River volvió a hacer honor a su apodo. En un mercado de pases que ya quedó marcado por cifras inéditas para el fútbol argentino, el club de Núñez desembolsó nada menos que 67 millones de dólares para reforzar un plantel repleto de figuras. La llegada de Thiago Almada terminó de romper todos los récords y elevó una inversión que parece no tener techo.
El campeón del mundo arribará desde Atlético de Madrid a cambio de 23 millones de dólares por el 100 por ciento de su ficha, una operación que se convirtió en la más cara de la historia del fútbol argentino. Pero el ex Vélez no llegó solo. Detrás suyo aparece una larga lista de incorporaciones que transformaron a River en el gran protagonista del mercado sudamericano.
Antes de Almada, la dirigencia encabezada por Stefano Di Carlo ya había dado otro golpe de efecto con la contratación de Ángel Correa. El delantero campeón del mundo llegó por 15 millones de dólares y hasta hace pocos días ocupaba el primer lugar entre las compras más importantes realizadas por una institución argentina.
La apuesta continuó con nombres de peso. River invirtió 8,6 millones de dólares para repatriar a Lucas Beltrán desde Fiorentina y otros 2,4 millones para concretar el regreso de Rafael Santos Borré desde Internacional de Porto Alegre. A ellos se sumaron Mauro Arambarri y Tobías Andrada, ambos por alrededor de 6 millones de dólares, además de Francisco Ortega, por quien se desembolsaron 5,8 millones para sacarlo del Olympiakos de Grecia.
La lista se completa con Giovanni González, adquirido desde Krasnodar por 500 mil dólares, mientras que Nicolás Otamendi fue el único refuerzo que llegó con el pase en su poder tras finalizar su vínculo con Benfica.
En total, nueve incorporaciones y una inversión que alcanza los 67 millones de dólares. Una cifra que hasta hace pocos años parecía imposible para cualquier club argentino y que hoy coloca a River en una escala económica similar a la de varios equipos importantes del continente.
Sin embargo, la enorme inversión todavía no encuentra su correlato dentro del campo de juego. El equipo de Eduardo Coudet continúa en construcción y, pese a la jerarquía individual de sus incorporaciones, aún no logró despegar futbolísticamente ni conseguir su primera victoria en el semestre.
La paradoja es evidente. River armó uno de los planteles más caros y estelares de su historia reciente, pero los resultados todavía están lejos de acompañar semejante desembolso económico. La expectativa crece partido tras partido y la presión también.
Detrás de este poderío financiero aparecen números que explican el fenómeno. El club presentó un superávit cercano a los 40 millones de dólares en su último balance, impulsado por ventas récord de futbolistas, más de 350 mil socios activos, un Monumental que se mantiene lleno fecha tras fecha, acuerdos comerciales millonarios y una estructura económica que hoy parece estar varios pasos por delante del resto del fútbol argentino.
Por eso River sigue gastando. Por eso sigue apostando. Y por eso la llegada de Thiago Almada representa mucho más que un refuerzo: es la confirmación de una política deportiva y económica que busca devolver al club a la cima de Sudamérica.
La gran pregunta ahora ya no pasa por el mercado. Los millones ya fueron invertidos. Lo que resta saber es si semejante constelación de figuras logrará traducir esa fortuna en títulos, funcionamiento y resultados dentro de la cancha.