas, bosque. Todavía se veían algunos focos de incendio en algunos lugares de El Hoyo y El Pedregoso, en lugares de más difícil acceso. Y cuando llegamos a Las Golondrinas era peor porque ahí el fuego había sido más arrollador. Pinos de 60 metros de alto que, nos contaban, parecían antorchas gigantes y que las piñas explotaban y desparramaban el fuego para todos lados. La desolación era muy angustiante. Muchos todavía estaban en shock y era duro ver el desamparo de la gente de campo que se las rebuscaban como podían. Muchos dormían a la intemperie por miedo a dejar sus lugares y que haya saqueos o les ocupen las tierras. Era muy triste.

 

LAS MANOS EN EL FUEGO

Te sumaste a un equipo de voluntarios que ya estaban asistiendo a animales perdidos. ¿Cómo lo hacían?

Si, había grupos de rescatistas, ayudantes y colaboracionistas. Muchos animales habían huido y estaban perdidos, entonces los voluntarios los rescataban, iban buscándolos y llevándolos hasta Lago Puelo para que los asistan. También había animales que estaban en la zona de desastre, como los caballos, que no se podían movilizar entonces había que ir hasta ellos. O vecinos de la zona, que los buscaban y se los llevaban a sus casas para darle atención hasta que aparezcan los dueños. La mayoría eran animales perdidos y sus dueños no tenían tiempo de salir a buscarlos porque estaban acomodando lo poco o nada que les quedó.

 

¿Cómo fueron esos días que estuviste allí?

Llegué el viernes hasta el domingo a la noche. Fueron días muy intensos, de muchas horas yendo al campo, a terrenos difíciles, subiendo y bajando las montañas, atendiendo al costado de la ruta. Y mi ayuda fue ofreciendo mi mano de obra profesional, atendiendo lo que se podía y colaborando con otros colegas, poniendo el vehículo a disposición para ir a algunos sectores.

 

Siempre que puedo dar una mano lo hago. Ya nos pasó en 2017 en Comodoro, con las inundaciones. Fue una catástrofe terrible, animales tapados por el agua o el barro y ayudamos mucho, todos los veterinarios de la ciudad. En las catástrofes hay que ayudar.

 

¿Qué animales necesitaban asistencia y que afecciones tenían principalmente?  

Principalmente eran perros, gatos y caballos. A mí me tocó caballos, pero también había vacas, cerdos, ovejas, aves de corral. Muchos murieron. En El Pedregoso las vacas estaban pastoreando en las zonas altas de montaña y había un productor que tenía de 90 vacas solo pudo salvar a 9. Perdió gran parte de su vida. Y las afecciones eran principalmente heridas por fuego en las patas, cara y pecho porque salían corriendo entre matorrales incendiados, pisando el suelo con brasas. Después de 3 días las cenizas del piso seguían calientes. Recuerdo que atendimos a un perro que venía de la zona de El Maitén y tenía una herida de bala calibre 22. No sabemos qué es lo que pasó pero bueno también se lo atendió en el gazebo y un colega de El Bolsón lo operó y le pudo sacar la bala.

 

Nos contaste lo más desolador que viste, pero ¿qué fue lo más alentador?

Lo más alentador fue la respuesta de la gente solidaria, la gente que aportó mucho, poco o algo, lo que se pudo y respondiendo de forma explosiva. Todavía me siguen llegando palabras de aliento de personas que no conozco, o mensajes de gente que quiere donar. Por suerte ya tenemos cantidades suficientes de insumos y alimento para varios meses. Mañana salen 140 fardos de pasto de Comodoro para caballos, vacas y ovejas porque a esos animales se les quemó su comida. Y quiero agradecer a todos los medios por la difusión que han hecho, algo muy importante para que llegue toda la ayuda que llegó.

 

LA NOBLEZA DE CURAR

 

¿Cómo se puede ayudar a un animal que está huyendo de las llamas o que está acorralado por el fuego? ¿Qué recomienda hacer?

Ante el fuego, la mayoría de los animales trata de huir para ponerse a salvo. Perros, gatos, caballos pegan el salto y salen desesperados hacia donde pueden. Entonces, si un animal está acorralado y si se lo puede tocar, hay que tratar de envolverlo con una manta mojada para calmar el dolor de las primeras heridas. Y si no se puede, tratar de abrirle una vía de escape para que pueda salir y en algún momento se podrá rescatarlo para atenderlo.

¿Qué te dice la mirada de un animal que es salvado? ¿Creés que tienen conciencia de ese acto humano?

No sé si tienen conciencia, pero sí hay un brillo en la mirada, y agradecen con algún gesto. La conexión que tiene el médico veterinario con el paciente es algo que no puedo explicar, simplemente sucede, uno lo ve y es emocionante (pausa). Perdón, me emociona. Es algo que te tiene que pasar para entenderlo.

 

¿Por qué sos veterinario y qué es lo que más te gusta de serlo?

Toda la vida me gustó el campo, la naturaleza y los animales, todos: los domésticos, los silvestres, los exóticos, me gusta la fauna en general. Mi idea original era hacer grandes animales y trabajar en el campo, pero las circunstancias de la vida me llevaron a hacer clínica de pequeños animales y estoy muy agradecido de esta profesión que es única, es atractiva y, en algunos casos, tiene mucha adrenalina. Cada paciente que llega es un desafío. Si tuviera que volver a elegir, no lo dudaría; volvería a hacer esta carrera.

¿Y qué es lo que más te gusta de ser veterinario en la Patagonia?

En Patagonia hay algo especial, tampoco sé cómo explicarlo. Soy nacido y criado en Comodoro y siempre digo que la Patagonia te atrapa. A veces requiere de hacer un esfuercito más porque, así como te atrapa, también es hostil, pero es algo que es muy intenso.

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