El canciller brasileño Mauro Vieira salió a reclamarle al gobierno de Javier Milei un gesto concreto para recomponer el vínculo bilateral, deteriorado hasta el punto de que actualmente ambos países se relacionan a través de encargados de negocios, sin embajadores en sus respectivos destinos. "Se necesita un gesto: el de parar las agresiones", afirmó Vieira en diálogo con Clarín, en la declaración más directa que un funcionario de alto rango del gobierno de Lula hace sobre la crisis diplomática entre Buenos Aires y Brasilia desde que Milei viajó a San Pablo el 25 de julio para apoyar la candidatura de Flávio Bolsonaro, llamó "ladrón" a Lula, "basura calva" al juez Alexandre de Moraes y exhortó a la multitud a "parar la basura socialista". El canciller, que fue embajador en Argentina entre 2004 y 2010, subrayó que el vínculo entre ambos países "es muy importante" y que su normalización depende de que cesen las agresiones para que los embajadores puedan regresar a sus puestos.
Vieira también rechazó dos acusaciones específicas que Milei formuló en las últimas semanas. Calificó de "totalmente falso" el señalamiento de que Brasil habría financiado la campaña presidencial de Sergio Massa en 2023, una acusación que el gobierno argentino no respaldó con pruebas públicas. Y expresó su sorpresa ante la caracterización de Lula como "comunista" por parte de Milei y dirigentes oficialistas: "Lula jamás negó ni buscó modificar el carácter capitalista de la economía de su país", señaló, atribuyendo las críticas a "la visión del presidente argentino" antes que a la realidad de la política económica brasileña. Pese al malestar, el canciller fue enfático en que Brasil sigue considerando a la Argentina como un socio estratégico y que el vínculo comercial bilateral —que en julio mostró una reducción del déficit comercial argentino— no está en riesgo.
La crisis diplomática entre los dos principales socios del Mercosur es la más grave en décadas y tiene una dimensión que va más allá de las ofensas verbales de Milei en San Pablo. El gobierno de Lula llamó a su embajador en Buenos Aires en consultas sin fecha de retorno, suspendió las reuniones bilaterales previstas y elevó su queja al plano multilateral. Del lado argentino, el gobierno de Milei no solo no pidió disculpas sino que siguió profundizando el enfrentamiento, con el mandatario acusando a Brasil de interferir en la política argentina. El reclamo de Vieira de que cesen las "agresiones" como condición para la normalización deja en manos de Buenos Aires el primer movimiento en una crisis que, mientras no se resuelva, priva a ambos países de la capacidad de coordinar en los organismos regionales e internacionales donde su peso conjunto es considerablemente mayor que el de cada uno por separado.