En estos días se recuerda, desde distintos enfoques ideológicos y, por lo tanto, con diversas interpretaciones de los hechos ocurridos, la pueblada de Cutral Co y Plaza Huincul, ocurrida en 1996: una rebelión popular fortísima, que pulverizó las instituciones en esos dos municipios, gobernó por asamblea durante una semana, y fue factor determinante para la supervivencia de dos ciudades que, entonces, estuvieron amenazadas de desaparecer.
La pueblada puso en jaque al gobierno del hasta entonces incuestionado Felipe Sapag; le torció el rumbo al gobierno nacional de Carlos Menem; y refundó, fundamentalmente, a Cutral Co, que fue pasando de ser una ciudad más, administrada con desgano por el MPN, a ser una comarca con signo político propio, con una independencia más o menos consolidada gracias a un motor económico hasta entonces inédito, un yacimiento “municipal”, El Mangrullo, que hoy todavía genera recursos clave, complementarios a la recaudación de tributos y la coparticipación de impuestos.
Cutral Co pasó de ser una agónica ciudad en decadencia, sumida en la imposibilidad, a la actual ciudad de los grandes monumentos; de no tener producción propia, a tener energía solar y viñedos. Tanto ese municipio como su vecino pegado, Plaza Huincul, superaron la virtual desaparición de la petrolera estatal YPF como principal fuente de trabajo, exploraron otras posibilidades, y consiguieron llegar a la nueva realidad de Vaca Muerta, en pie y competitivos para ser parte de la agenda provincial y nacional.
Hace 30 años, uno de los “piqueteros” o “fogoneros” que participó de los cortes de rutas, Ramón Rioseco, comenzó su carrera política, primero acompañando al radical Eduardo Benítez, desde el Frepaso, después fundando su propia agrupación: hoy, gobierna la misma ciudad. El otro intendente, el de Plaza Huincul, es Claudio Larraza, quien hace 30 años vivió la pueblada junto a quien era el intendente, Alberto “Tucho” Pérez, su tío.
El impacto de aquella pueblada forjó la realidad actual de esa comarca; y sintetizó el logro de la unidad popular por sobre la división de la clase política. Hoy, la clásica división frente a los temas relevantes de la economía provincial está neutralizada, por un liderazgo nuevo, el de Rolando Figueroa, y por un consenso sobre Vaca Muerta que, hace 30 años, no parecía posible conseguir.