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Amarillo lindo color

Sin la zanahoria electoral, durante 2016 la gestión Weretilneck pierde su principal estímulo, casi su razón de ser. Afronta el año bajo el signo de las dificultades financieras y especula con el impacto fiscal de la devaluación. Reafirma sus lazos con el macrismo a través de la nueva palabra clave: Wisky.
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Jueves, 07 de enero de 2016 a las 11:29
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Desde el 1 de enero de 2012, Alberto Weretilneck juega el juego que mejor juega y que más le gusta. En clima electoral permanente, heredero del más fino andamiaje clientelar del radicalismo, se propuso desde el minuto uno después de la muerte de Carlos Soria construir su propio proyecto político. Demostró capacidad para sortear los desafíos electorales, trazando alianzas nacionales que lo encontraron en el lugar exacto en el momento justo. Y supo tomar distancia para evitar las caídas. Puertas adentro de la provincia, recogió heridos de la UCR y del Frente para la Victoria, generó dependencia de intendentes, y se dedicó a recorrer ciudades y parajes para fortalecer su liderazgo. Su estrategia fue exitosa: hoy lidera un "movimiento”, como le gusta definir, que aspira a convertirse en partido a semejanza del poderoso Movimiento Popular Neuquino (MPN).

Pero la gestión, es otra cosa. Y más sin contienda electoral durante 2016. Ese vacío limita la dinámica de acumulación de poder W. Se pondrá a prueba no sólo la capacidad de administración y gestión, sino también la posibilidad de contención del espacio político que lidera. Y para ello, harán falta recursos.

Tras la salida del ministerio de Economía del hoy legislador Alejandro Palmieri, Weretilneck ubicó allí a su hombre de mayor confianza para las cuentas públicas desde tiempos de la intendencia de Cipolletti; Isaías Kremer, el ideólogo de la restricción del gasto de los últimos tres años desde su puesto en la Tesorería General. Kremer le garantiza al Gobernador un manejo directo y personal sobre las autorizaciones de pago.

Weretilneck sueña con que la devaluación, junto al aumento de los reembolsos a las exportaciones y la quita de retenciones, dinamicen el complejo frutícola y el turismo, lo cual implicaría una mejora en la recaudación y la contención de la demanda laboral. Sin embargo, no existen proyectos vinculados con una reestructuración de ambos complejos económicos, que hoy concentran beneficios en manos de los exportadores, en el primero de los casos, y en los grandes prestadores, en el segundo.

Los importantes aumentos de precios derivados de la especulación y la estimación del precio del dólar ante el anuncio macrista de la depreciación del peso, consumen, además, gran parte de los supuestos beneficios derivados de la devaluación: licuan recursos en las cadenas de compras y pagos.

Así, la apuesta principal está puesta en el incremento de las regalías petrolíferas en pesos como resultado de la devaluación. En la administración provincial muchos creen que será un año de restricciones y no de expansión. La presión de la masa salarial obligará una vez más a recortar el financiamiento de obras públicas y prestaciones sociales. Las futuras paritarias dejarán en claro el nivel de conflictividad gremial que tendrá el año.

Con este contexto, Weretilneck apuesta a que Nación restituya el 15 por ciento de descuento sobre la coparticipación y financie obras públicas, tanto para la Provincia como para los municipios. La demanda judicial presentada por el recorte de ese 15 por ciento -que la Corte Suprema de Justicia de la Nación consideró inconstitucional en el caso de otras tres provincias-, "era un paso lógico que el Ejecutivo debía tomar para no quedar fuera de la discusión”, justifican desde Cambiemos. El gesto no fue tomado negativamente desde Nación.

Es más, el propio Diputado Nacional del macrismo, Sergio Wisky, confía en que "superadas las urgencias nacionales” se estreche el vínculo entre Nación y Provincia con más reuniones entre funcionarios. Mientras tanto, el ex Intendente de El Bolsón funge como nexo de esa relación. Junto al ministro de Gobierno, Luis Di Giácomo, recorre delegaciones de organismos nacionales en la Provincia, y traza los palotes del acuerdo político-institucional que sostendrá la vinculación en los próximos años. No son pocos quienes se animan a arriesgar una sociedad electoral, aunque Wisky la relativiza: "Ellos -por Juntos Somos Río Negro- están armando el partido provincial, y nosotros tenemos que arreglar Cambiemos”, dijo a CIC. "Arreglar” significa darle una figura y sello que le permita participar de las elecciones como Cambiemos. "Es nuestro paraguas de construcción política para 2017 y 2019; y suma al Partido Provincial Rionegrino (PPR), el PRO, la UCR, el ARI y sectores peronistas”, se entusiasma el diputado Nacional. Para Wisky "no se descarta una confluencia electoral” con el albertismo, aunque matiza que "el escenario nacional es muy cambiante y generará una reacomodamiento provincial y municipal”.

Lo cierto es que hoy el Diputado Nacional tiene como primera tarea acompañar por los despachos de la Casa Rosada a los funcionarios provinciales y municipales que requieran asistencia nacional; y aportar las ternas con los nombres de los futuros delegados en áreas clave como la ANSES, el PAMI y las delegaciones del Ministerio de Trabajo. De esa definición no participa el gobierno provincial, aunque exista una interacción permanente.A modo de contraprestación de las gestiones de Wisky, el gobernador Weretilneck tiene para ofrecer el voto del diputado nacional Luis Bardeggia. Un aporte muy valioso para Cambiemos, en una Cámara Baja dominada por el Frente para la Victoria (FpV). Si bien ese posicionamiento no es lineal -Bardeggia oscila en su apoyo a W- el mandatario rionegrino sabe que tiene margen de negociación.

El balance muestra que, sin elecciones a la vista, 2016 se presenta en Río Negro complejo e imprevisible desde lo político y muy ajustado en lo económico y financiero.

*Santiago Rey. Periodista Editor responsable de Revistacic.com.ar  

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