Los actos de vandalismo que arruinan monumentos, paredes de edificios públicos y de propiedades privadas, afianzaron su expansión territorial, y avanzaron con dañino ímpetu hacia el alto de la Avenida Argentina.
Triste testimonio de ello, las pintadas que los cultores del mal uso del aerosol dejaron tras su paso por el cruce con Periodistas Neuquinos, donde se ensañaron contra el monumento que recuerda a Rodolfo Walsh.
Cada vez con más saña -o, en todo caso, desidia- el patrimonio histórico y cultural de la ciudad de Neuquén es presa de estos ataques.
No es que la Avenida desde Roca hacia el Parque Norte estuviera exenta. Nada de eso, sólo que ahora se ha multiplicado el daño. Tanto es así que las leyendas con reivindicaciones, reclamos o posturas colectivas, ganaron edificios, comercios, bancos de la rambla y, por supuesto, los muros de la Escuela San Martín y de la Biblioteca Popular Alberdi.
Este afianzamiento de la expansión territorial hace que las cuadrillas municipales encargadas de la limpieza (casi titánica, dada la calidad de la pintura) prácticamente no den abasto.
“¿Con qué necesidad se hace esto?” preguntó el intendente Horacio Quiroga, luego de la última gran andanada de pintadas cuyos vestigios aún perduran. Con ninguna, sería la respuesta lógica.