Planeta Tierra, Argentina, Ruta de los 7 Lagos. Un paisano, serio como perro en bote, hace dedo. Para un auto. Diálogo. ¿Para dónde va, amigo?, pregunta quien conduce. Pa’ la Villa, responde el que anda a pie. Vamos, dice el que maneja, mientras abre la puerta.
Uno de los mejores destinos turísticos de Sudamérica, Villa la Angostura, ha decidido presentarse como Angostura, a secas. La ciudad lanza una nueva marca que deja de lado uno de sus atributos más característicos: su condición de Villa.
A pesar de que añoramos las villages francesas, los villagios italianos o los pueblitos españoles, en nuestro país apenas un puñado de ciudades se reconocen como villas turísticas: Villa la Angostura, Villa Pehuenia, Villa General Belgrano, Villa Carlos Paz, Villa de Merlo, Villa Gesell y unas pocas más.
El camino que ahora emprende Villa la Angostura ya lo desandó Villa Gesell, hace una década. En 2008, el balneario bonaerense, que durante unos años había decido presentarse públicamente como Gesell, decidió dar marcha atrás y volver a su identidad original: Villa Gesell.
Para Quique Gurevich, responsable de aquella reformulación de marca, “lo más importante fue recuperar el concepto de Villa. Una palabra que remite a cercanía, vecindad, pasarla bien y estar cómodo cerca. Es una cuestión de escala humana: tener todo a mano y sentirse a gusto”.
En beneficio de la síntesis, Villa la Angostura parece encaminada a amputar parte de su buen nombre. Hubo un tiempo en el que las personas se preocupaban por cosas así. Un buen nombre no era algo para perder. Hoy, en medio de tanta identidad virtual, parece importar bastante menos. O nada.