EDITORIAL

Más paranoia que inteligencia en la catarsis inicial del MPN

Las reuniones divergentes. La mediación de Pereyra. Qué es lo que puede pasar. Alguna anécdota ilustrativa.

El comienzo efectivo de la interna del MPN que este año dirimirá quién conduce el partido y quién será el candidato al 2019, rozó en los primeros movimientos el colapso, un poco exagerado, con el anuncio de dos reuniones divergentes, una convocada por el gobernador Omar Gutiérrez, la otra por el vice y presidente de la Convención, Rolando Figueroa. La pulseada tuvo como moderador de oficio al senador Guillermo Pereyra. El líder sindical intentará que se levanten esas dos reuniones, para encarrilar las diferencias de otra manera, teniendo en cuenta que no son solo la expresión de una pelea en la Lista Azul, sino de otra más grave, que involucra a los dos hombres con mayor responsabilidad institucional en la provincia.

Cuando Figueroa concretó la convocatoria a la reunión de la Convención para el viernes 16, aclarando que era un encuentro ordinario y no extraordinario de los convencionales, el elenco gubernamental y sus asociados familiares se movilizaron inmediatamente para boicotearla. Se organizó el encuentro de intendentes y se convocó desde Caviahue a otra reunión para el mismo día, con la evidente intención de romper la asistencia a la Convención. Al encuentro de intendentes fueron 25. En realidad, pocos intendentes y muchos presidentes de comisiones de fomento, que son prácticamente empleados del Gobernador. La situación repercutió entre los “neutrales” que todavía no terminaron de decidir qué harán en una eventual interna de una manera que fue sintetizada por Pereyra: buscar hacer algo para que el partido no implosionara tan prematuramente, desnudando una realidad preocupante: no hay liderazgos claros ni seguros, y hay más debilidad que fortaleza porque el gobierno está cuestionado.

Pereyra se reunió con Gutiérrez y dejó plantada su posición: la pelea en la Lista Azul puede impactar desfavorablemente en el partido todo, perjudicando objetivamente al MPN, al menos tal como se planteó la situación inicial. Pidió levantar las reuniones y buscar una instancia negociadora. Si eso no prospera, el petrolero considerará cumplido el trámite mediador, y seguirá con su trabajo político propio en el partido, que pasa por reuniones, consultas y construcción con su propia lista (Azul y Blanca) y otros sectores, como el MAPO y la Lista Blanca.

Mientras, el gobierno –es decir, Gutiérrez y sus allegados- intenta ir concretando la movida para instalar la reelección. Para eso, mira con desconfianza a todos, imbuido de una notable paranoia que activa conspiraciones, operaciones siniestras y demás especulaciones de escritorio. Tiene dificultades, pero está jugado en esa línea, a tal punto que comenzó un trabajo mediático con derivaciones de los escasos dineros disponibles hacia un medio capitalino que no es LU5 ni AM 550 ni CN 24/7. Hasta se está instalando un estudio de televisión. ¿Por qué, si el Estado tiene uno, el de RTN? Porque, si bien lo tiene, no lo maneja. Paradojalmente, el medio del Estado es más “independiente” del gobierno que otros medios privados.

¿Hasta dónde llegará esta inicial confrontación y medición de fuerzas? Los signos son inquietantes. Una muestra de los ánimos alterados sin mayor causa: el miércoles, para cerrar el año del Centenario del nacimiento de Felipe Sapag, se organizó un acto para depositar una ofrenda floral en el monumento al líder neuquino, en la avenida Olascoaga. Se invitó a mucha gente, y por supuesto, al gobernador Gutiérrez. También al vice Figueroa, y al intendente de la ciudad, Horacio Quiroga, el jefe de Cambiemos. Gutiérrez avisó que si iba Quiroga, él no acudiría a la cita.

Estas cosas van perfilando una situación de inevitable catarsis en el MPN. Es inexorable, y necesaria, porque hay una convicción instalada en todos, o casi todos: el riesgo de perder en el 2019 es concreto. Casi nadie cree en esa historia contada antes de ser plasmada en la realidad, que ilustra sobre un presunto compromiso de Mauricio Macri para no amenazar el castillo emepenista siempre y cuando se permita y asegure que la capital siga en manos de la tropa del globito amarillo. Esa jugada, más propia de la política del siglo XVII que de la complejidad actual, no es creíble para casi nadie, salvo algún que otro afiebrado aferrado a las mieles inciertas de un poder sin madurez ni convicción.

Esa catarsis necesaria que el MPN barrunta, se encarna en las internas. Podrá ser más o menos dolorosa, en tanto prime la inteligencia por encima del miedo.

Rubén Boggi

 

 

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