Es cierto que lo sucedido esta semana en Confluencia es una cuestión puntual y precisa. No es el único barrio donde la violencia de bandas juveniles campea. Estas modalidades importadas de otras culturas, en muchos casos copiadas de series de televisivas es parte del paisaje cotidiano. La droga tampoco está ajena a estas conductas, el consumo, la comercialización y también se habla de la fabricación son temas que parecían lejos de esta sociedad hace apenas algunos años. Ahora y por más vergüenza que nos de asumirlo son temas que están entre nosotros, conviven con nuestra sociedad y se van apoderando de sectores de ella. Así como suena, hay sectores que cada día están más lejos del poder del Estado y más bajo la influencia del poder de estos grupos violentos. Ya porque se conformen bandas o pandillas juveniles ya porque los punteros de la droga se enseñoreen en el manejo territorial. Es incipiente y es real. El relato de algunos vecinos es elocuente. En muchos barrios conviven dos mundos, uno que defiende valores, otro que se mueve con los códigos de las bandas. En medio de estos dos valores no cabe duda de qué lado hay que estar.
Códigos versus Valores
El testimonio de algunos vecinos protegidos en el anonimato es muy elocuente en cuanto a lo que sucede en el barrio Confluencia, por citar un caso concreto y reciente, pero no está alejado de lo que sucede en otros sectores de la ciudad. El enfrentamiento entre grupos armados y el recurso a la violencia es una metodología que se puede encontrar en asentamientos, tomas, villas o barrios. El poder de la ley del más fuerte es cada vez mayor. Hay cada vez más ausencia de Estado y la angustia de quienes padecen esta situación los lleva a buscar soluciones que también están fuera del derecho y fuera de la sociedad.
Relato I
Una joven mujer viaja en un taxi y solicita al chofer que la lleve hasta el barrio Confluencia. Esto ocurre durante la mañana posterior a la segunda jornada de incidentes. El conductor le advierte que solo podrá acercarla hasta uno de los accesos pero que de ninguna manera va a llegar hasta la dirección solicitada. Sin ningún síntoma de que esta medida la haya molestado la señora accede y confiesa que lo entiende al conductor.
-Es imposible vivir en estas condiciones, no hay forma de permanecer indiferente. Hay que matarlos a todos. Indicó la señora sin ningún tipo de remordimiento. El conductor del taxi escucha y decide saber más. –Usted cree que esa es la solución?
-Es que nadie hace nada los de la comisaria dejan que se maten entre ellos, no quieren meterse porque tienen miedo de porque después los atacan a ellos. Ellos (la policía) creen que la mejor manera de arreglar las cosas es que se maten entre ellos (los delincuentes) y nosotros estamos en medio de la nada.
Relato II
La madrugada en que el propio Raúl Liria encabezó los procedimientos en el barrio Confluencia casi nadie en el barrio pudo dormir. Muchos vecinos estaban parapetados detrás de las paredes espiando que era lo que pasaba entre la policía y los encolerizados vengadores del propietario de la vivienda incendiada por los vecinos en respuesta a la muerte de Orlando Pereyra, relatado a modo de espiral deliberadamente por este cronista. Los más audaces de los vecinos se acercaban hasta donde estaban los hombres de prensa que cubrían los hechos y buscaban hablar, contar sus experiencias cotidianas.
-Nosotros nos juntábamos en la plaza a deliberar y ver cómo podemos hacer para terminar con esto. No hay forma de vivir en paz, estamos encerrados como conejos adentro de nuestras casas porque no sabemos cuándo nos va a pasar algo. Algunos quieren vender su casa y rescatar lo que puedan. Quieren irse de aquí. Otros no quieren saber nada con irse y están pensando en contratar a alguien para que los mate. Así sin inmutarse cuenta este vecino cuales son las soluciones que piensan al margen de la ley.
-Nos infiltraron las reuniones y entonces se enteran (los delincuentes) de todo lo que pensamos y después nos amenazan y nos pegan. Vienen en sus motos y nos rondan la casa mostrándose y amenazándonos. Así vivimos nosotros…no sabemos cuándo nos van a pasar algo. Tenemos miedo por los pibes nuestros.
Lo transcripto no es un relato ficcionado es la transcripción de lo que cuentan algunos vecinos que se animan a hablar. Es una parte del conflicto que se vive entre el conjunto social y uno de sus fragmentos.
Hace falta un nuevo Leviatán, hay que volver a recrear el poder del Estado en estos sectores, aquí hay ausencia de Estado; ya no alcanza con describir esto como una deficiencia de la política, hay que refundar la convivencia sobre las normas que la mayoría social acepta y adopta como sociedad organizada. De nada sirve que los indicadores económicos sitúen a Neuquén entre las provincias con menor tasa de desocupación o mayor consumo o actividad económica si dentro de sus límites geográficos conviven estos bolsones de criminalidad imponiendo sus leyes. No es un problema del gobierno, en todo caso es uno de sus déficits; pero aquí estamos hablando de un desafío como sociedad que va más allá de las formalidad del gobierno que tiene.
Se trata de no mirar para otro lado.
M.E.G.