El escenario se está armando para que, a mediados de mes, la obra tenga su acto final en el que todos los actores ganan, pero a la vez, algo pierden y con el que se garantizará la paz social y la armonía en la industria hidrocarburífera.
Las figuras estelares son Nación, la provincia de Neuquén y los sindicatos que nuclean a los petroleros privados conducidos por Guillermo Pereyra y los Jerárquicos, con Manuel Arévalo a la cabeza, y las empresas petroleras.
Para llegar al final feliz, la obra deberá primero atravesar un ciclo de dramas complejos y la sensación de zozobra inminente.
Para crear este clima, YPF aportó lo suyo al anunciar que no planea reactivar 33 equipos torre (perforación, pulling y workover) que mantenía en stand by en la cuenca Neuquina desde febrero en el marco de un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) firmado con los sindicatos petroleros y las cámaras que agrupan a las empresas productoras y de servicios (Ceph y Ceope).
Esto implicará que cerca de 1.700 trabajadores contratos como compañías de servicios –entre las que figura H&P, San Antonio, DLS, Nabors y Quintana, entre otros- pierdan su puesto de trabajo en los próximos días.
Con este anuncio, los sindicatos rápidos de reflejos, alistaron a sus tropas para enfrentar con medidas de fuerza la crisis.
Pereyra anunció este jueves bien temprano que tendrá este viernes a la mañana una cumbre de delegados en los que se podrían resolver medidas de fuerza. Como es tradición, tras el anuncio seguramente llegará la conciliación obligatoria que podrán paños fríos por al menos unos días.
Arévalo por su parte, tras hacer una presentación en el ministerio de Trabajo anunció un paro "sorpresivo” a partir de este viernes pero sin dar mayores precisiones, por lo cual, la mayoría de sus tropas no sabían si debían subir al campo o paraban directamente en los yacimientos. Ya con este clima, se viene otro de los actos de la obra.
Trascendió en las últimas horas, que el costo monetario que le significaba a YPF mantener a ese número de trabajadores en sus casas sería reemplazado por un aporte de Nación.
Sería un subsidio de 20 mil pesos para mil trabajadores. El resto de los trabajadores "domiciliarios” retornarían a la actividad con la suba de algunos equipos. En medio de todo esto se mezclan adendas a los convenios de trabajo de cada sector para hacer viable la explotación de recursos no convencionales, alojados entre otras formaciones en Vaca Muerta. En este "paquete laboral” entra entre otros ítems desde las hora taxi hasta la contratación exclusiva de mano de obra argentina.
Todos ganan algo, todos ceden algo.
Por el lado de Nación, provincias y empresas se mantendría un precio del gas cercano a los 7,5 dólares el millón de BTU, un sendero para liberar el precio del crudo y para dar muerte al distorsionador "barril criollo”.
La pérdida de regalías que dejarían de percibir las provincias por su eliminación sería compensada por los mayores ingresos generados por el precio de gas y su mayor producción.
Esto también derivaría en una menor pérdida de divisas por la adquisición de energéticos importados. Y por último, las empresas petroleras, principalmente YPF podría hacer rentable su proyecto de desarrollar Vaca Muerta sin tener que explicar mucho porqué se tomó la decisión de priorizar como sea los pozos verticales sin resultados positivos.
El acto final permitirá sentar a todos los actores en una gran mesa. Nación, provincia, sindicatos y petroleras. Paz social, reactivación y subsidio para los que no tengan la suerte de ser llamados a trabajar.
Fin de año, fin de la obra y a brindar en la mesa navideña.