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Se acrecienta la singularidad neuquina mientras aumenta la fiebre electoral

El MPN definió su continuidad con un cambio de autoridades por lista única. Cómo queda el escenario. Lo que influye y determina es el excepcional momento de Vaca Muerta.

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El proceso de construcción electoral en Neuquén, apuntado hacia las elecciones que se harían entre agosto y septiembre del año próximo, confirmó durante la semana lo que se había anticipado, una lista única en el Movimiento Popular Neuquino (MPN), y la definición suma un ladrillo más en la pared de la eventual reelección del actual gobernador, Rolando Figueroa, y la consolidación de una gestión enfocada en apurar la infraestructura provincial, una urgencia difícil de discutir en razón de la característica no renovable del recurso que alimenta la mayor parte del presupuesto.

Las nuevas autoridades del MPN serán proclamadas en septiembre. El diputado y jefe de bloque en la Legislatura, además de profesor de matemáticas e intendente durante dos períodos en Aluminé, Gabriel Álamo, será el presidente del partido; y Jorge Lara, veterano protagonista de (casi) todos los gobiernos neuquinos desde 1983 hasta aquí, el titular de la Convención. Sucederán así a Omar Gutiérrez y Jorge Sapag.

La Lista Celeste y Blanca desplaza a la Azul, y, huelga decirlo, inaugura una era diferente, con un rol distinto para el partido que gobernó, con la sola interrupción de gobiernos de facto, desde 1963 hasta 2023.

¿Cuál será el rol del MPN? En principio, contribuir dentro de La Neuquinidad, aceptando sin estridencias el liderazgo de Figueroa. Al mismo tiempo, se supone que habrá un trabajo de saneamiento y organización de su estructura, que incluirá el financiamiento partidario, colapsado desde que se dejó de habitar la Casa de Gobierno. La herramienta puede seguir en uso, pero es aventurado definir, por ahora, cuál será su importancia.

La formalización de ser parte del carro del que tira el actual gobierno neuquino, y compartirlo -por ahora sin grandes diferencias- con otros sectores de la política, se explica fácil, por la excepcionalidad del momento; más allá del primer paso, que fue la victoria de Figueroa en 2023 y la consecuente primera derrota a nivel provincial del MPN, lo que pesa fundamentalmente es la coyuntura económica por el desarrollo impresionante de Vaca Muerta.

En los últimos días, Horacio Marín, CEO de YPF, anunció la mayor inversión hasta el momento en este rubro, estimada en 51.000 millones de dólares, para la industrialización y exportación del gas de Vaca Muerta. Es una inversión apuntada a comenzar a exportar a otros continentes entre 2029 y 2031; pero, además, para los fines políticos neuquinos, es un objetivo ineludible para cualquiera, y un gran motivo para que se consolide pragmáticamente el actual gobierno provincial.

El plan requiere la construcción de un gasoducto gigante desde Neuquén y la instalación de dos plantas de licuefacción flotantes frente a las costas de Río Negro, específicamente en el Golfo San Matías. Se proyecta alcanzar inicialmente 12 millones de toneladas anuales de GNL. La petrolera YPF, aliada con ENI y XRG, estima que la infraestructura madurará comercialmente entre 2029 y 2031, abriendo ingresos externos proyectados en hasta 20.000 millones de dólares anuales.

Las proyecciones son muy promisorias: El plan promete la generación de unos 20.000 puestos de trabajo estables, en la región, hasta el año 2050.

Nunca antes se había tenido esta planificación, concreta, en manos privadas y en coordinación con el Estado, en la Argentina, y, especialmente, en Neuquén y Río Negro. No entender la magnitud de esto, y su influencia determinante en los procesos políticos, es de un negacionismo rayano con la estupidez.

Así las cosas, también hay que considerar el contexto nacional, pues la política funciona imbricada territorialmente; y, lo que se ve, es una ansiedad superlativa entre los protagonistas de la escena, que tiende a instalar la cuestión electoral, aunque falte más de un año. Se hacen decenas de encuestas por semana, se mide a los “outsiders”, la fiebre crece de manera alarmante para un país que todavía no está sólido, un país en el que la economía encuentra, al mismo tiempo, y paradojalmente, razones de fundamento y de erosión de sus bases, en función del descontento social provocado por el largo sacrificio de los sectores con menores ingresos.

La fiebre recorre todos los distritos, pero, en Neuquén, acrecienta la singularidad, en lugar de relativizarla. En este momento, no se ven razones para que domine alguna propuesta de nacionalización de objetivos o candidatos; por el contrario, cada vez pesa más lo local, en un territorio atravesado por las excitantes contradicciones del crecimiento.

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