La prohibición de la venta y uso de la pirotecnia en Neuquén es, por ahora, una quimera. Pese a las advertencias sobre el impacto negativo que tienen los fuegos de artificio sobre personas y animales, la medianoche de Navidad demostró que las prohibiciones sin controles son medidas tribuneras.
Con más o menos intensidad sonora, la hora del brindis navideño fue acompañada de los clásicos estruendos provocados por el lanzamiento de una artillería de petardos que se extendió por varios minutos. ¿No era que no se podían tirar cohetes?. Sí, hay una ordenanza que lo impide.
En mayo de 2012, el Concejo Deliberante aprobó la norma legal para multar a quienes comercialicen, usen, manipulen, guarden en depósitos o trasladen elementos de pirotecnia en el ejido de la ciudad. Pero ya desde ese momento, se supo que su control resultaría casi una utopía.
No sólo por la imposibilidad de sacar a la calle un ejército de inspectores que recorran la ciudad en los pocos minutos posteriores a las doce de la noche sino porque, como ha sucedido el pasado sábado en una feria del Oeste de la ciudad, la pirotecnia se vendió de la forma en que la Ordenanza lo prohibe y a la vista gorda de quienes debían hacer el control.