Pese al caudal de información que transita por las redes sociales, los estresantes tiempos que nos tocan vivir hacen que hasta la historia reciente caiga literalmente en el olvido.
Aquí, en pleno centro de la ciudad de Neuquén, se encuentra el monumento que recuerda al soldado Omar Carrasco, cuyo homicidio en un cuartel de Zapala terminó con el servicio militar obligatorio en la Argentina.
El 3 de marzo de 1994 Carrasco llegó al cuartel desde su Cutral Co natal, y a los tres días el teniente Ignacio Canevaro y dos colimbas lo sometieron a lo que entonces se llamaba “baile” y que, esa vez, decantó en una bestial golpiza con consecuencias letales.
El cuerpo fue escondido y el hallazgo recién se produjo al mes; para ser precisos, el 6 de abril de 1994. Luego sobrevinieron las tramas de encubrimientos pergeñadas por los militares, el juicio y las condenas.
Carrasco apenas tenía 19 años y varios sueños por cumplir. Hoy, 24 años más tarde, el monumento que lo recuerda en Avenida Argentina y Belgrano es víctima de un deterioro crónico que ha llegado al extremo. Tanto que ya no puede leerse su nombre, en virtud del desprendimiento de los cerámicos. Lamentablemente, la historia parece caerse a pedazos.