El peronismo del siglo XXI vuelve a gobernar Argentina, pero con una oposición fuerte, que se cimenta en la remontada conseguida por quien perdió las elecciones, Mauricio Macri. Hubo sorpresa, si se contrasta el resultado con encuestas que eran extremadamente halagadoras para Fernández-Fernández, vaticinando más de 50 por ciento de los votos. Eso no sucedió. De hecho, más de la mitad del electorado se ha pronunciado como no-peronista, en el país del peronismo.
Hubo sorpresa también en lo sucedido concretamente en Neuquén. Se esperaba, en el establishment, una derrota de Juntos por el Cambio, a manos del MPN. Esto tampoco sucedió. El triunfo de Todos se llevó las previstas dos bancas del Senado, más una en Diputados; pero las otras bancas quedaron para Juntos por el Cambio. Al menos, una de ellas, la de Francisco Sánchez en Diputados. La senadora, que renovará su banca, Lucila Crexell, es la dueña de ese lugar por otros seis años. Habrá que ver qué decide, más adelante. Con qué sectores alineará esa banca, que la dirigencia local de Juntos por el Cambio intentó quitarle.
El MPN, como partido, queda sin representación en el Senado. Dos mujeres, Silvia Sapag y Lucila Crexell, ambas alejadas del oficialismo provincial (muy alejadas de Omar Gutiérrez, sobre todo) estarán en esa cámara. Se supone que el MPN, de alguna manera, se ocupará de tenerlas más cerca que lejos, para las cuestiones que le interesan a la provincia.
Mauricio Macri consiguió mantener encendida la llama, pues achicó la diferencia a 7-8 puntos. Hay que recordar que, en las PASO, la diferencia fue de casi 17 puntos, según el escrutinio final. Lo de este domingo fue una gran remontada para Macri, que lo consolida como referente de la oposición, casi inevitable. No pudo forzar la segunda vuelta, pero sí logró el objetivo secundario, además de retener la Ciudad de Buenos Aires.
La ciudadanía mueve sus decisiones sin necesidad de explicar nada. El país queda listo para una redefinición de sus objetivos inmediatos, con Alberto Fernández como presidente. Pero no se ha propiciado un gobierno con chequera en blanco, sino un mandato que necesitará de más prudencia. El tramo entre las PASO y esta primera vuelta, así lo marca: cualquier exageración o gesto desmedido, puede costar caro, en esta Argentina implacable.