En verano el mar parece un refugio. Una promesa de alivio, de risa, de descanso. El sonido de las olas nos tranquiliza, el agua nos abraza y por unos minutos creemos que nada malo puede pasar. Pero el océano, incluso en sus días más calmos, guarda fuerzas invisibles que no siempre vemos… y que a veces llegan sin aviso.