El viernes de Semana Santa no se editaban los diarios en Argentina, así que, el jueves, los trabajadores de El Diario del Neuquén habían organizado un encuentro, en el Club del Banco Provincia, a la vera del río Limay, para pasarlo bien con la familia. En pleno picado de fútbol, que enfrentaba a “los del taller” con “los de la Redacción”, llegó uno corriendo y avisó: “¡Hay quilombo! ¡Un levantamiento militar!”.
Era 1987, no había celulares, ni Internet, las comunicaciones eran un poco más toscas que ahora. Los del picado se reunieron en medio de la canchita, y, tras una breve deliberación, acordaron que había que ir al diario, trabajar pese al feriado, pues era momento de cumplir con la información, antes que nada.
Se puso en marcha el operativo, y, en pocos minutos, el edificio de Fotheringham 445 volvió a llenarse de laburantes, que empezaron a procesar rápidamente lo que se sabía -era el mediodía del jueves- del alzamiento carapintada liderado por Aldo Rico.
El gobernador de la provincia era Felipe Sapag, y estaba en Buenos Aires. Horacio Forni, el vicegobernador de entonces, estaba también de viaje, en Bahía Blanca. Al frente del gobierno y de la apremiante situación institucional estuvo Horacio Nicolás, el vicepresidente primero de la Legislatura.
El diputado fue quien recibió la urgente llamada de la secretaria de la Gobernación, Leonor Cisneros, quien lo comunicó con Sapag. “Abra las puertas de la Casa de Gobierno al pueblo”, le dijo, palabras más, palabras menos, el gobernador a Nicolás. La actitud y las instrucciones fueron claras: todas las instituciones, desde el gobierno provincial hasta el más chico de los municipios, las escuelas, la Legislatura, debían estar abiertas ante la amenaza a la joven democracia por el alzamiento contra el gobierno de Raúl Alfonsín.
La gente comenzó a movilizarse, en una serie de movidas callejeras e institucionales que concluyeron el domingo de Pascua, con una manifestación de más de 40 mil personas en las calles neuquinas. Se formó rápidamente una mesa coordinadora política de unidad ante el alzamiento militar.
Forni volvió de Bahía Blanca. Felipe Sapag retornó de Buenos Aires. El obispo Jaime De Nevares participó activamente de las reuniones, con los dirigentes políticos de aquella época, Eduardo Correa, del socialismo, Oscar Montórfano y Oscar Massei, de la organización escindida del peronismo denominada Jotadepé; la dirigente docente Marta Maffei, quien después liderara la Carpa Blanca; Oscar Smoljan y otros radicales, el peronismo y por supuesto, el MPN.
Ese viernes de la semana santa de 1987, hubo diarios, información abundante, radios transmitiendo en vivo las 24 horas. Neuquén ardió de convicción democrática, de participación popular, sin saber, como no se sabía en Argentina, que aquel “la casa está en orden” lanzado por el presidente Alfonsín ante una multitud, terminaría con las leyes de Obediencia Debida, Punto Final, las amnistías, y una serie de concesiones que hizo la democracia para procurar sostenerse en aquellos primeros años difíciles.
El Diario del Neuquén cerró en 1991. El año siguiente retomó actividades un diario, en el mismo edificio, llamado La Mañana del Sur. Derivó después, ya en este siglo, en La Mañana Neuquén (LMN). Hace tiempo que pasan las semanas santas sin alteraciones o promesas de golpe de Estado. Sin embargo, las alertas están vigentes, las alarmas preparadas. La democracia necesita, siempre, ser defendida.