La vida de Matías Lujan Curruhuinca pasó por muchas vicisitudes. Suena paradójico, pero a sus jóvenes 20 años tuvo que lidiar con muchas cosas y con un flagelo que, lamentablemente, es una moneda corriente para la sociedad argentina: la droga. Estas circunstancias de la vida representaron un desafío muy importante para el.
Matías pertenece a una comunidad mapuche y prácticamente se crió en una escuela rural. Allí aprendió diversos oficios, aunque según manifestó el propio protagonista le costó adaptarse. Sin embargo, reveló que cuando finalizó la primaria no quería estudiar y el campo le permitió alejarse de las drogas. "El alcohol fue la puerta de ingreso a las drogas, creo que hoy en día con el acompañamiento y lo que voy aprendiendo jamás volvería a consumir", puntualizó. Desde hace 4 años que Matías no consume drogas, lo que implica un gran logro luego de haber sorteado muchas dificultades.
Un punto de inflexión fue cuando comenzó el secundario en Junín de los Andes y allí se topó con las drogas. El consumo crecía a pasos agigantados y la voluntad de estudiar decrecía, pero hubo fuerzas para revertir esa adversidad nefasta y que albergaba una maldad sin precedentes. "Gracias a mis padres y a mis amigos pude superar momento oscuros y malos pensamientos que me llevaron a desconfiar de mi. En el hogar comencé a revertir mi problema, hice el secundario y un oficio que me mantenga ocupado", reconoció Matías.
El sacrificio, las caídas, la resiliencia, la asistencia constante de su familia y las amistades de fierro fueron su norte y sus principales puntos cardinales en la lucha contra la droga. Ahora todo cambió, el panorama es distinto luego de que las tempestades dieran lugar a la calma. Matías estudia arquitectura en La Plata y trabaja en una escuela salesiana luego de haber presentado los títulos para obtener becas.