Que Florencia Penacchi fue raptada para formar parte de las víctimas de las redes de trata de personas, a esta altura está fuera de toda duda razonable. Pese a ello, la investigación nunca avanzó y menos aún por el andarivel de esa hipótesis.
Hoy se cumplen doce años de su desaparición, y habrá un acto y marcha en el centro de Neuquén capital a las seis de la tarde.
La joven neuquina vivía en Buenos Aires, en el barrio de Palermo, junto a su hermano. Estudiaba Ciencias Económicas y cursaba el quinto año.
El 16 de marzo de 2005, organizó una cena para sus amigos en su departamento. Una vez que sus invitados se fueron, Florencia salió sin documentos y sólo con su teléfono celular. Sobre la mesa del comedor quedaron sus documentos y tarjeta de crédito. Al día siguiente llamó a su hermano para preguntarle si alguien había preguntado por ella y también llamó a su trabajo para avisar que no iba a concurrir. Fue lo último que se supo de la joven.
El primer e inquietante dato lo obtuvo la fiscalía, al descubrir en su teléfono celular cerca de 50 llamadas telefónicas, del día 15, al de un hombre a quien había conocido en un boliche. Ese hombre tenía antecedentes penales por venta de drogas. Esa línea de investigación llegó hasta allí y se desvaneció.
Se concretaron cerca de 100 allanamientos. En prostíbulos, casas de familia, y hasta se realizaron excavaciones donde "testigos reservados” dijeron saber que había sido enterrada.
Tiempo después una mujer rescatada de la trampa de una red de trata aportó testimonio y fotografía de alguien que podría ser Florencia, reclutada en un hotel de mala muerte para ejercer la prostitución. Una pericia antropométrica realizada a la fotografía dio que en un 90 por ciento podría tratarse de la joven desaparecida. Como con la anterior, en esa hipótesis tampoco se pudo avanzar.
Su familia y amigos siguen sin tener una respuesta.