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Con 90 años, su sangre ya es criolla con ritmo de bandoneón

Nieto de Thomas Dalar Evans, hombre que llegó a poblar el valle Andino en 1894, ilustre personaje de la colonización galesa. Lugar especial para Vicente, dónde empezó a trabajar a los 14 años y aún sigue allí
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Martes, 30 de abril de 2019 a las 15:21
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Anda de bombachas, pañuelo, botas, cuenta ganado en sombrero de paja. Anda de pilchas gauchas con sangre galesa y se llama Elvet Vincent Evans. Es descendiente de aquellos pioneros galeses que hace 100 años prefirieron, en un plebiscito, que su tierra fuera argentina, cosa que hace unos días todos festejaron.

Don Vicente, en definitiva así lo llaman, es nieto de Thomas Dalar Evans un hombre que llegó a poblar el valle Andino en 1894, ilustre personaje de la colonización galesa, que dejó hijos de hijos que pronto se acriollaron entre campos de trigo. Lugar especial para Vicente, dónde empezó a trabajar a los 14 años y aún sigue allí. 

Vive en Trevelin, que se encuentra inmersa en la verde cordillera de Chubut, junto a su mujer en una hermosa aldea que conserva pintorescas costumbres galesas. 

mayo cae a pique sobre potreros verdes, sobre cuadros amarillos, recortando la sombra de un monte de pinos medio encumbrado en la sierra”, sostuvo Evans en comunicación con “Buscando Señal” en AM550. "Aunque no se podía estudiar, porque el colegio quedaba en Trelew, recuerdo los fríos, pero también el buen clima, y esta zona muy productiva de campo. Aquí me desarrollé, porque cuando muy joven me quise hacer pueblero, ¡y no me acomodé!", agregó.

Al mencionarle la palabra “bandoneón”, su voz se quebró y con sus 90 años, con firmeza sostuvo: “Es parte de mi vida, cuando lo toco viajo y me transformo. Antes, tocábamos en varios lugares, ahora, sólo disfrutan algunos”, dijo entre risas. Y por último, agradeció a la vida: "Se ha sufrido, pero he vivido una época maravillosa; conocí el barro y el agua desde el carro, y hoy los paso en auto y por arriba de los puentes".

Y de cierre, dio un consejo o la ´formula´, por decirlo de alguna manera, para llegar a los 90 años, intacto, con mucho andar e historias a cuesta: “Una copita de vino todas las noches con la cena, es la mejor receta que les puedo dar”.

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