Hablan, mucho. Están casi siempre hablando. Hablan de lo que dicen, y de lo que dicen que dicen otros. ¿A esto se reduce la política? Se sabe que no es así. Que hay que hacer, como (dicen) decía el General (Perón, por supuesto), quien –por otra parte- también habló incansablemente, sobre todo durante los 18 años que estuvo en el exilio.
Ahora se habla más que entonces, porque hay más herramientas. Se habla hasta cuando no se habla, con videos encantadores, sugerentes, y caros, que engordan los bolsillos de productoras y consultoras, industria que prolifera de la mano de la necesidad política. Pero rara vez se habla con la realidad desnuda en la mano, con el corazón abierto, con las entrañas dispuestas a soportar la dura, arisca, a veces hasta grotesca, realidad.
Después de los sucesos del barrio Parque Industrial, donde no se habló con la palabra, sino con las armas y las piedras, hubo un pequeño intervalo de silencio culposo, para entrar de lleno a continuación en un severo escarceo entre el gobierno municipal capitalino de Cambiemos, y el provincial del MPN.
El gobierno de Omar Gutiérrez dijo que no intervino en los sucesos, pues la policía actuó como auxiliar de la Justicia, que a su vez fue la que dio curso a una petición del intendente Horacio Quiroga. El gobierno de Quiroga dijo que no ordenó desalojar, sino que pidió que se actuara para que le restituyeran tierras que son del dominio público. Pero que si hubiera tenido la facultad de ordenar el desalojo, lo hubiera hecho.
Como de la cuestión técnica de cómo actuar ante tales situaciones no se sale, y quedan todos enredados, la discusión derivó hacia la cuestión política de cómo se administra el Estado. Quiroga le dijo al gobierno de Gutiérrez que la insatisfacción popular deviene de un Estado que malgasta el dinero, tiene déficit, y acumula deuda, no como "su” Estado, que, al revés, presenta superávit y financia obras con recursos propios.
El gobierno de Gutiérrez respondió que tener superávit en el Estado es un pecado, y que de ese pecado es culpable en Neuquén, fundamentalmente, Quiroga. El MPN ve el superávit como un resultado de mala ejecución de los presupuestos, sobre la base de no atender las necesidades del pueblo. Si al Estado le sobra plata, dice, es porque a la gente le falta. De allí, se deduce que al Estado capitalino le sobra plata porque no hace las obras a favor de la gente que debería hacer, entre las que menciona, sin ninguna ingenuidad, la obra de lotear tierras y levantar viviendas.
El gobierno de Gutiérrez reitera, no obstante, que no le soltará la mano a ningún intendente, y tampoco a Quiroga. Que convocará a todos, y también a Quiroga, en los próximos días. Para abordar soluciones "concretas”, entre otras cosas, a la fuerte demanda, incesante, de viviendas, a la que ve directamente relacionada con la fuerte corriente inmigratoria que mantiene la provincia. Esa palabra "concreta” es la que más le gusta al gobierno del MPN. No quiere hablar de teorías, sino de política "concreta”. La política que se cuenta en ladrillos de Corfone, en edificios escolares, en rutas pavimentadas. Y de paso, compara. Se hizo una ruta entera con menos plata que lo que se gastó en hacer las calles Leloir-Dr. Ramón, afirman.
Como sabemos perfectamente, el contexto social no es el mejor, y la reactivación económica, con su demora, se lleva puestas las mejores intenciones. La pobreza se mantiene en 34,5 por ciento en el país, y ese porcentaje se refleja en Neuquén con fuerte concentración en la capital neuquina. Esto ha transformado a la gran ciudad en un muestrario de contrastes fuertes, y al mismo tiempo ha potenciado la ansiedad en la política, que no siempre es acompañada con la prudencia, y menos aún, con el conocimiento suficiente.
En esta situación y con el año electoral en marcha, es Vaca Muerta lo más importante para el MPN, y también, para Cambiemos. Y es por lo que pasa y pasará en Vaca Muerta que también transpiran la camiseta los que pugnan por acceder al poder, como Ramón Rioseco y su socio Mariano Mansilla. Aquí hay de todo: desde arriesgadas jugadas que mueven elementos marginales para agregarle el color de la violencia a los fluidos que circulan en la entrañas del fracking; hasta promoción de movidas judiciales en nombre de los pueblos originarios (500 millones de dólares se pide por contaminación no remediada) que unen en el espanto a las empresas, lideradas por YPF, con el gobierno nacional, y por supuesto, también el provincial, que posiblemente acentúe su firmeza en este tipo de litigios.
La idea de la política "práctica” que tanto le gusta al MPN es armonizar para que Vaca Muerta no detenga su resurrección. Armonizar implica integrar un frente político con suficiente poder y respaldo como para enfrentar a quienes se pongan en la vereda de enfrente. Por eso no cree ni piensa en debilitar el gobierno de Omar Gutiérrez, sino en precisamente todo lo contrario. La carpa chica del actual oficialismo emepenista es plenamente conciente de la necesidad de tener una gobernabilidad fuerte en este momento en el que se acrecientan las contradicciones y se intenta potenciar las desigualdades.
Porque, en definitiva, más allá de las palabras incesantes que corren como gamos despavoridos por la planicie superficial de la realidad, la negociación de fondo es acordar, no disentir, apaciguar, no exasperar.
Lo que se verá, muy posiblemente, es este lento tránsito hacia una mayor racionalidad. Hay o habrá acuerdo en que es la única manera de atenuar la sinrazón de los apurados, de los que ven en la violencia una manera de abrir más rápido la puerta hacia el incierto paraíso.
Rubén Boggi