Caminaba por el centro de Neuquén y vi a través de las ventanas de seis casas a tres personas sentadas frente a una computadora sin siquiera observar lo que pasaba alrededor de ellos. En otras dos viviendas, familias sin conversar por mirar el celular. Y en la última, una joven en el sillón con el televisor prendido y usando una tablet al mismo tiempo.
En dos oportunidades, eran dos hombres en la computadora mientras sus hijos pequeños jugaban atrás de ellos. La joven que estaba en el sillón no tenía diálogo con, aparentemente, su mamá. Ni hablemos de la familia que estaba "compartiendo” la merienda.
Y es que yo ahora quiero preguntar en dónde quedó la vida, dónde quedó una charla interesante… Cuándo fue el día que la tecnología se interpuso tanto entre nosotros y cuándo fue el momento en el que yo tengo que publicar esto en un portal online para llevar un mensaje.
¿Avance o retroceso?
Yo caminaba por el centro para juntarme con mi grupo de amigos. Fuimos a tomar algo. Llegué y abracé a todos… ¡Hacía tanto tiempo que no los veía! Lo único que sabía de ellos era lo que me iban comentando a través de, claro, whatsapp. Un punto a favor para la tecnología.
-¡Qué colgada que sos nena! No respondés casi nunca por whatsapp – Fue lo primero que me dijo una de mis amigas.
-Y vos estás todo el día en línea, sos el vicio en persona… - Comentó uno de los chicos a modo de risa.
Veinte minutos pasaron desde que nos sentamos. De siete, cinco no soltaron el celular.
Me preguntaron qué había pasado con Sebastián y por qué había terminado nuestro "amor”. Realmente se veían muy interesados en saber.
-Yo creo que nunca se terminó el amor – Empecé a contar - Simplemente uno tiene proyectos de vida que son diferentes y…
-¡Ay pará! Antes que sigas tenés que ver esto… Mirá lo que publicó Ximena en Facebook – Dijo Romina.
Cinco minutos de historia quedaron suspendidos entre las opiniones de todos por lo que había publicado Ximena.
-Seguí, seguí – Pidieron todos.
-Bueno, yo creo que el amor nunca se terminó pero para ser felíz uno tiene que hacer lo que siente y…
-Perdón que te interrumpa amiga… Me escribió Natalia para ver dónde estamos. Chicos, le digo que venga. ¿No?
Otra interrupción que duró más minutos.
-Bueno, nada, les decía que uno tiene que hacer lo que siente para estar contento – Dije continuando con mi historia – Y que no haya funcionado, no quiere decir que él no me quiere o que yo no lo quiera a él…
- Querer también tiene que ver con responder y… ¡Esperen! Porque a mí Lucas me acaba de "clavar el visto”. No me respondió nada por whatsapp… Miren, miren – Dijo Lorena mostrando la pantalla.
Y ahí teníamos otra interrupción. La tercera. Cuando miré el panorama… En realidad nadie me estaba escuchando. Estaban pendientes de si Pepito o Juanito "clavaban el visto en whatsapp”. O si Mengano había publicado algo nuevo en Facebook o Twitter. Concentrados en ver si sus súper mega enemigos habían subido una nueva foto a Instagram para poder criticar.
Me frustré y me fui en medio de enojos hacia mi persona por haberlos "dejado en banda”. Es que claro… ¡Una vez que nos habíamos juntado a hablar yo me iba! Era mejor que estar en un lugar en el que no me prestaban atención.
Empecé a caminar. Iba a buscar a mi verdadera amiga, con la cual puedo disfrutar de un momento al aire libre. Sin nada que interrumpa unos minutos dedicados a mirar el cielo y nada más. A sentir el aire fresco en nuestra cara. A mirar el agua correr en el Paseo de la Costa.
En el trayecto, vi muchas situaciones parecidas. Un hombre muy lindo que iba caminando pero sin observar lo que pasaba alrededor, mirando su celular. Se chocó con una mujer que encajaba perfectamente para él pero que también iba mirando el aparatito. No se pidieron disculpas e intenté pensar qué hubiera pasado si se hubieran mirado a los ojos. Algo tan simple como eso.
Sigo preguntándome qué pasa con la vida más allá de la tecnología mientras a vos se te pasa la vida por mirar el celular.
Algo que te pasa a vos y a mí. Realidades que vivimos en Neuquén City.