Este día, 26 de marzo, quedará en la historia, entre otras cosas, por la mujer de 25 años que decidió morir, y lo consiguió. Legalmente. En unos 15 minutos de tranquila sedación. Una muerte química, que ella buscó, batalló judicialmente, y, finalmente, bajo la figura de eutanasia, se hizo concreta en Barcelona, España.
Se llamaba Noelia Castillo Ramos, y estaba parapléjica. Decía que no aguantaba dolores físicos y sufrimientos síquicos. Había intentado suicidarse después de padecer una violación múltiple, un hecho cruel, un ataque.
Se arrojó al vacío desde un quinto piso, y el golpe afectó su médula de manera irreversible. Noelia empezó entonces a pedir la muerte que ella misma no había podido darse. Su padre no quería, y fue a los tribunales. Ella ganó, y hoy ese resumen de las contradicciones humanas tuvo su fin.
Noelia estaba en silla de ruedas. El padre decía que sus lesiones no representaban para ella dolores insufribles, por lo que no entraba en los supuestos previstos por la ley de eutanasia. Sin embargo, las resoluciones judiciales le dieron la razón a la mujer, con el aval de los técnicos de la Generalitat de Cataluña, que dieron el visto bueno a la muerte asistida.
La última petición para impedir la aplicación de la eutanasia a Noelia la presentó el padre hoy mismo, y los jueces volvieron a rechazarla apenas un rato antes que llegara la hora, las 18 de España, las 14 de Argentina.
“No estamos de acuerdo con ella, pero estamos con ella. Yo quiero que ella viva, pero voy a respetarlo todo”, sostuvo su madre.
Hoy, sola en una habitación, Noelia recibió por vía intravenosa un fármaco tranquilizante, que se llama midazolam. Después, se le aplicó un gramo de propofol, que es un anestésico. Finalmente, se le inyectó curare, un bloqueante neuromuscular. “La duermen profundamente y, dormida, deja de respirar”, explicaban los médicos.
Desde 2021, que rige la Ley de Eutanasia en España, ha habido más de 2.800 peticiones para la llamada “muerte digna”.