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Regímenes autoritarios usan Inteligencia Artificial para propagar desinformación

Tres regímenes sin prensa libre usan la inteligencia artificial como herramienta de propaganda y comparten una misma receta: saturar las redes con falsedades que parecen reales.

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Jueves, 01 de octubre de 2026 a las 19:18
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Irán, Rusia y China usan la IA usan la inteligencia artificial como herramienta de propaganda

Dicen que en toda guerra la primera víctima es la verdad. En el siglo XXI, esa víctima tiene un nuevo verdugo: la inteligencia artificial. La misma tecnología que traduce, diagnostica y automatiza tareas puede convertirse en un arma de doble filo, el llamado "uso dual": herramientas legítimas puestas al servicio de fines que no lo son. Y, según una investigación del sitio El Archivo, en una nota de Uriel Salomón, quienes mejor la aprovechan son los regímenes donde no existen la libertad de prensa ni la de expresión.

Rusia lleva la delantera. Su aparato de desinformación es una de las armas más eficaces del Kremlin, y tiene antecedentes conocidos, como el Proyecto Lakhta, que desde 2016 inundó las redes de Estados Unidos con perfiles falsos para inflamar el debate. Hoy el método se sofisticó: la red "Pravda" habría publicado 3,6 millones de artículos en 2024, no tanto para convencer a lectores como para contaminar lo que responden los chatbots. Un caso lo muestra: una falsa venta de oro armenio a empresas turcas fue confirmada como cierta por varios asistentes de IA.

China, por su parte, usa la misma herramienta para influir en la guerra comercial con Estados Unidos y en la cuestión de Taiwán. Kevin O'Leary denunció una oleada de cuentas automatizadas contra sus perfiles, X dio de baja una red de 200.000 cuentas vinculadas a Pekín y Taiwán detectó casi 100 grupos de cuentas que difundieron más de 9.000 mensajes divisivos tras la reunión entre Trump y Xi. El objetivo era instalar dos ideas: que la reunificación traería paz y que el respaldo estadounidense a la isla es incierto. En un sistema de partido único, donde todas las decisiones emanan del mismo lugar, la propaganda no es un exceso: es política de Estado.

Irán es el tercer actor, y los argentinos lo conocemos bien. La República Islámica ya había exportado su violencia a nuestro país con los atentados de 1992 contra la Embajada de Israel y de 1994 contra la AMIA, y más tarde armó y entrenó a Hamas y a Hezbolá, que atacaron a Israel el 7 de octubre de 2023, antes de los enfrentamientos directos con misiles y drones de 2025 y 2026. Durante años su método fue la bomba. Hoy, además, es el algoritmo: una teocracia que controla toda la información que circula puertas adentro y que usa la tecnología para fortalecer su relato hacia afuera, incluida la acusación de genocidio contra Israel en Gaza, una definición que no se ajusta a lo ocurrido.

Las imágenes más crueles circularon por millones: bebés ensangrentados entre escombros, calles devastadas, familias buscando sobrevivientes. Muchas eran deepfakes, y los detalles las delataban: dedos que se curvan de manera extraña, ojos con un brillo antinatural. Durante la guerra entre Irán e Israel se multiplicaron además los videos falsos de misiles cayendo sobre Tel Aviv, y los tres más vistos superaron juntos los 100 millones de visualizaciones. Otras falsificaciones aseguraban que Irán había destruido cazas F-35, el avión estadounidense de última generación. De ser ciertos esos videos, habría arrasado con el 15% de la flota israelí de estos aparatos.

El denominador común es evidente. Donde el poder controla lo que se publica, la información fiable es imposible, y la IA solo le puso velocidad y escala a una vieja costumbre autocrática. Frente a eso, la defensa sigue siendo la misma: prensa libre, verificación y ciudadanos que duden antes de compartir. Porque la indignación que provoca una imagen falsa es siempre real, y por eso funciona.

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