Aquí había un mural. En este paredón que ahora oficia de cartel de presentación de la Ciudad Deportiva, había un mural. Pintado por la artista Elisa Algranati, y alumnos de Bellas Artes. El deporte y la cultura conviven en ese gran predio. También está por ahí la policía. Tanta integración a veces puede confundir. ¿Quién es el dueño? ¿Es un condominio? ¿Es una vecindad, como la del Chavo?
Aquí había un mural. Ahora hay un cartel, y unas figuritas de escaso valor artístico que simbolizan lo previsible, lo obvio. El mural había sido una iniciativa que integró derechos humanos, cultura, historia, arte. La blanqueada que se le aplicó por arriba borró todo. No es la primera vez que sucede algo así en Argentina. Hubo acontecimientos más violentos y terribles. Pero en el fondo, se trata de lo mismo.
La incomprensión. La intolerancia. La supremacía del más fuerte, o del más oportuno. No es inteligente. Ni siquiera es de pícaros destruir una obra de arte. Es, siendo optimistas, un acto de estupidez.
Aquí había un mural. Qué lástima.