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"La denuncia de los crímenes empezó en Neuquén"

Lo recordó en "Tarde Libre" por AM550 el sacerdote Rubén Capitanio desde La Rioja.
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Sabado, 27 de abril de 2019 a las 15:49
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El 4 de agosto de 1983, los obispos Jaime De Nevares, de Neuquén, Esteban Hesayne de Viedma, Jorge Novak de Quilmes y un obispo de Uruguay que se hallaba exilado en Argentina, se reunieron en Neuquén para denunciar, por primera vez, que el obispo de La Rioja Enrique Angelelli y otros cuatro sacerdotes habían sido asesinados por la dictadura cívico - militar. La fiscalía del Tribunal Superior de Justicia que receptó la denuncia resolvió girarla a la Justicia de La Rioja para la apertura de la investigación. Luego con la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final la causa quedó paralizada hasta que hace cuatro años la Justicia determinó que ese supuesto “accidente” fue en realidad un asesinato, cuando se comprobó que su cráneo había sido destrozado a culatazos.

El sacerdote neuquino Rubén Capitanio recordó que en esta provincia se habló por primera vez del asesinato de Angelelli, en una charla que mantuvo este sábado con el periodista Sergio Sarachu en Aire Libre, por AM550, desde La Rioja, minutos después de finalizada la ceremonia de beatificación de Angelleli y de los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longeville y del catequista Wenceslao Pedernera, ordenada por el Vaticano.

La ceremonia estuvo presidida por el enviado del Papa Francisco, el prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, Angelo Becciu.

Capitanio dijo, con emoción: “qué lindo que del Vaticano vengan a un pequeño y humilde pueblo de La Rioja para decirle al mundo que tiene un santo más”, al resumir cuál fue el mensaje de Francisco que se dio a conocer.

Recordó también cómo fue el asesinato de los sacerdotes. “A Gabriel y a Carlos los sacaron de la parroquia y los torturaron hasta matarlos. A Carlos o trataban de traidor y lo torturaron de manera especial: le sacaron los ojos”, señaló Capitanio. “Wenceslao era un peón rural y padre de familia. Una noche muy tarde lo fueron a buscar a su casa y aunque estaba amenazado de muerte, resolvió abrir por si era alguien que necesitaba ayuda. Ni bien salió a la puerta lo fusilaron. Se dio vuelta y le dijo a su mujer (Coca) y a sus hijos que (a sus matadores) no los odien nunca”.

Tras la lectura de la carta apostólica del Papa Francisco que los declara beatos, se descubrió una gigantografía con la foto de los 4 mártires. “Viva los mártires riojanos”, se celebró desde el escenario que ofició de altar en el predio rodeado de cerros, bajo una lluvia de aplausos de los miles de asistentes.

La misa fue presidida por el enviado del Papa y concelebrada por el nuncio apostólico en Argentina, León Kalenga Badikebele, y unos 40 obispos de distintas diócesis del país; entre ellos el titular de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Oscar Ojea; el cardenal primado de la Argentina, arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli; y el obispo emérito de Tucumán, cardenal Héctor Villalba.

 

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