Navanethem “Navi” Pillay construyó una carrera dedicada a enfrentar la discriminación y llevar ante la Justicia algunos de los crímenes más graves de la historia reciente. Nacida en una familia humilde de Sudáfrica, desafió las barreras raciales del apartheid, participó en tribunales internacionales y se convirtió en una de las voces más reconocidas en la defensa de los derechos humanos. Este viernes 9 de octubre, su trayectoria fue distinguida con el Premio Nobel de la Paz 2026.
Pillay nació el 23 de septiembre de 1941 en Durban, en la entonces provincia sudafricana de Natal. Es hija de descendientes de inmigrantes tamiles que habían llegado al país a fines del siglo XIX para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar. Su padre era chofer de autobús y su madre insistió en que sus ocho hijos accedieran a la educación, pese a las restricciones que enfrentaba la población no blanca. Ese impulso fue determinante para una carrera que terminaría llevándola a los principales organismos judiciales internacionales.
Una abogada contra el apartheid
Después de graduarse en Derecho en la Universidad de Natal, Pillay comenzó a ejercer en un contexto marcado por la segregación racial. En 1967, con apenas 26 años, abrió su propio estudio jurídico y se convirtió en la primera mujer no blanca en hacerlo en esa provincia sudafricana.
La decisión llegó después de que distintos bufetes se negaran a contratarla por motivos raciales. “Ningún bufete me contrataría porque decían que no podían tener empleados blancos recibiendo instrucciones de una persona de color”, recordó sobre aquellos años.
Durante casi tres décadas defendió a activistas contrarios al apartheid y a integrantes de organizaciones políticas y sociales perseguidos por el régimen. También denunció las condiciones de detención y las torturas contra presos políticos.
En 1971 consiguió una medida judicial para impedir que la Policía utilizara métodos ilegales de interrogatorio contra su esposo, que había sido detenido. Dos años después logró que los presos políticos recluidos en la isla de Robben, entre ellos Nelson Mandela, tuvieran derecho a recibir asistencia legal.
Su formación continuó en Estados Unidos: obtuvo una maestría en Derecho en la Universidad de Harvard en 1981 y, en 1988, completó un doctorado en ciencias jurídicas, un logro inédito para una sudafricana en esa facultad.
Con el fin del apartheid, su carrera dio un nuevo salto. En 1995, el presidente Nelson Mandela la nombró jueza de la Corte Suprema de Sudáfrica, donde se convirtió en la primera mujer no blanca en integrar ese tribunal. Ese mismo año fue elegida para integrar el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, creado para juzgar a los responsables del genocidio de 1994, en el que fueron asesinadas alrededor de 800.000 personas, en su mayoría tutsis. Pillay ejerció durante ocho años y fue presidenta del organismo durante los últimos cuatro.
El fallo que cambió la historia de la violencia sexual en las guerras
Con el fin del apartheid, su carrera dio un nuevo salto. En 1995, el presidente Nelson Mandela la nombró jueza de la Corte Suprema de Sudáfrica, donde se convirtió en la primera mujer no blanca en integrar ese tribunal.
Ese mismo año fue elegida para integrar el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, creado para juzgar a los responsables del genocidio de 1994, en el que fueron asesinadas alrededor de 800.000 personas, en su mayoría tutsis. Pillay ejerció durante ocho años y fue presidenta del organismo durante los últimos cuatro.
Uno de los hitos de su carrera llegó en 1998, con la sentencia contra Jean-Paul Akayesu, exalcalde ruandés condenado por su responsabilidad en crímenes cometidos durante el genocidio. El fallo reconoció que la violación y otras formas de violencia sexual podían constituir actos de genocidio y crímenes de lesa humanidad.
La decisión representó un avance fundamental para el reconocimiento de la violencia sexual como una herramienta utilizada para destruir comunidades y perseguir a determinados grupos.
“Desde tiempos inmemoriales, la violación ha sido considerada un botín de guerra. Ahora es un crimen de guerra. Ya no es un trofeo”, expresó Pillay tras conocerse el veredicto.
Después de graduarse en Derecho en la Universidad de Natal, Pillay comenzó a ejercer en un contexto marcado por la segregación racial. En 1967, con apenas 26 años, abrió su propio estudio jurídico y se convirtió en la primera mujer no blanca en hacerlo en esa provincia sudafricana.
De los tribunales internacionales a las Naciones Unidas
En 2003, Pillay fue elegida jueza de la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, encargada de juzgar a personas acusadas de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
Cinco años después asumió como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, función que desempeñó hasta 2014. Desde ese puesto intervino en debates y denuncias sobre conflictos y abusos en Siria, Sri Lanka y los territorios palestinos, además de promover la igualdad de género y los derechos de las personas LGBTQ+.
Su compromiso también se extendió al trabajo de organizaciones civiles. En 1992 fue cofundadora de Equality Now, una entidad internacional dedicada a combatir la discriminación y la violencia contra las mujeres.
Gaza y una trayectoria que continúa
Lejos de retirarse de la actividad pública, Pillay continuó participando en investigaciones y procesos vinculados con graves violaciones de los derechos humanos.
Desde 2019 se desempeña como jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia en el caso presentado por Gambia contra Myanmar por el presunto genocidio de la minoría rohinyá. También presidió una comisión internacional independiente de investigación de la ONU sobre los territorios palestinos ocupados, que en 2025 concluyó que Israel había cometido genocidio en Gaza, una conclusión que Israel rechaza.
A lo largo de su trayectoria recibió diversos reconocimientos por su trabajo en favor de la justicia y la igualdad. En 2025 obtuvo el Premio de la Paz de Sídney y, en 2026, el Premio Olof Palme, antes de que el Comité Noruego del Nobel anunciara la distinción de la Paz.
El Nobel reconoce así una carrera que comenzó frente a las barreras raciales de Sudáfrica y se extendió hasta los escenarios internacionales donde se juzgan algunos de los crímenes más graves. Para Pillay, la defensa de los derechos humanos no quedó limitada a los tribunales: fue una tarea sostenida durante décadas, incluso frente a los poderes políticos y las resistencias que buscan impedir que las víctimas obtengan justicia.
La ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz está prevista para el 10 de diciembre en Oslo, Noruega.