Las veredas de mármol, de adoquines, de cemento, de baldosas, de ladrillos, entre otros modelos, decoran y le dan un touch pintoresco a la city. Sin embargo, no todo es color de rosa, o color mármol…Cráter, cratercitos, buracos, buraquitos no solo en las calles sino también en las veredas neuquinas.
Transitarlas, más que un hecho rutinario para miles de trabajadores, caminantes y transeúntes, es todo un desafío a todo riesgo para evitar caídas y fracturas.
No fue el caso de Elvira, una abuela de 70 años que el martes pasado se dirigía a hacer unas negligencias en el bajo capitalino y al cruzar perito moreno, la rampa se encontraba con un desnivel pronunciado que hizo que la señora se tropiece y caiga a varios metros.
La ambulancia no llegaba y el reloj y el dolor de Elvira seguía su curso. Fractura expuesta de muñeca y una futura operación de muñeca fue el diagnóstico recetado. En su casa varios meses, las aulas del instituto dónde trabaja sentirán su ausencia y la vereda del bajo sumo un marca más.