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La Justicia intimó a Río Gallegos por el basural: tiene 20 días para un plan urgente

Un fallo judicial obliga al municipio a presentar un programa concreto para revertir el crítico estado del vaciadero. Advierten que, si no hay avances, podrían aplicarse sanciones.

Jueves, 23 de abril de 2026 a las 00:48
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La  crisis del vaciadero municipal de Río Gallegos volvió a quedar en el centro de la escena, esta vez con una fuerte intervención judicial que pone plazos concretos y eleva la presión sobre la gestión local. En una decisión que marca un punto de inflexión en un problema que lleva años sin resolverse, la Justicia le dio al municipio un plazo de 20 días hábiles para presentar un plan integral que permita revertir la situación del basural a cielo abierto, una problemática que combina impacto ambiental, sanitario y social.

El fallo fue dictado por el juez Marcelo Bersanelli en el marco de un amparo colectivo impulsado por vecinos, quienes desde hace tiempo vienen denunciando las condiciones en las que funciona el predio. A la presentación se sumó la Secretaría de Estado de Ambiente de Santa Cruz, que también viene siguiendo de cerca el caso y advirtiendo sobre posibles incumplimientos de la normativa vigente. En ese contexto, la resolución judicial no solo exige una respuesta, sino que obliga a que esa respuesta tenga contenido concreto, medible y ejecutable, algo que hasta ahora no había ocurrido.

El municipio deberá presentar un programa detallado que incluya acciones específicas, objetivos claros y un cronograma de implementación progresivo. No se trata únicamente de un documento formal, sino de un plan que demuestre viabilidad real para transformar una situación que se fue agravando con el paso del tiempo. El vaciadero, que en su origen estaba alejado del núcleo urbano, hoy quedó prácticamente rodeado por barrios, lo que multiplica su impacto sobre la vida cotidiana de cientos de familias que conviven con olores, residuos expuestos, humo y la presencia constante de roedores e insectos.

La advertencia de la Justicia no es menor. En caso de que el municipio no cumpla con lo dispuesto dentro del plazo establecido, la Secretaría de Ambiente podría avanzar con sanciones. Este punto introduce un elemento clave: ya no se trata solo de una discusión política o administrativa, sino de una posible consecuencia concreta que podría derivar en multas u otras medidas más severas. En las últimas semanas, de hecho, ya se habían iniciado actuaciones administrativas por posibles infracciones ambientales, lo que evidencia que el conflicto venía escalando incluso antes del fallo judicial.

El problema del basural de Río Gallegos es estructural y expone una combinación de factores que se repiten en distintas ciudades del país: crecimiento urbano sin planificación adecuada, falta de inversión en infraestructura para el tratamiento de residuos y ausencia de políticas sostenidas en el tiempo. Inspecciones recientes detectaron irregularidades en el funcionamiento del predio, como la disposición de residuos sin cobertura adecuada y la posible generación de lixiviados, líquidos contaminantes que pueden afectar el suelo y las napas de agua. Estas condiciones no solo incumplen normas ambientales básicas, sino que también representan un riesgo concreto para la salud pública.

A esto se suma una realidad social cada vez más visible y preocupante. En los últimos meses, distintas voces alertaron sobre el aumento de personas que se acercan al basural en busca de alimentos o materiales reciclables para subsistir. Esta escena, que se repite en distintos puntos del país en contextos de crisis, en Río Gallegos adquiere una dimensión particularmente sensible porque se combina con un entorno degradado y sin control. El vaciadero deja de ser únicamente un problema ambiental para convertirse también en un indicador de la situación económica y social de una parte de la población.

El conflicto también tiene un trasfondo institucional. Desde el municipio han señalado en más de una oportunidad que la responsabilidad es compartida con la provincia, en el marco de políticas de gestión de residuos que deberían articularse de manera conjunta. Sin embargo, desde el área ambiental provincial sostienen que la responsabilidad primaria recae en la administración municipal, que es la encargada de gestionar los residuos urbanos y erradicar los basurales a cielo abierto dentro de su jurisdicción. Esta tensión entre niveles del Estado terminó derivando en la intervención de la Justicia, que ahora busca ordenar la situación con una exigencia concreta y plazos definidos.

No es la primera vez que el vaciadero de Río Gallegos queda bajo la lupa judicial o administrativa, pero sí es una de las instancias más contundentes en cuanto a la exigencia de resultados. El plazo de 20 días aparece como un punto de inflexión: un tiempo breve que obliga a acelerar decisiones, definir estrategias y, sobre todo, asumir responsabilidades. En juego no solo está la posibilidad de evitar sanciones, sino también la credibilidad institucional frente a una demanda que lleva años acumulando reclamos.

La expectativa ahora está puesta en el contenido del plan que deberá presentar el municipio. La clave no será únicamente cumplir con el requisito formal, sino demostrar que existe una hoja de ruta concreta para transformar el sistema de gestión de residuos. Esto implica no solo intervenir sobre el vaciadero actual, sino también pensar soluciones de fondo, como la implementación de plantas de tratamiento, políticas de reciclado, reducción de residuos y educación ambiental.

Mientras tanto, los vecinos que impulsaron el amparo observan con cautela. Para ellos, el fallo representa un avance, pero también una instancia que deberá ser controlada para evitar que quede en una promesa más. La experiencia indica que este tipo de problemáticas requieren continuidad, inversión y decisión política, tres factores que muchas veces no logran sostenerse en el tiempo.

Lo cierto es que el basural de Río Gallegos dejó de ser un problema periférico para convertirse en un tema central de la agenda pública. La intervención judicial obliga a actuar y fija un límite claro: el tiempo de las explicaciones se agotó. Ahora comienza una cuenta regresiva en la que el municipio deberá demostrar si está en condiciones de dar una respuesta a una de las problemáticas más sensibles que enfrenta la ciudad.

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