No me pidió plata, comida ni abrigo. Curiosamente me recibió con una sonrisa mientras almorzaba sus ravioles fríos en una plaza frente al Hospital Heller. Se llama Orlando y vive en la calle hace dos años y medio, no tiene trabajo ni techo pero cuenta con la dignidad suficiente para afrotar la realidad y querer vencerla pese a tener una enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
La imagen es triste y dolorosa, sobretodo escuchada en primera persona, pero más triste fue escuchar que fue coimeado por un funcionario cuando suplicaba por una pensión de indigente. "Vos tenés 55 años y debes tener 65 mínimo para acceder, pero si vamos mitad y mitad, podemos"; esa fue la respuesta de un trabajador que cobra su sueldo supuestamente para ayudar a los ciudadanos neuquinos.
Ante este delicado panorama, y soportando las bajas temperaturas de ola polar que azota la región, Orlando continúa sentado en su living-comedor (como suele llamarlo él), con su EPOC en situación crítica y en búsqueda de un trabajo para poder mantenerse.
Su familia lo ignora y los políticos lo ningunean. Sólo le queda la ayuda de los vecinos y sus ganas de vivir y salir adelante.